¡Qué discurso el de Cristina!

No importa si es  peronista, progre, socialdemócrata, socialista, liberal, troska, demócrata, populista o una simple demagoga: es categórica, es irrefutable, es verídica; es indispensable.
No existirían ni el oficialismo ni la oposición sin ella.
Sí, ella, esa mina que es un misterio, que  quién sabe con quién coge, que tiene una vida familiar como la tuya, que duerme y amanece  igual que vos, que se viste y se desviste y se mira y se pinta ante el espejo como otras mujeres; que lee los diarios y mira TV como nosotros, que está atenta a la novedad; que goza y sufre con  Diego y los éxitos y fracasos de nuestros representantes ante el mundo.
Cristina es una fatalidad para los argentinos de cualquier signo.
Puede hablar una hora sin papel ni apuntador y no dejar de enhebrar unos con otros conceptos, ideas, cuestiones, críticas y autocríticas en el contexto de la realidad, la tuya, la nuestra, la del país y del mundo, de gran trascendencia; abomina lo banal. Talento y ángel, dominio de la palabra y arte. ¿Experiencia? Sí, mucha. Pero, es innegable, muy bien aplicada.
La odiás o la amás; pero jamás la ignorarás.
Espontánea , sin macanear ni volar a la abstracción el surrealismo o lo imaginario;  sin lugar al disimulo ni la exageración, la hipocresía o la mentira, sabe apelar al sentido común del momento en lenguaje y modismos de la hora, cuando no los crea. Habla con la verdad popular, lisa y llana en el discurso, en el lenguaje y el gesto y una dialéctica para cualquiera, para quien quiera escucharla, para los que no se tapan los oídos, para el hombre y la mujer del común, para que la entienda el obrero, el estudiante, el empresario, el ama de casa y el académico; pero también el adversario, el enemigo, el que la niega o la desprecia.
Si algo no puede imputársele es que sea difícil o artificial.
No hay nada igual en la Argentina.  Habla para todos, para cualquiera, para el especialista y para el común, para la tropa y para el caudillo y también para  el que la escucha desde preconceptos negativos.
En la Argentina de hoy, tan desangelada y vacía de liderazgos Cristina es genial.
Nadie tiene semejante capacidad de comunicar, de romper dogmas, de entusiasmar, de emocionar, de generar odio y/o amor.
Y encima es mujer.
Pero Dios nos libre de los cristinistas.
Ernesto Jauretche
Revista La Ciudad | ¿Qué esperanzas nos quedan?