ES LEY

Con ventaja amplia y una inclinación de indecisos hacia la legalización, el Senado cerró un ciclo que empezó en 2018. 
Aunque se esperaba una diferencia muy ajustada, el Senado transformó en ley el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) por una amplia diferencia: 38 votos afirmativos, 29 negativos, una abstención, tres ausentes y un senador en licencia. En una histórica sesión de poco más de doce horas, trató el tema por segunda vez en dos años y esta vez revirtió el rechazo de 2018, con un intenso debate que dejó muchas sorpresas y terminó definiendo la paridad partir del voto positivo de un puñado de indecisos de distintas fuerzas políticas que preservaron su punto de vista hasta último momento.

Luego de la sanción del aborto legal, y en un debate que no llegó a la media hora, el Senado también aprobó la ley de los mil días, un plan de acompañamiento por parte del Estado a mujeres y personas gestantes sin recursos para afrontar embarazos y los primeros años de vida de sus hijos e hijas. Este proyecto había sido enviado en paquete por el Gobierno, como muestra de un plan integral de ayuda tanto a quienes decidieran interrumpir su embarazo como a quienes optaran por continuarlo.

En el arranque de la sesión, la senadora Norma Durango confirmó la voluntad del Ejecutivo de incluir los cambios que pedía el rionegrino Alberto Weretilneck y vetar parcialmente dos incisos de la ley para limitar a «riesgo de vida o de salud» los abortos más allá de la semana 14, quitando el término «integral» que acompañaba esa definición. «Hemos promovido, en consulta con el Poder Ejecutivo, que al momento de la promulgación se observe parcialmente el proyecto, en caso de ser sancionado», dijo para asegurar las correcciones en la reglamentación. El mensaje en boca de Durango en el inicio del debate confirmó el nivel de involucramiento de la Casa Rosada para lograr la sanción. De hecho, implicó llamados y reuniones promovidas por el propio presidente Alberto Fernández para convencer a algunas voluntades celestes del Frente de Todos.

También influyó la arquitectura de la iniciativa, entre la IVE y el proyecto «compensador» de los mil días. Ambos fueron aprobados hace 17 días en Diputados y su tratamiento conjunto buscó contener parte del lobby de las iglesias católicas y evangélicas contra la primera iniciativa. Esos componentes limitaron el margen de acción del sector antiabortista, además de algunas ausencias, como la del riojano Carlos Menem, que está hospitalizado en la Ciudad de Buenos Aires, y del tucumano José Alperovich, de licencia por una investigación judicial, donde está acusado de violar a su sobrina y por la cual fue citado a indagatoria este martes.

 

A diferencia de 2018, cuando las senadoras y senadores antiabortistas se mostraban confiadas de ponerle freno, esta vez la actitud fue diferente. El cambio lo aportó la tucumana Silvia Elías de Pérez, una de las principales referentes de ese sector que así como lo hizo hace dos años, ahora también invirtió sus mayores esfuerzos. Sin embargo, poco antes del inicio del debate ofreció una conferencia de prensa para repudiar el lobby del Gobierno. «Estamos a minutos de empezar a debatir y tenemos un final absolutamente abierto, la votación depende de que los senadores sigan sus convicciones, que han reiterado muchas veces a lo largo de este tiempo, o de que cedan a las presiones que nunca antes hemos visto en la persona del Presidente», se quejó la senadora por Tucumán.

Elías de Pérez y la última cruzada
La primera en confirmar su cambio de posición también vino de Río Negro: fue la senadora Silvina García Larraburu del bloque oficialista que conduce el «celeste», José Mayans. Había votado en contra hace dos años y ahora acompañó la iniciativa. Sus palabras fueron anticipatorias de los giros que luego se confirmaron con el correr de las horas, en un debate que no subió de tono y que transcurrió en un Congreso rodeado por una masiva movilización a favor de la legalización.

Poco después, la cordobesa Laura Rodríguez Machado, del PRO, confirmó su apoyo y ratificó la decisión que había adoptado en 2018. Así despejó las dudas sobre una posible abstención a partir del pedido del expresidente Mauricio Macri, a quien le adjudicaron presiones durante las últimas semanas a distintos senadores y senadoras para que no permitieron que el Gobierno se anotara un logro histórico. “¿Existen senadoras que voten esta ley y que defiendan las dos vidas? Si, yo soy una de ellas. Defiendo las dos vidas y justamente por eso creo que lo importante es que sepamos las causas de lo que está pasando, por qué se sigue abortando de este forma”, sostuvo la principal dirigente del macrismo mediterráneo.

 

La definición de Rodríguez Machado contrastó con otras voces de Juntos por el Cambio, como el caso del chaqueño Víctor Zimmermann. «El valor más preciado que tiene cualquier ser humano, independientemente de su creencia religiosa, es la vida. La vida no se debate, se defiende», aseguró, mientras que el jefe del bloque PRO, el misionero Humberto Schiavoni confirmó su apoyo. «Esto es producto de la lucha de miles y miles de mujeres que en los últimos años, décadas, vivieron bregando y denunciando los atropellos y las injusticias a las que se vieron sometidas».

La oveja celeste
En esa misma línea, la neuquina Lucila Crexell, que también integra JxC, despejó los misterios sobre una posible abstención, como hiciera hace dos años. «No me es indiferente el drama del aborto clandestino que provoca muertes y criminalización de mujeres en situación de vulnerabilidad, creo que esta ley no le cambia en nada a los que se oponen, pues será una ley a la que no tendrán que apelar», disparó la legisladora.

Mientras se fueron sucediendo los discursos fue creciendo la posibilidad de que el proyecto fuera ley. La entrerriana Stella Maris Olalla, de la UCR, también se definió a favor pero mantuvo su posición en reserva hasta ese momento. «Mantener la prohibición no eliminará el sistema clandestino, que está sobradamente demostrado que existe, no habrá mejoras en el sistema de salud si seguimos despreciando o no llevando adelante la educación sexual integral», remarcó la senadora.

La tendencia camino a los 37 votos se incrementó con el fin de otro misterio: el salteño Sergio Leavy, hasta hace algunas semanas activo militante celeste, se amparó en el impacto del proyecto de los mil días para justificar su voto positivo. «Hoy tenemos que poner blanco sobre negro. Si le vamos a dar a esas mujeres -que ya han decidido que lo van a hacer- un sistema de salud o vamos a dejar que lo hagan en un baño, con un amiga o con herramientas que no corresponden», dijo.

Por Claudio Mardones

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