A dos años y medio del inicio de la gestión de Javier Milei, los principales indicadores cambiarios, monetarios y financieros muestran una paradoja cada vez más evidente: mientras el Gobierno exhibe estabilidad cambiaria, desaceleración inflacionaria y superávit fiscal como pilares de su programa económico, los mecanismos que sostienen ese esquema dependen crecientemente del endeudamiento externo, la apreciación cambiaria y una acelerada fragilidad social.
El último informe de coyuntura elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) ofrece una radiografía detallada de ese proceso. Los datos revelan que detrás de la estabilidad del dólar existe una compleja ingeniería financiera basada en préstamos internacionales, emisión de deuda y una continua salida de divisas del sector privado.
Durante los primeros meses de 2026 la cuenta corriente cambiaria registró un superávit de apenas 211 millones de dólares, pese al extraordinario saldo positivo generado por las exportaciones de bienes. El problema es que ese ingreso de divisas es absorbido por otros factores: pagos de intereses de deuda por más de 4.200 millones de dólares, gastos en turismo y consumos con tarjeta en el exterior por 3.276 millones y remisión de utilidades al extranjero por 1.357 millones.
En otras palabras, el superávit comercial ya no alcanza para financiar el conjunto de las necesidades externas de la economía.
El regreso del endeudamiento como sostén del esquema
La cuenta financiera aparece entonces como la principal fuente de oxígeno del programa económico.
Según el informe, el ingreso neto de capitales en 2026 fue de 2.138 millones de dólares, impulsado fundamentalmente por deuda privada por 7.642 millones y financiamiento proveniente del FMI y otros organismos internacionales por más de 2.000 millones.
Sin embargo, esos recursos tampoco permanecen en el sistema. Casi la totalidad termina financiando la formación de activos externos, es decir, la compra de dólares por parte de residentes locales.
Entre enero y abril de este año la fuga legal de divisas acumuló 9.006 millones de dólares. Desde la unificación cambiaria implementada por el Gobierno, la salida de capitales ya supera los 41.800 millones de dólares.
El fenómeno presenta además una particularidad: no son las empresas las principales compradoras de dólares, sino las personas físicas.
Desde diciembre de 2023 las familias argentinas acumularon compras netas de divisas por más de 45.500 millones de dólares, reflejando una persistente desconfianza sobre la sostenibilidad futura del esquema cambiario.
Más de 100 mil millones de dólares para sostener la estabilidad
El informe realiza una reconstrucción de todas las fuentes extraordinarias de financiamiento utilizadas por el Gobierno desde el inicio de la gestión.
La cifra resulta impactante: entre blanqueo de capitales, desembolsos del FMI, préstamos de organismos multilaterales, colocaciones de deuda, operaciones REPO, reducción temporal de retenciones y otras medidas excepcionales, el Ejecutivo movilizó recursos por más de 100.000 millones de dólares.
La secuencia muestra un patrón repetido: cada vez que el esquema enfrenta tensiones cambiarias aparece una nueva fuente extraordinaria de financiamiento.
Primero fue la devaluación inicial, luego el dólar blend, posteriormente el blanqueo de capitales, los desembolsos del FMI, las colocaciones de deuda, los préstamos internacionales y recientemente nuevas emisiones de títulos públicos y desembolsos del Banco Mundial.
La pregunta que comienza a instalarse entre economistas de distintas corrientes es cuánto tiempo podrá mantenerse esta dinámica sin generar nuevas vulnerabilidades.
El aporte decisivo de la energía
El principal sostén genuino de la balanza comercial sigue siendo el sector energético.
Durante abril el superávit energético alcanzó 1.402 millones de dólares y explicó más de la mitad del saldo comercial total del país.
Las exportaciones energéticas crecieron impulsadas principalmente por petróleo crudo y combustibles, mientras las importaciones se redujeron significativamente.
El aporte estructural del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner y el desarrollo de Vaca Muerta continúan transformando la ecuación energética argentina, convirtiendo a este sector en uno de los pocos motores sólidos de generación de divisas.
Sin embargo, incluso ese desempeño favorable no alcanza para compensar la creciente salida de dólares por atesoramiento privado, turismo e intereses de deuda.
El FMI flexibiliza metas ante el incumplimiento oficial
Otro dato relevante del informe es el reiterado incumplimiento de las metas de reservas acordadas con el Fondo Monetario Internacional.
Según CEPA, el Gobierno no logró alcanzar los objetivos comprometidos en tres oportunidades consecutivas.
La situación obligó al organismo a otorgar sucesivos «waivers» y posteriormente a flexibilizar las metas establecidas.
Incluso se modificaron criterios de valuación de reservas para facilitar el cumplimiento formal de los compromisos asumidos.
Aunque las reservas netas lograron volver a terreno positivo durante mayo de 2026, gran parte de esa mejora está asociada al endeudamiento externo y no a una acumulación genuina derivada de mayores exportaciones o inversiones productivas.
La otra cara del modelo: consumo débil y crédito estancado
Mientras el Gobierno celebra la estabilización macroeconómica, los indicadores monetarios muestran señales menos alentadoras sobre la economía real.
La demanda de dinero continúa cayendo y el crédito privado exhibe un marcado estancamiento.
Los préstamos personales, las financiaciones con tarjeta y diversas líneas destinadas al consumo presentan una evolución prácticamente plana en términos reales durante los últimos meses.
La caída de la demanda monetaria refleja una actividad económica que no logra consolidar una recuperación robusta en los sectores con mayor capacidad de generación de empleo y encadenamientos productivos.
En paralelo, el Tesoro debe seguir absorbiendo liquidez mediante nuevas colocaciones de deuda para evitar presiones sobre el mercado cambiario.
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Récord de endeudamiento y mora de las familias
Probablemente el dato social más preocupante del informe sea el fuerte deterioro de la capacidad de pago de los hogares argentinos.
La morosidad en préstamos personales alcanzó el 14,2%, mientras que en tarjetas de crédito llegó al 10,6%.
Ambos indicadores prácticamente se triplicaron desde fines de 2024.
Más preocupante aún resulta la comparación histórica.
La irregularidad financiera de las familias alcanzó niveles que sólo encuentran antecedentes superiores durante la crisis de 2001.
La mora en el sistema financiero se ubicó en 12%, mientras que en el sector no financiero llegó al 31,5%, superando incluso los registros observados durante la pandemia.
Detrás de estos números aparece una realidad cada vez más extendida: millones de trabajadores formales, jubilados y sectores medios recurren al crédito para sostener consumos básicos, pero luego encuentran crecientes dificultades para afrontar los pagos.
El endeudamiento se transforma así en una herramienta de supervivencia y no de expansión económica.
Ajuste permanente y tensiones federales
En materia fiscal, el Gobierno profundizó durante mayo una nueva ronda de recortes presupuestarios.
La Decisión Administrativa 20/2026 redujo gastos por más de 2,4 billones de pesos y mejoró artificialmente el resultado financiero en más de 3 billones.
Las provincias figuran entre las principales afectadas por la poda de recursos.
Los recortes impactan especialmente en partidas vinculadas a infraestructura, salud y educación, alimentando tensiones crecientes entre la Casa Rosada y los gobernadores.
La consolidación del superávit fiscal sigue siendo el principal objetivo de la administración Milei, pero a costa de una reducción histórica del gasto público, que permanece más de 23% por debajo de los niveles reales observados en 2023.
Un equilibrio sostenido por factores extraordinarios
La economía argentina exhibe hoy una estabilidad que contrasta con la volatilidad que caracterizó los años previos. Sin embargo, los datos sugieren que esa estabilidad descansa sobre pilares todavía frágiles.
El superávit comercial depende cada vez más del sector energético. Las reservas se fortalecen mediante endeudamiento. El dólar permanece estable gracias a sucesivas inyecciones de divisas externas. Y el ajuste fiscal convive con un deterioro creciente de la capacidad de pago de hogares y empresas.
La gran incógnita para los próximos meses será si el Gobierno logra transformar este esquema de estabilización financiera en un proceso sostenible de crecimiento productivo e inversión genuina, o si la economía continúa dependiendo de nuevos desembolsos, más deuda y mayores sacrificios sociales para sostener un equilibrio que todavía parece transitorio.
REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA
