Ocho meses consecutivos de retracción interanual, casi 24.500 empresas cerradas desde diciembre de 2023, 79.672 empleos fabriles destruidos y cuatro de cada diez máquinas industriales sin funcionar. Los datos del INDEC y de las cámaras sectoriales confirman que la desindustrialización no es una tendencia: es ya una política de Estado.
por ANTONIO MUÑIZ
La fábrica láctea La Suipachense, que reabrió sus puertas en junio de 2026 después de nueve meses de acampe de sus trabajadores no es una historia de resiliencia. Es el reverso de la moneda: la excepción que confirma la regla. En la Argentina del segundo semestre del gobierno de Javier Milei, el cierre definitivo de plantas industriales dejó de ser noticia de excepción para convertirse en el ruido de fondo de una economía que se está reconvirtiendo a contramano de cualquier modelo de desarrollo sustentable.

Los números son contundentes. El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) del INDEC registró en febrero de 2026 una caída del 8,7% respecto del mismo mes del año anterior, acumulando así ocho meses consecutivos de retracción interanual. En el bimestre enero-febrero, la contracción del sector alcanzó el 6% frente al mismo período de 2025. La producción industrial argentina retrocedió a niveles de la salida de la pandemia —invierno de 2020—, borrando de un plumazo el crecimiento acumulado entre 2021 y 2023.
Cuatro máquinas paradas de cada diez
El dato de utilización de la capacidad instalada completa el cuadro con una claridad brutal: en enero de 2026, el sector manufacturero operó al 53,6% de su potencial, por debajo del 55% registrado en el mismo mes de 2025. En febrero trepó apenas al 54,6%, pero aun así marcó una caída interanual del 4% frente al 58,6% de febrero de 2025. El promedio del año completo 2025 resultó ser el más bajo de los últimos diez años, exceptuando el año de la pandemia: 57,9%. Cuatro de cada diez máquinas disponibles en las plantas argentinas estuvieron inactivas durante doce meses.
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La geografía del desastre tampoco es sectorial ni localizada. El deterioro alcanza a 14 de 16 ramas industriales en producción y a 18 de 19 en empleo. Lo que creció fue únicamente aquello que no requiere política industrial para expandirse: la refinación de petróleo lidera el uso de capacidad instalada con 88,9%, seguida por papel y cartón con 65,9% y sustancias químicas con 64,4%.

Los casos sectoriales ilustran la dimensión del derrumbe. La producción de maquinaria agropecuaria retrocedió 37,7% interanual en febrero: menos tractores, cosechadoras, pulverizadoras y sembradoras fabricadas en el país. Los aparatos de uso doméstico —heladeras, lavarropas— cayeron 38% por la competencia directa de importados. El sector automotriz operó en enero de 2026 con una utilización de capacidad del 24%, contra el 34,8% de un año antes, en línea con una caída del 30,4% en la producción de vehículos.
El tejido fabril, en extinción
Detrás de los porcentuales del INDEC hay personas, familias y comunidades. Entre noviembre de 2023 y principios de 2026, cerraron 24.437 empresas en Argentina, con una pérdida de cobertura del sistema de riesgos del trabajo para 327.813 trabajadores, según el Departamento de Legales de Industriales Pymes Argentinos (IPA). Solo en el período enero 2024-enero 2025, el Observatorio de la misma entidad contabilizó 12.259 cierres, reduciendo el total de unidades productivas del país a 499.371.

Daniel Rosato, presidente de IPA, no midió las palabras: los concursos preventivos crecieron 131,75% entre 2023 y 2025. Solo en la Ciudad de Buenos Aires se registraron 190 concursos preventivos en 2025, contra 82 en 2023. En el primer trimestre judicial de 2026, ya se abrieron 92 procesos concursales. «Si sumamos el año pasado con 2026, estamos por encima de la pandemia. Por eso esta es una alerta que le hacemos al presidente de la Nación y al ministro Caputo que intervengan por la crisis que se está generando en el sector industrial, que se traduce en desempleo», declaró el dirigente.
El 98,5% de las empresas afectadas son pymes. El diagnóstico de Rosato apunta al núcleo del problema: «Los productos importados en muchos casos no es que no podamos competir con todo, sino que están entrando a precio dumping». La apertura comercial sin política industrial equivale a llevar cuchillo a un tiroteo.
79.672 empleos industriales destruidos
La destrucción del tejido fabril tiene una correlación directa en el empleo formal. Desde el inicio de la actual gestión en diciembre de 2023, el sector manufacturero acumula una pérdida de 79.672 puestos de trabajo registrados. Solo en el período más reciente relevado, la industria manufacturera explicó prácticamente la totalidad de la caída del empleo formal: 7.336 de los 7.593 puestos netos perdidos en un mes correspondieron al sector fabril.
Un informe que sistematizó situaciones de conflictividad laboral entre enero de 2024 y febrero de 2026 registró al menos 717 casos de despidos, cierres, suspensiones, crisis empresarias y quiebras. El sector industrial concentró el 62,1% de los conflictos. Tras las elecciones de octubre de 2025, lejos de atenuarse, el promedio mensual de conflictos subió de 24 a 42 casos. El 71,5% de los afectados son empresas de capital nacional. La contracción no es una corrección de mercado: es la eliminación sistemática del empresariado industrial argentino.
Salarios por debajo de los precios: el consumo que no vuelve
La reactivación industrial requiere demanda. La demanda requiere salarios con poder de compra. Y ahí el círculo se cierra en falso. Los salarios del sector privado registrado crecieron 32,3% entre febrero de 2025 y febrero de 2026, mientras la inflación general fue de 36,2%. La brecha se amplía con los alimentos, cuyo índice avanzó 40,4%, y con la canasta básica alimentaria, que trepó 42,1%. En términos reales, los ingresos de los trabajadores formales acumularon en marzo de 2026 su séptima caída consecutiva, perdiendo cerca de 4,7% de poder de compra en siete meses. Un empleado público nacional perdió el equivalente a 7,7 salarios mensuales promedio desde noviembre de 2023.
El estancamiento salarial no es un accidente de la coyuntura: es el ancla deliberada del modelo. Las paritarias homologadas se pactaron por debajo de la inflación mensual. Las empresas proyectan aumentos del 26% para 2026 en un contexto donde la inflación proyectada ronda el 30,5% según el Relevamiento de Expectativas del Mercado del Banco Central. La caída del salario real comprime el consumo, que deprime la demanda industrial, que contrae la producción, que destruye el empleo, que hunde el salario. Un ciclo deflacionario clásico que la Argentina ya conoció en 1998-2001, con las consecuencias que la historia registra.

La anomalía regional
La dimensión del daño se revela con mayor nitidez en perspectiva comparada. Mientras la industria argentina retrocedía a niveles de pandemia, Chile crecía 5,2% en producción industrial, Perú 6,5%, Uruguay 3,7% y Brasil 3,5% durante el mismo período. México y Colombia, que sí registraron caídas, retrocedieron apenas 0,7% y 0,4% respectivamente. La divergencia no admite explicación por factores externos compartidos. Es una elección de política económica.
Lo que creció en Argentina durante este período fue lo que no necesita política industrial: Vaca Muerta, la minería a cielo abierto beneficiada por el RIGI —como el proyecto aprobado en Jujuy por más de 1.100 millones de dólares— y la preadjudicación de la Vía Navegable Troncal a Jan de Nul. El país exporta materias primas con creciente eficiencia. La sociedad que debería comprar lo que el país fabrica, en cambio, se empobrece.
Sin industria no hay futuro: el diagnóstico que el mercado no alcanza
«La Argentina abandonó un modelo basado en el empleo y el desarrollo para reconvertirse en un esquema extractivista y primario», diagnosticó Rosato en declaraciones recientes. El dirigente pymes señaló que apenas tres sectores concentran el ingreso fuerte de divisas al país, lo que garantiza cierta estabilidad macroeconómica y financiera, pero al mismo tiempo abre la puerta a un proceso de desarticulación productiva que afecta a miles de fábricas, comercios y servicios.
La estructura descripta no es nueva en la historia argentina. Es la versión más acabada —y más acelerada— del patrón de acumulación primario-exportador que Marcelo Diamand definió hace más de medio siglo al identificar la «estructura productiva desequilibrada» como la fuente de todos los ciclos de estrangulamiento externo del país. Lo que Diamand no pudo prever es que ese desequilibrio pudiera convertirse en objetivo deliberado de política económica.
.El balance a junio de 2026 es implacable: ocho meses de caída consecutiva, casi 25.000 empresas menos, cerca de 80.000 empleos industriales destruidos y cuatro de cada diez máquinas sin funcionar. No hay rebote cíclico que explique esto. Hay una política que produce exactamente lo que prometió producir.
