Durante años se afirmó que la Argentina debía apostar por la innovación, la ciencia y la tecnología para diversificar su matriz productiva. Sin embargo, el debate solía quedar atrapado en declaraciones generales y diagnósticos abstractos.
Luis Gotte
Hoy, gracias al Primer Censo Argentino de Empresas de Biotecnología y Nanotecnología (2023), se cuenta con evidencias concretas para comprender dónde estamos parados y cuáles son los desafíos reales.
De las 340 empresas biotecnológicas identificadas en el país, 95 se encuentran en la Provincia de Buenos Ayres, lo que representa el 28% del total nacional. Más aún, el 43% de las firmas fueron creadas después de 2015, reflejando un fuerte dinamismo emprendedor y tecnológico.
Estas empresas vienen generando empleo calificado, exportan, desarrollan conocimiento y compiten en mercados internacionales. En 2022 facturaron más de 1.300 millones de dólares y exportaron por encima de los 216 millones. Además, decenas de ellas poseen filiales en el exterior, demostrando una creciente capacidad de internacionalización.
Existe otro dato relevante: cerca del 77% de estas empresas son pequeñas y medianas firmas. Es decir, no se trata únicamente de grandes corporaciones, sino de un entramado productivo distribuido geográficamente, con fuerte capacidad de generación de empleo y arraigo local. Muchas de ellas desarrollan tecnologías vinculadas al agro, la salud animal, los bioinsumos, la genética vegetal y los biomateriales, sectores estratégicos para un posible futuro económico de la Provincia.
Sin embargo, el aspecto más importante del censo no es lo que muestra sobre las empresas, sino lo que revela acerca de la política.
Cuando se consulta a los empresarios sobre los principales obstáculos para innovar y crecer, las respuestas son reveladoras. Los problemas más mencionados no son la falta de talento ni la ausencia de capacidad científica. Tampoco aparecen como principal limitación los recursos naturales o el acceso a mercados.
Los obstáculos señalados son la burocracia, los largos tiempos de aprobación, las dificultades de financiamiento (una gran falencia del Banco Provincia) y la falta de marcos regulatorios adecuados.
En otras palabras, la principal barrera para el desarrollo de la bioeconomía bonaerense ya no es tecnológica. Es político.
La Provincia alberga uno de los ecosistemas biotecnológicos más importantes de América Hispana, pero continúa funcionando con estructuras normativas diseñadas para una economía muy diferente, propia del S.XX. Mientras las empresas avanzan hacia la bioeconomía, la IA, la genética aplicada y los biomateriales, gran parte de la dirigencia política sigue debatiendo con categorías propias de la Revolución Francesa.
La conclusión es lógica. Buenos Ayres no enfrenta un problema de potencial. Enfrenta un problema de actualización.
El censo nos demuestra que las capacidades ya existen. Existen las empresas, los científicos, los emprendedores, los mercados y las oportunidades. Lo que falta es construir un marco normativo capaz de acompañar esa transformación.
La verdadera discusión no es si la Provincia puede liderar la bioeconomía argentina. Los datos demuestran que ya la está liderando.
La pregunta es si la política será capaz de alcanzarla antes de que las oportunidades migren hacia Brasil o Chile más preparados para competir en el S.XXI.
Luis Gotte
La trinchera bonaerense
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