Cayó Bioceres y cruje el “fondo 500” de Santa Fe

La quiebra de la biotech rosarina puso bajo la lupa al SF500, el fideicomiso de hasta USD 300 millones lanzado por Perotti y sostenido por Pullaro para financiar startups científicas. El vehículo sigue activo, pero la caída de su principal emblema reabre dudas sobre gobernanza, inversores y futuro del plan.


El colapso de Bioceres S.A. reactivó preguntas sobre el SF500, el fideicomiso creado en la gestión de Omar Perotti y sostenido por Maximiliano Pullaro para financiar hasta 500 proyectos de base científica. Aunque el vehículo sigue operativo, la caída del “unicornio” que lo impulsó expone riesgos de gobernanza, reputación e inversión en un ecosistema golpeado por la crisis del agro.

La noticia cayó como una bomba en el ecosistema científico-tecnológico de Santa Fe: la Justicia de Rosario decretó la quiebra de Bioceres S.A., la firma madre del grupo biotecnológico que durante años funcionó como “caso insignia” del agtech argentino. La decisión judicial se conoció en medio de una guerra de accionistas y de una reestructuración societaria que terminó judicializada.

El derrumbe reavivó un interrogante que en Santa Fe ya circulaba en voz baja desde hace meses: ¿Qué impacto tendrá la crisis de Bioceres sobre el SF500, el fideicomiso que nació para movilizar hasta USD 300 millones con el objetivo de financiar 500 startups de base científico-tecnológica en biotecnología, agtech, alimentos y tecnologías aplicadas al agro?

El fondo que sobrevivió al cambio de signo político

El SF500 fue lanzado durante la administración de Perotti y tuvo una continuidad poco habitual: Pullaro lo sostuvo como política pública, manteniendo el vehículo de inversión y su esquema de funcionamiento pese a críticas del propio ecosistema. Esa continuidad, presentada como “acuerdo de Estado” para potenciar ciencia aplicada, hoy queda bajo la lupa por un motivo concreto: Bioceres fue un actor decisivo en la arquitectura y el relato del fondo.

Según reconstrucciones periodísticas, el instrumento involucró a la provincia junto con actores privados y del sector asegurador como fiduciante/inversor, y buscó replicar lógicas de venture capital en un entramado local apoyado en Rosario y su polo científico.

La señal del mercado: de “unicornio” a penny stock

La crisis no empezó en tribunales: el mercado ya venía marcando una caída pronunciada. Bioceres Crop Solutions, la compañía del grupo que cotiza en el Nasdaq, atravesó un desplome que la llevó por debajo del dólar, quedando en zona de “penny stock” y bajo riesgo de procesos de desliste si no revierte la situación, según advirtieron reportes económicos.

Ese deterioro bursátil se combinó con un cuadro financiero adverso: distintas coberturas señalaron patrimonio neto negativo y tensiones de deuda que terminaron acelerando definiciones judiciales y societarias.

Default, reestructuración societaria y pelea por el control

En el corazón del conflicto aparece una secuencia que mezcla deuda, poder corporativo y acusaciones cruzadas. Un punto de inflexión fue el default de pagarés bursátiles que no logró refinanciarse, lo que disparó alarmas y empujó a la empresa a un terreno de reestructuración y litigio.

En paralelo, escaló la disputa entre Federico Trucco (fundador y ex CEO) y el empresario uruguayo Juan Sartori, con denuncias de “vaciamiento” y responsabilidad por el deterioro económico, además de movimientos en directorio y asambleas que terminaron en la Justicia.

SF500: operativo, pero con el “riesgo reputacional” en primer plano

En el gobierno provincial evitaron adjudicar públicamente el impacto directo de la quiebra sobre el fideicomiso. Sin embargo, fuentes sectoriales citadas por medios de Santa Fe y Rosario afirman que el SF500 continúa operativo e incluso busca sumar inversores, aunque reconocen que la caída del principal promotor inevitablemente enfría expectativas y obliga a revisar la estrategia.

A ese ruido se suma una discusión previa: en el ambiente biotech circularon cuestionamientos a la conducción del fondo y a la dinámica de inversiones. En 2025, por ejemplo, se informó el ingreso de La Segunda Seguros como inversor y se describieron críticas internas sobre la gestión del vehículo.

El contexto macro: agro tensionado, financiamiento más caro y menos apetito por riesgo

El golpe llega en un momento delicado para la economía real vinculada al agro. Con rentabilidad presionada y un clima de negocios más áspero, el financiamiento para proyectos tecnológicos “pegados” a la cadena agroindustrial se vuelve más selectivo. En ese marco, un fondo como SF500 —pensado para escalar innovación en serie— queda atrapado entre dos necesidades: sostener el flujo de inversión y, a la vez, blindar su gobernanza para evitar que la crisis de un actor emblema arrastre confianza sobre todo el esquema.

Lo que está en juego

Más allá del caso Bioceres, lo que se discute en Santa Fe es si el SF500 puede convertirse en una herramienta institucionalmente robusta y relativamente independiente de los vaivenes de empresas “ancla”. El punto es sensible: el fondo nació para multiplicar startups, pero su legitimidad pública se apoyó en buena medida en una marca que hoy está asociada a quiebra, litigios y caída bursátil.

Si el vehículo logra sostener operaciones, transparentar criterios, mejorar mecanismos de control y ampliar la base de inversores, podría sobrevivir al golpe. Si no, el riesgo es que el “caso testigo” termine funcionando al revés: como evidencia de los límites del modelo cuando la política, el mercado y la gobernanza chocan en el mismo punto.

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA