El riesgo que frena la inversión no es el kirchnerismo: es Milei

Kicillof presentó la reedición de su libro «De Smith a Keynes» en la Feria del Libro junto a Giacomini, el ex socio intelectual de Milei. El debate económico desbordó la sala y apuntó al corazón del modelo libertario: el capital no invierte cuando no hay certeza de recuperarlo.


La sala Victoria Ocampo del Pabellón Blanco estaba llena antes de que comenzara el acto. Había gente de pie, y otra que no pudo entrar y se quedó afuera coreando el nombre del gobernador. La tarde del sábado en la Feria del Libro tenía la temperatura de un acto político, aunque el convocante se empeñó en aclarar al inicio que no había venido «de barricada». Axel Kicillof presentó la reedición de De Smith a Keynes. Siete lecciones de historia del pensamiento económico, publicado por Siglo XXI, y el debate que se desplegó en el estrado terminó tocando el nervio central de la disputa económica argentina: por qué los empresarios no invierten.

Presentación libro "De Smith a Keynes", Axel Kicillof

La respuesta del gobernador bonaerense fue directa. «Acá falta inversión. Los empresarios no invierten no por el ‘riesgo kuka’ sino por el ‘riesgo Milei’. El capital, para invertir, tiene que tener certeza que va a recuperar la inversión», afirmó ante un auditorio que respondió con aplausos. La frase desmonta el argumento más repetido por el oficialismo para explicar la parálisis inversora: que la falta de confianza en el sector privado se debe al «miedo a un retorno del kirchnerismo». Para Kicillof, la causalidad corre en sentido inverso.

Un panel que fue noticia antes de empezar

La convocatoria generó expectativa mucho antes de la presentación, fundamentalmente por la composición del panel. Kicillof compartió el escenario con Diego Giacomini, Alejandro Bercovich y Candelaria Botto, quien moderó el debate. Giacomini fue durante años uno de los aliados políticos, mediáticos e intelectuales más cercanos a Javier Milei, además de su único amigo personal. Ambos escribieron libros juntos, compartieron conferencias, entrevistas y construyeron una identidad pública asociada a las ideas libertarias y la Escuela Austríaca.

La presencia del economista liberal en el panel de un gobernador peronista no fue un accidente editorial. Kicillof recordó que se conocen «desde la secundaria», y Giacomini fue explícito sobre su distanciamiento del Presidente: «El Poder Ejecutivo nacional no la tiene, ni en términos teóricos ni en lo que hace todos los días en el campo de la política económica, tangible y fáctica, que está totalmente desalineada con lo que dice pregonar», afirmó el economista en declaraciones previas al evento. Y durante la presentación fue más lejos: «Milei manipula el dinero de manera artificial abaratando el dólar. Es un mecanismo desinflacionario erróneo para la escuela austríaca, que considera que el tipo de cambio está determinado por la economía real. Milei es la antítesis».

La escena resultó, cuanto menos, inusual: un liberal de escuela austríaca criticando al presidente libertario desde el mismo panel que un gobernador peronista. «Estoy en las antípodas de Axel en muchísimas cosas, pero nos respetamos», dijo Giacomini, mientras el público que al principio lo recibió con frialdad terminó aplaudiéndolo.

El argumento de Keynes contra la ortodoxia

El libro que se presentaba es, en rigor, una reedición de la tesis doctoral de Kicillof. Vuelve sobre John Maynard Keynes para discutir el «pensamiento único» neoliberal y recuperar una pregunta central para este tiempo: qué lugar tiene el Estado frente a las crisis, el mercado y la desigualdad.

El gobernador usó al economista británico como bisturí para diseccionar la política económica del gobierno nacional. «Si Keynes viera lo que está pasando hoy en la Argentina, se vuelve a morir», lanzó, y la frase marcó el tono del resto de la charla. Kicillof vinculó la actual crisis argentina con la Gran Depresión de la década de 1930 y apuntó contra el ministro de Economía Luis Caputo y el propio Milei como referentes de una ortodoxia que, a pesar de los incentivos otorgados al empresariado, no logra traccionar la inversión privada.

El razonamiento que desarrolló sigue una lógica keynesiana elemental, aunque no por eso menos vigente: «No invierten porque no saben lo que va a pasar». Y cuando la incertidumbre persiste, ninguna reducción impositiva ni régimen de incentivos como el RIGI alcanza para movilizar el capital. Apelando a esa matriz keynesiana, el gobernador defendió que el Estado debe intervenir a través de la obra pública y otros instrumentos cuando la inversión privada no genera suficiente demanda: «Cuando hay estancamiento prolongado que no se soluciona, entonces aparezca el Estado y ponga a funcionar la economía que está parada», sostuvo.

La sentencia que más aplausos cosechó fue la que anudó economía e identidad política: «Hay otra economía, que no es la oficial, de los intereses de la mayoría de los trabajadores. En la Argentina, eso se llama peronismo». 

Los datos que le dan sustento al diagnóstico

El argumento de Kicillof no flota en el vacío retórico. Los números de la inversión en Argentina acompañan su lectura. Según el INDEC, la formación bruta de capital fijo —indicador que mide la inversión empresarial— cayó un 2,8% en el cuarto trimestre de 2025, y en el balance anual acumuló una baja del 2,1%, en un año en que el PBI creció 4,4% impulsado principalmente por el consumo privado y las exportaciones.

La tendencia se aceleró en los primeros meses de 2026. El Índice de Inversión Bruta Interna Mensual elaborado por la consultora Orlando J. Ferreres informó en febrero una contracción del 11,4% interanual en volumen físico, acumulando así cuatro meses consecutivos con saldo negativo. En marzo, la inversión en maquinaria y equipo volvió a caer con fuerza, registrando una baja del 10,3% interanual, con retrocesos tanto en bienes de origen nacional como importados.

El cuadro industrial es, si cabe, más sombrío. La inversión bruta interna fija se ubica por debajo del nivel de 2022 en términos reales, con tendencia negativa en los últimos tres trimestres de 2025, mientras que el uso de la capacidad instalada industrial promedió 57,9% en 2025, el nivel más bajo de los últimos diez años —exceptuando 2020 por la pandemia—. Cuatro de cada diez máquinas disponibles en las plantas argentinas estuvieron inactivas durante el año pasado.

El mensaje político detrás del libro

La reedición de De Smith a Keynes aparece en un contexto de caída de la inversión y aumento del desempleo, y aunque Kicillof insistió en que la presentación no era un acto político, el público lo entendió de otra manera: al final, corearon su candidatura presidencial.

La Feria del Libro terminó funcionando como una especie de mini laboratorio político donde se vio algo nuevo: liberales dialogando con peronistas, economistas alejándose del mileísmo duro, y Kicillof intentando salir del molde clásico del kirchnerismo. La imagen de Giacomini y Kicillof en el mismo escenario —compañeros de secundaria, adversarios ideológicos, coincidentes en el diagnóstico sobre Milei— condensó en una sola fotografía la pregunta que empieza a circular en la política argentina con creciente insistencia: si el empresariado no invierte, si los liberales se distancian, si la economía crece por consumo pero no por capital, ¿Cuánto tiempo más sostiene el relato oficial que el problema es el «riesgo kirchnerista»?

«Tenemos en la Casa Rosada a un tipo que aparenta ser especialista, se la pasa recibiendo premios desconocidos, apela a su supuesto saber económico y a una política económica que no tiene explicación desde el punto de vista conceptual. Vimos algo cambiante y contradictorio en estos años desde el punto de vista de la política fiscal y monetaria, con un resultado destrozo», sentenció Kicillof ante la sala colmada. Afuera, los que no habían podido entrar seguían esperando.