Adorni resiste, pero la Casa Rosada no recupera el control de la agenda

Milei blindó a su jefe de Gabinete frente al gabinete en pleno, pero la causa judicial acumula nuevas evidencias cada día y las tensiones internas ya no se ocultan. La semana terminó sin el desagravio que el oficialismo buscaba.


La estrategia era simple: mostrar a un Adorni activo, sostenerlo públicamente, presentar la declaración jurada y pasar la página. Ninguna de esas cosas ocurrió de manera limpia. La semana que terminó este sábado dejó al gobierno de Javier Milei con el mismo problema del lunes, pero con más aristas: nuevas evidencias judiciales, una interna que salió del closet, un jefe de Gabinete que no logra desaparecer de las páginas policiales y un aparato comunicacional que sigue sin cubrir el vacío que él mismo generó al quedar atrapado en la causa.

Los hermanos Milei están aferrados a su decisión de sostener al ministro coordinador a pesar de las graves acusaciones por su patrimonio. La secretaria general tiene a los suyos abroquelados detrás del jefe de Gabinete, a la vez que en las distintas tribus se acrecientan las sospechas sobre los orígenes de la información que se conoce de la vida del funcionario desde que asumió en la Casa Rosada.

El blindaje con fisuras

El viernes fue el momento de mayor exposición de la semana. La reunión de Gabinete comenzó pasadas las 14 y se extendió durante más de dos horas y media. Milei abrió el encuentro con una exposición de alrededor de 30 minutos, en la que trazó un panorama general de la gestión y volvió a expresar un fuerte respaldo político a Adorni. La frase que trascendió fue terminante: «No lo voy a ejecutar para ganar la elección», dijo el Presidente.

El ritual del respaldo fue cuidadosamente escenificado. Como pocas veces, en el Gobierno no respetaron la regla del secreto total impuesta desde el inicio de la gestión por Karina Milei. Dejaron saber varios detalles que buscaron favorecer el momento político de Adorni: que la reunión duró dos horas y media, que el Presidente habló media hora, que dio «un panorama general» y luego otorgó «un fuerte respaldo» al jefe de Gabinete. Contaron que «tomó el mando» Adorni y que expuso sobre el plan de gestión 2026/27, otra señal de que se le garantiza la continuidad.

Pero el cónclave tuvo una presencia incómoda que ninguna filtración calculada pudo disimular: la reunión tuvo asistencia perfecta. Estuvieron Milei, Karina, Adorni, Bullrich y Menem. También el asesor Santiago Caputo, Luis «Toto» Caputo, Alejandra Monteoliva, Carlos Presti, Diego Santilli, Juan Bautista Mahiques, Federico Sturzenegger, Pablo Quirno y Mario Lugones.

La presencia de Patricia Bullrich fue, precisamente, la que cargó de tensión a un encuentro diseñado para transmitir unidad. La senadora y jefa del bloque oficialista en la Cámara alta había roto el protocolo días antes al exigir públicamente la presentación inmediata de la declaración jurada del jefe de Gabinete. «Desde mi punto de vista, la presentación tiene que ser de inmediato. Ya está abierta la posibilidad de presentarla. ¿Para qué vas a esperar si la podés presentar ahora?», había afirmado la senadora. La frase sonó a presión, no a apoyo, y en el karinismo la leyeron exactamente así.

El avance de Bullrich sobre el caso Adorni también reactualizó una desconfianza que Karina Milei arrastra desde el verano, cuando la senadora hizo alarde en público de haber sido la principal artífice de la aprobación de la reforma laboral en el Senado. Desde entonces, el vínculo quedó atravesado por recelos que nunca terminaron de disiparse.

Adorni

Adorni activo, causa activa

Mientras la política interna se tensaba, Adorni siguió el libreto que le habían trazado: moverse, aparecer, gestionar. Reabrió la sala de prensa con un esquema de acceso más restrictivo que el habitual, se reunió con el CEO de Aerolíneas Argentinas, con el directorio de YPF, dio un streaming intimista y cerró la semana en Zárate, en la inauguración de la planta industrial de Mercedes Benz, junto a Luis Caputo y la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva.

Pero la estrategia tiene un límite estructural: cada evento público en el que el jefe de Gabinete aparece activa también las preguntas que el oficialismo no quiere responder. En el acto de Zárate, cuando periodistas les consultaron a los tres funcionarios presentes si habían recibido sobresueldos, ninguno de los tres lo negó. El silencio fue leído como una respuesta.

Al mismo tiempo, la causa no para. El juez Ariel Lijo levantó el secreto fiscal de Adorni y su esposa Bettina Angeletti, autorizando a la ARBA a revelar información confidencial vinculada a declaraciones juradas, ingresos, bienes y movimientos bancarios. El fiscal Gerardo Pollicita le encargó al organismo especializado DATIF un análisis pormenorizado del patrimonio del matrimonio. La pregunta central de la investigación es si Adorni puede justificar los fondos que usó para comprar dos propiedades, refaccionarlas completamente, hacer muebles a medida y realizar una decena de viajes al exterior, con un sueldo que rondaba los 3.500.000 pesos.

Los números que ya trascendieron son difíciles de explicar con ese ingreso: la Justicia tiene registrados dieciocho viajes que realizaron juntos o por separado Adorni y Angeletti, incluyendo destinos como Punta Cana, Cancún, Nueva York, Madrid, Aruba y Punta del Este. Y la semana terminó con una novedad que agravó aún más el cuadro: la Justicia detectó que Adorni movió fondos a través de criptomonedas cuando se desempeñaba como vocero del Gobierno, durante 2024, y que esos movimientos no aparecen declarados en su última declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción. Los investigadores habían solicitado informes a más de veinte plataformas digitales, incluyendo Binance, Ripio, Lemon y Satoshi Tango.

La causa se volvió tóxica para el Gobierno porque generó tensiones impensadas, incluso entre «karinistas». No son pocos los que escucharon a Adorni quejarse por la información detallada y veloz que fluye de los tribunales a la prensa, un tiro por elevación al ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, que es amigo del fiscal Pollicita.

La interna que el Gobierno no puede tapar

Más allá del blindaje oficial, la semana dejó expuesta una fractura que el mileísmo había logrado contener durante dos años: la de las distintas facciones que conviven bajo el mismo techo sin demasiada comodidad.

Luis Caputo culpa en privado a Adorni por los desaguisados políticos y económicos derivados del caso. El entorno de Karina Milei, en cambio, responsabiliza al propio «Toto» por no contener el impacto financiero y comunicacional de la crisis. En el área económica también empezaron a encenderse alarmas. Toto Caputo dejó trascender en distintas reuniones de mesa política su preocupación por el impacto que el escándalo puede tener sobre la credibilidad del Gobierno y, con ella, sobre el programa económico.

El propio Caputo intentó el viernes en Zárate el argumento del «riesgo kuka» para desactivar la asociación entre la crisis judicial y el clima inversor. La frase no convenció ni dentro del propio oficialismo, donde saben que el ruido acumulado de semanas empieza a tener costo.

El problema de fondo no es solo judicial ni solo político. Es de arquitectura comunicacional. En el mundillo libertario algunos dicen abiertamente que Santilli no quiere el cargo de jefe de Gabinete porque «se quema» y que «la verdadera jefa de Gabinete es Karina». Karina Milei nunca encontró un sucesor que le cerrara para el rol de vocero. Los nombres que le acercaron no encajaron con la dinámica que el gobierno montó desde el primer día: una usina comunicacional centralizada, con Adorni como cara y la secretaria general como arquitecta invisible.

Por qué Milei no suelta la mano

Hay otra  explicación para el blindaje, no solo la lealtad, la falta de reemplazante, el temor a mostrar debilidad,  una que circula con más fuerza en los pasillos de Comodoro Py y en sectores del propio gobierno: Milei sostiene a Adorni porque teme que si lo echa, después caiga Karina. El supuesto temor a ese efecto dominó podría estar vinculado con la explicación más fuerte que había en el Gobierno sobre el apoyo al vocero: que no le sueltan la mano porque estaba muy involucrado en la trama de Libra. El entonces vocero fue uno de los invitados al Tech Forum 2024 donde se gestó el lanzamiento de la criptomoneda y además iba a ser figura estelar de la frustrada edición 2025.

La hipótesis que circula no es menor. La diputada Marcela Pagano afirmó que Adorni es «el cajero de Karina Milei» y sugirió que habría cobrado tres millones de dólares vinculados a la estafa con la criptomoneda $Libra que promocionó el Presidente, a través de una operación en una wallet. Los gastos millonarios de Adorni comienzan más o menos alrededor de la fecha de lanzamiento de la criptomoneda. Versiones periodísticas señalaron que el funcionario tiene equipos especializados para minar criptomonedas, y la Justicia ya requirió información a más de veinte plataformas digitales para rastrear esas operaciones. A eso se suma que la causa $Libra involucra directamente a Javier Milei, Karina Milei y al propio Adorni: el abogado Gregorio Dalbón ya presentó un pedido para secuestrar los celulares de los tres, y la investigación apunta a posibles delitos de abuso de autoridad, tráfico de influencias, estafa y cohecho.

Lo que emerge de ese cuadro no es solo una crisis de imagen ni una causa de enriquecimiento ilícito aislada. Es la posibilidad de que las investigaciones que hoy rodean al jefe de Gabinete sean, en realidad, el hilo más visible de una trama más profunda que conecta al núcleo duro del poder con negocios que exceden largamente cualquier sueldo público. En ese escenario, echar a Adorni no sería un gesto de transparencia: sería abrir una puerta que el gobierno no puede controlar.

Esto explicaría  por qué el gobierno sostiene a un funcionario investigado por enriquecimiento ilícito en lugar de buscar un reemplazo. No es solo lealtad.

La semana cerró con Adorni en pie, con la causa avanzando y con el gobierno mirando de reojo el calendario: las elecciones del 27 se acercan y la acumulación de ruido político ya no es gratis.

 


Redaccion DATA Política y Económica —