Una «anomalía» sin precedentes recientes tensiona el esquema del Gobierno: el tipo de cambio real se apreció 17% en cuatro meses mientras los salarios formales caen 4,5% y las tarifas de servicios siguen escalando. Economistas de distintas escuelas advierten sobre la insostenibilidad del modelo. El macrismo, desde adentro y desde afuera del Gobierno, agrega presión. Y Milei pide paciencia mientras admite que «los datos son malos».
En el arranque de mayo de 2026, el presidente Javier Milei enfrenta una grieta que no tiene origen en la política sino en los números. La economía argentina muestra una combinación que rara vez se había visto: el dólar se atrasa, los precios suben, los salarios caen y las tarifas no paran. Ese cuadro simultáneo —que contradice la dinámica habitual, donde el atraso cambiario suele mejorar el poder adquisitivo— es lo que los economistas más serios del establishment llaman, con notable prudencia, una «anomalía».
Los datos son contundentes. El tipo de cambio real se apreció cerca del 17% entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, según el Centro de Estudios del Banco Provincia. En ese mismo período, los salarios formales registrados acumularon una caída del 4,5% hasta enero —dato oficial del INDEC— y las proyecciones estiman que esa pérdida podría extenderse al 7,5% si la inflación no cede antes. El IPC de marzo marcó 3,4%, muy por encima de las expectativas del equipo económico, que había proyectado en el Presupuesto 2026 una inflación anual del 10%.
«El dato es malo», admitió el propio Milei ante empresarios en la cumbre AmCham de abril. Luego justificó el desvío con shocks externos, efecto estacional y la «purga» de demanda monetaria del segundo semestre del año anterior. Pero la explicación no alcanzó para desactivar las alarmas.
Tres anclas, tres problemas
El modelo de Caputo opera con un esquema de ancla cambiaria: el dólar oficial se mueve a un ritmo controlado, por debajo de la inflación, para desacelerar los precios. La contracara es conocida: a medida que el tipo de cambio se atrasa, los costos en dólares suben, la competitividad de los sectores industriales se erosiona y las importaciones se abaratan.

El tipo de cambio real multilateral llegó en abril a niveles que no se veían desde la convertibilidad. Para los industriales, la ecuación es difícil de sostener. Marcelo Mirón, presidente de ADIMRA Buenos Aires, lo resumió sin eufemismos: «Se quiere corregir en poco tiempo distorsiones que llevan muchos años y la resultante es mala. Terminamos complicando a empresas que tienen un potencial de ser competitivas si les dieran las herramientas». Pablo Gáspari, presidente de la Cámara de Industriales Fundidores, fue más específico sobre el daño en la cadena productiva: «Estamos perdiendo la capacidad de desarrollar la cadena de valor completa. Los fabricantes de válvulas las importan enteras, pero en la medida que se desindustrializa el país, no hay a quien venderle la válvula».
El segundo problema es la inflación. Milei había prometido que el IPC comenzaría «con cero más tardar en agosto». Los analistas más optimistas en ExpoEFI 2026 descartaron ese escenario. «Creo que la inflación va a bajar, no se va a desplomar, no va a colapsar, no va a empezar con cero», dijo Andrés Borenstein, de BTG Pactual Argentina. Marina Dal Poggetto, de Eco Go, fue más directa sobre el impacto social del esquema: «La economía de a pie va a estar bastante afectada por este mapa».
El tercer problema son las tarifas. A lo largo de mayo, el Gobierno continuará ajustando luz, gas y transporte al alza, las prepagas y las telecomunicaciones seguirán indexando libremente y el congelamiento de naftas dispuesto durante la escalada bélica en el Golfo Pérsico venció a mediados del mes. Esas presiones inflacionarias de oferta se combinan con salarios que llevan seis meses consecutivos a la baja en términos reales, lo que restringe el consumo y profundiza el deterioro del mercado interno.
El cuadro social que resulta es elocuente: el 86,6% de la población siente que su salario no le gana a la inflación y el 60,4% afirma que sus ingresos le alcanzan sólo hasta el día 20 del mes, según un relevamiento de El Economista. «Sobre esa base material se monta buena parte del desgaste político que hoy exhibe la gestión», indicó el análisis.
Los límites que avisa quien formó a Milei
Roberto Frenkel, economista y exprofesor del presidente, fue uno de los críticos más técnicos del programa. En una entrevista reciente, advirtió que la sostenibilidad del plan quedará en duda «si no se produce un ajuste del tipo de cambio que permita generar superávit de cuenta corriente y acumular reservas legítimas».
La advertencia no es nueva para la historia argentina. «En las últimas décadas, la Argentina y países como México y Chile experimentaron numerosos episodios en los que programas de desinflación basados en atraso del tipo de cambio terminan en una crisis de balance de pagos», señaló. El esquema, describió Frenkel, suele funcionar así: la apreciación cambiaria baja la inflación en el corto plazo y reactiva transitoriamente el consumo, pero llega un punto en que el balance de pagos se deteriora, las reservas se agotan y la crisis exige una maxi devaluación. «Llega un punto en el que el balance de pagos se resiente, se quedan sin reservas, hay incertidumbre, hay que subir las tasas de interés, entra una fase contractiva», describió.
El economista también cuestionó el marco teórico del equipo económico: «Lo esencial para el manejo macro en todo el mundo es tener inflation targeting e independencia del Banco Central. Acá vamos por otro lado, un lado inventado, un lado austríaco. Nadie hizo una estabilización austríaca hasta ahora». Para Frenkel, la sostenibilidad del plan depende de tres condiciones: ajustar el tipo de cambio, corregir el déficit de cuenta corriente y acumular reservas genuinas.
Carlos Melconian, economista cercano al macrismo, fue igual de tajante sobre las proyecciones oficiales: «Con lo de la inflación con cero en agosto, Milei se fue de boca». Y describió el problema de fondo con una comparación gráfica: «Es como el hombre que va al gimnasio y hace más gambas que torso. Siempre queda desbalanceado».
Caída del consumo. Ganadores y perdedores
El macrismo dinamita el relato
La tensión más reveladora del momento no es la que protagoniza la oposición peronista. Es la que viene de dentro del propio espacio de gobierno. En la cena anual de la Fundación Libertad, Milei y Macri estuvieron en el mismo salón pero no se saludaron. Cuando el Presidente mostró filminas con datos negativos de gestiones anteriores —incluyendo la etapa completa del gobierno de Cambiemos—, Macri se fue con gesto adusto antes de que terminara el discurso.
En ese mismo evento, Milei rechazó con ironía las advertencias del establishment sobre el atraso cambiario: «Vengan a hablarme de atraso cambiario». Pero el círculo rojo, según Perfil, no compartía el entusiasmo. «El Gobierno está quemando capital político», definió un empresario presente. Y la catarata de problemas —el escándalo Adorni, la inflación que no cede, la pérdida de competitividad— era leída como la misma película del año anterior, pero con la diferencia de que en 2025 había elecciones que aportaban un amortiguador político. Ahora no hay.
Desde el sector industrial, la señal tampoco es de calma. La apertura importadora implementada a través de 88 medidas desde el inicio de la gestión opera sobre un tipo de cambio apreciado que encarece las exportaciones manufactureras y abarata las importaciones. Según el relevamiento de Zack, Sidicaro y Schteingart para 2026, unas 24.000 empresas con empleo registrado cerraron durante los primeros dos años del gobierno, con concentración en pymes industriales y proveedoras de construcción y transporte.
La actividad macroeconómica muestra una recuperación real pero desigual. Pilar Tavella, de Balanz, describió el escenario que viene: «El crecimiento estará liderado por exportaciones e inversión, no por un salto en el consumo». El motor son los grandes proyectos de Vaca Muerta y la minería; el rezago, el mercado interno, el salario y las pymes.

El piso que no se rompe y el techo que no llega.
Milei conserva un núcleo de apoyo que las encuestas ubican en torno al 35%, lo que lo mantiene competitivo en los escenarios proyectados para 2027. Pero ese mismo piso opera con una lógica de miedo —»si le va mal al Gobierno, puede volver el peronismo»— más que de convicción sobre los resultados del plan.
El dilema del equipo económico es conocido: si devalúa para recuperar competitividad, la inflación se dispara. Si no devalúa, la pérdida de competitividad industrial avanza, el desempleo registrado crece por goteo y la brecha entre el discurso del éxito y la experiencia cotidiana de la mayoría de los argentinos se ensancha.
«Los últimos meses fueron duros», admitió el propio Milei. La pregunta que recorre despachos empresarios, sindicales y provinciales no es si fueron duros. Es cuánto más habrá que aguantar, y si el modelo tiene algún mecanismo de corrección antes de llegar a un límite. Hay numerosos antecedentes en la historia económica argentina sobre como terminan estos procesos.
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