El INDEC confirmó este martes la mayor suba mensual del año, impulsada por combustibles, educación y carnes. El acumulado del primer trimestre alcanzó el 9,4%, casi el total de lo que Caputo había proyectado para los doce meses. La inercia persiste y el programa de desinflación vuelve a quedar en entredicho.
El primer trimestre de 2026 terminó con una señal de alerta que el Gobierno preferiría no exhibir. El INDEC publicó este martes el Índice de Precios al Consumidor de marzo y el número fue 3,4%, cinco décimas por encima del 2,9% registrado en febrero. Se trata de la mayor cifra desde el mismo mes de 2025, cuando el índice había arrojado 3,7% . Pero lo que más incomoda en el Palacio de Hacienda no es sólo el guarismo mensual: en el primer trimestre, la inflación acumuló 9,4%, casi la variación esperada por el ministro Luis Caputo para todo el año en el presupuesto .
El dato llegó acompañado de otra señal perturbadora. Ya son nueve meses consecutivos de aceleración del IPC, que viene aumentando de manera sostenida desde el 1,9% registrado en julio de 2025, sin que el Gobierno haya podido torcer esa tendencia de fondo.
Los factores detrás del salto
La composición del índice de marzo no admite una lectura única. Confluyeron al menos tres presiones distintas que se potenciaron mutuamente.
El primero y más visible fue el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre el precio de los combustibles. Entre los impactos directos de la situación internacional pueden citarse subas del 9% en combustibles, del 24% en pasajes de avión de cabotaje y del 22% en transporte interurbano, según el propio ministro Caputo. La segunda división con mayor aumento fue Transporte, con un 4,1%, afectada directamente por el ajuste en combustibles, transporte público y pasajes aéreos.
El segundo factor fue estacional y previsible: Educación fue la división con mayor aumento del mes, registrando un 12,1% vinculado al inicio del ciclo lectivo. Este comportamiento se repite cada marzo y fue anticipado por todas las consultoras privadas.
El tercer vector, sin embargo, resultó más inquietante que los anteriores porque escapa a la lógica estacional y sugiere presiones estructurales persistentes. La división con mayor incidencia en la variación mensual fue Alimentos y bebidas no alcohólicas, principalmente por la suba de las Carnes y derivados, que trepó al 6,9% en el Gran Buenos Aires. Esto ocurrió a pesar de que varios relevamientos privados habían detectado cierta moderación en ese rubro durante el mes.
Completaron el cuadro los precios regulados: con un 5,1% de incremento, este segmento reflejó los ajustes en tarifas de servicios públicos, transporte y educación, en línea con la política oficial de reducción de subsidios que el Gobierno sostiene como ancla fiscal pero que sigue operando como un multiplicador del IPC.
Un número más alto que las estimaciones
El mercado esperaba un dato elevado. Lo que no esperaba era que superara sus propias estimaciones. El dato fue mayor al esperado por el mercado, que proyectaba un 3%. Además, se aceleró una décima la inflación núcleo, que llegó al 3,2%, el componente que mide la tendencia subyacente con independencia de los ítems estacionales y regulados.
Esa aceleración de la núcleo es la señal más preocupante del informe. La nominalidad muestra resistencia a perforar el umbral del 3%, en un contexto donde la corrección tarifaria, aunque consistente con la política oficial, complica la trayectoria desinflacionaria en el corto plazo. El propio Caputo intentó matizar ese dato: señaló que la inflación núcleo excluyendo carnes se mantuvo en 2,5%, la misma variación que en febrero, lo que indicaría que, más allá de shocks puntuales, el componente subyacente de la inflación se mantuvo estable. Pero esa lectura requiere excluir de la canasta a un ítem de alta incidencia en el gasto de los hogares de menores ingresos.
Hay regiones del país —noroeste y noreste— donde la inflación superó el 4% en el mes, una brecha territorial que recuerda que el promedio nacional esconde heterogeneidades significativas.
La promesa de abril y la brecha con el presupuesto
Ante la evidencia de los datos, Caputo eligió la ofensiva. El ministro sostuvo que desde abril se viene un proceso de desinflación y crecimiento, y fue más allá: «Se vienen los mejores meses. Los próximos 18 meses pueden ser los mejores de Argentina de las últimas dos décadas», mientras viajaba a Washington para participar en las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial.
Los primeros datos de abril dan cierto respaldo parcial a ese optimismo. En la primera semana del mes, el informe de LCG mostró que los precios de alimentos y bebidas en supermercados de alcance nacional cayeron 0,4% respecto de la semana previa, lo que generó expectativas en el Gobierno sobre la evolución de los precios . Además, YPF decidió no aplicar aumentos en los surtidores durante 45 días, lo que quitaría presión sobre el rubro transporte. El REM del Banco Central proyecta para abril una inflación del 2,7%, con esa tendencia bajista que recién retornaría al 2% mensual en agosto.
Pero la brecha entre las proyecciones privadas y las metas oficiales sigue siendo abismal y el acumulado del trimestre la vuelve insalvable. El presupuesto 2026 consignaba una inflación anual del 10,1%. Con 9,4% acumulado en apenas tres meses y una proyección de consenso privado que ubica el año en torno al 26%, el Gobierno no logra torcer la tendencia de aceleración, pese a que el tipo de cambio sigue funcionando como ancla.
El dato de marzo no derrumba el programa económico, pero certifica que la desinflación prometida tiene una cronología propia, más lenta e irregular que la que el Gobierno necesita para reforzar su credibilidad de cara a la segunda mitad del año.
