Distrito IA en CABA: ¿oportunidad estratégica o marketing territorial?

En los últimos días, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció, una vez más, la creación de un Distrito de Inteligencia Artificial en el microcentro.

Por Raúl Sànchez, Alan Plummer y Pablo Barreto, 


Desde el CEDEAM (de la Facultad de Ciencias Económicas – UBA) venimos advirtiendo desde hace algunos años sobre un problema central: la falta de información pública sistemática y evaluación de los distritos económicos en la Ciudad. Sin datos claros, resulta muy difícil medir su impacto, entender qué funcionó, qué no y qué debería corregirse.

En nuestro libro La ciudad posible (Editorial Punto de Encuentro) analizamos esta política pública, desarrollada desde 2008, y encontramos resultados heterogéneos y en muchos casos ambiguos, con iniciativas que no lograron consolidarse plenamente, otras que quedaron a mitad de camino y algunas incluso atravesadas por conflictos.

En este contexto, el anuncio de un nuevo distrito vuelve a abrir una pregunta de fondo: ¿se trata de una estrategia productiva consistente o de una nueva iniciativa que no dialoga con las experiencias previas? La localización propuesta (el microcentro) refuerza esta inquietud, al evidenciar una débil articulación con otros desarrollos recientes como el Distrito Tecnológico o el Parque de la Innovación.

Pero además, más allá del anuncio, creemos necesario alertar sobre una serie de aspectos clave que deberían formar parte de cualquier política de este tipo y que hoy aparecen insuficientemente abordados:

  1. Dos problemas, una sola política: El Gobierno parece intentar resolver al mismo tiempo la vacancia de oficinas en el Microcentro y la creación de un clúster de IA. El riesgo es que la política tecnológica quede subordinada a una lógica de reactivación urbana e inmobiliaria.
  2. Contradicción de una agenda previa: El área propuesta para el Distrito IA coincide con la alcanzada por el Plan de Reconversión del Microcentro, impulsado en 2021 y luego desactivado por el propio Gobierno. Más que continuidad, lo que aparece es un nuevo giro sobre el mismo territorio, sin una evaluación clara de la estrategia anterior. Esto obliga a preguntarse si el Distrito IA responde a una política tecnológica consistente o a un nuevo intento de intervención sobre el Microcentro con otro enfoque y otro nombre.
  3. Infraestructura no es ecosistema: La buena conectividad del Microcentro es una ventaja, pero no alcanza por sí sola para generar innovación. Transporte y centralidad urbana no garantizan competitividad tecnológica.
  4. Créditos poco alineados con startups: Las líneas de crédito anunciadas parecen más orientadas a dinamizar operaciones inmobiliarias que a fortalecer emprendimientos de base tecnológica. Además, muchas startups no tienen escala ni balances para acceder a ese tipo de financiamiento.
  5. Riesgo de captura de renta urbana: Sin instrumentos de gestión del suelo, la valorización generada por la política puede quedar en manos de propietarios y desarrolladores. En ese caso, el beneficio principal no iría al ecosistema productivo.
  6. No se visualizan instituciones ancla: Los distritos más exitosos del mundo se apoyan en universidades, centros de investigación y agencias especializadas. Esa arquitectura institucional no aparece hoy con claridad en el proyecto.
  7. El talento es la clave: En inteligencia artificial, el recurso decisivo es el talento. Si ese capital humano se forma localmente pero termina trabajando en forma remota para firmas del exterior, el distrito pierde parte de su sentido como espacio físico de innovación. A eso se suma que muchas empresas del sector operan con esquemas de home office o trabajo híbrido, lo que relativiza el peso de la localización territorial como factor de atracción y permanencia.
  8. Sin gobernanza no hay clúster: Un clúster requiere coordinación público-privada, objetivos comunes y conducción estratégica. Un perímetro geográfico y beneficios fiscales, por sí solos, no alcanzan.
  9. Los incentivos fiscales no resuelven todo: La IA requiere mucho más que concentración territorial, demanda talento avanzado, infraestructura tecnológica, financiamiento y articulación con investigación. Pensar lo contrario simplifica en exceso el problema.
  10. Territorializar la innovación no basta: Los distritos pueden ser una herramienta útil, pero no reemplazan una estrategia integral. Sin visión de largo plazo, capacidades estatales y financiamiento adecuado, el impacto será limitado.
  11. El problema es la falta de articulación: La Ciudad no carece de iniciativas vinculadas a innovación. Existen distritos económicos, programas sectoriales y proyectos como el Parque de la Innovación. El problema es la falta de una estrategia que articule estos instrumentos, evitando superposiciones y generando complementariedades. Sin esa coordinación, cada iniciativa opera de manera aislada, perdiendo escala, impacto y capacidad de construir un ecosistema tecnológico integrado.

Sin estos aspectos, que en conjunto expresan una estrategia integral, el riesgo es conocido: otro anuncio con alto impacto comunicacional, pero con resultados débiles en términos de desarrollo productivo. Y, una vez más, puede llegar a ser una oportunidad perdida para la Ciudad.

 

Miembros del CEDEAM (Centro de Estudios de Desarrollo Económico – Fac. de Cs. Económicas UBA)