​El «Relato» de la Crueldad: Milei y la Fantasía de la Prosperidad Estadística

Mientras la realidad golpea con la fuerza de un ajuste sin precedentes, el presidente Javier Milei ha decidido refugiarse en el último bastión de los gobiernos que pierden el contacto con la calle: la manipulación de los datos.
​Por Jorge Romani

En un mensaje reciente, cargado de soberbia y desprecio por el termómetro social, el mandatario afirmó que la Argentina está «mucho mejor que en 2023» y que la pobreza es la más baja en siete años.

​Resulta, cuanto menos, un ejercicio de cinismo intelectual intentar convencer a una sociedad que saltea comidas y que ha visto sus salarios pulverizados, de que los «datos» dicen lo contrario a su estómago.
La Trampa del Promedio y la Ceguera Social:
​En su posteo, Milei admite que «las estadísticas reflejan promedios» y que hay gente en los «extremos». Lo que no dice es que, bajo su gestión, el «extremo» de la indigencia y la pobreza se ha ensanchado hasta volverse la norma para millones de argentinos.
La falacia del dato:
Hablar de una mejora respecto a 2023 cuando el consumo se ha desplomado a niveles de pandemia y la actividad industrial está en caída libre es, lisa y llanamente, una falta de respeto.
La «Paciencia» como exigencia:
Se pide paciencia a los jubilados que no llegan a los medicamentos y a las familias que perdieron el empleo, mientras el entorno presidencial —con casos como el de Adorni mencionados por la crítica social— parece no sufrir el mismo rigor del ajuste.
¿Ciencia o Dogma?
​El presidente acusa al periodismo de ir contra «cuatro siglos de progreso científico» por no aceptar sus cifras. Sin embargo, su propia metodología parece ignorar la variable más básica de la economía política: la gente. Gobernar por Excel es fácil; el problema es que, en las celdas de Milei, la dignidad humana figura como un «gasto a recortar».
​»Cambiar el rumbo sería dinamitar lo logrado», dice el texto. La pregunta que surge es: ¿Qué se ha logrado, además de un superávit fiscal construido sobre la sangre de los más vulnerables y el desfinanciamiento de áreas críticas como el Plan Remediar?
Conclusión: Un Gobierno que solo se habla a sí mismo
El mensaje cierra con una frase preocupante: «Sabemos exactamente qué hay que hacer». Esa certeza casi mística, blindada ante el sufrimiento ajeno, es la que hoy separa a la Casa Rosada de la Argentina real. Mientras el presidente celebra sus gráficos, el país aguanta una presión que no tiene precedentes en democracia.
​La paciencia no es un recurso infinito, y los datos no se comen. Si el gobierno sigue confundiendo la estabilidad de una planilla con el bienestar de un pueblo, el despertar de su fantasía estadística será doloroso.