La industria argentina tocó su menor piso desde la pandemia

El INDEC confirmó que el Índice de Producción Industrial Manufacturero se desplomó 8,7% interanual en febrero. Catorce de las dieciséis ramas productivas registraron caídas. Textiles cayó 33,2%, maquinaria 29,4% y automotriz 24,6%. La capacidad instalada opera al 53%. En dos años de gestión Milei, el sector perdió 73.000 puestos de trabajo registrados y cerraron 2.436 empresas. La apertura comercial acelerada y el atraso cambiario actúan como tijeras sobre el tejido fabril.

 

Redacción Data Política y Económica


El segundo mes del año dejó un número que el Gobierno no puede reformular con comodidad: la industria manufacturera argentina se contrajo 8,7% en términos interanuales durante febrero, según el Índice de Producción Industrial (IPI) publicado el 9 de abril por el INDEC. Con ese resultado, el sector acumula ocho meses consecutivos de caída —una racha que arrancó en junio de 2025 sin interrupción— y retrocedió a valores similares a los de julio de 2020, en plena salida del confinamiento pandémico. El primer bimestre de 2026 cierra con una contracción acumulada del 6% respecto del mismo período del año anterior.

El deterioro no fue sectorial sino estructural. Catorce de las dieciséis divisiones que componen el IPI manufacturero registraron caídas interanuales, configurando uno de los peores mapas de desempeño fabril de los últimos años. Solo la refinación de petróleo, que creció 19,7% impulsada por mayor producción de gasoil y naftas, y las sustancias y productos químicos, con un alza del 3,7%, lograron escapar a la tendencia. Su aporte, sin embargo, no alcanzó para compensar el derrumbe del resto de la estructura industrial.

Entre los sectores con mayor incidencia negativa, el golpe más brutal lo absorbió la industria textil: la producción de tejidos y acabado cayó 47% interanual, los hilados de algodón retrocedieron 30,7% y el sector en su conjunto acumula un índice de base 2004 equivalente a 44 puntos, es decir, menos de la mitad de lo que producía hace dos décadas. Las empresas relevadas por el INDEC atribuyen el derrumbe a dos factores que operan en simultáneo: la caída del consumo interno y la competencia creciente de productos importados, que avanzaron sobre el mercado local tras la apertura comercial acelerada por el gobierno de Javier Milei. Las importaciones de indumentaria crecieron 97,3% en 2025, alcanzando su nivel más alto en la historia de la serie.

El sector automotriz y el de maquinaria y equipo completaron el podio de los más afectados. La fabricación de vehículos cayó 29,9% y las ventas a concesionarios de unidades de producción nacional se desplomaron 45,9% interanual. Las exportaciones de automóviles retrocedieron 37,2%, con Brasil —principal destino— como epicentro de la caída. La maquinaria agropecuaria, por su parte, se hundió 37,7%, con descensos en la producción de tractores, cosechadoras, pulverizadoras y sembradoras. Los electrodomésticos —heladeras y lavarropas— cayeron 38%, con la competencia de productos importados como causa declarada por las propias firmas. Aparatos de uso doméstico, caucho y plástico, prendas de vestir y cuero, industrias metálicas básicas y muebles completaron la lista de divisiones con retrocesos de dos dígitos.

El indicador mensual desestacionalizado profundizó la lectura negativa: la industria cayó 4% respecto de enero, aunque la tendencia-ciclo marcó una leve mejora del 0,2%, señal de que el ritmo de contracción podría estar desacelerándose sin que eso implique recuperación. La serie original del IPI, mientras tanto, se ubicó en valores de julio de 2020, borrando cinco años de crecimiento fabril. El nivel de actividad quedó 6,7% por debajo del registrado en noviembre de 2023, en los últimos días antes del cambio de gestión.

La capacidad instalada es el termómetro más elocuente del estado real de la industria. Según el propio INDEC, en enero de 2026 solo el 53,6% del potencial productivo de las plantas industriales se encontraba efectivamente en funcionamiento —el nivel más bajo desde marzo de 2024—, y hay sectores, como el textil, que operan al 30%. Casi la mitad de las máquinas del país están paradas. La consultora Analytica señaló que la industria enfrenta un doble frente: demanda interna débil y avance creciente de la competencia importada, y concluyó que no se identifican, por el momento, factores claros que permitan anticipar una recuperación en 2026.

El contexto macroeconómico que rodea estos números amplifica el diagnóstico. Con el dólar mayorista cayendo 4,3% nominal en lo que va de 2026 mientras la inflación acumula más del 33% interanual, el atraso cambiario funciona como un subsidio implícito a la importación y un impuesto implícito a la producción local. La combinación de tipo de cambio apreciado, consumo deprimido y apertura comercial acelerada configura lo que referentes del sector describieron como un efecto tenaza sobre el tejido fabril. Las importaciones totales del país escalaron de 67.000 millones de dólares en 2023 a más de 87.000 millones en 2025, mientras la producción doméstica retrocedía.

El costo humano del derrumbe fabril tiene su propio contador. Según el informe sectorial de la consultora Audemus publicado en marzo, en dos años de gestión Milei la industria manufacturera perdió 72.955 puestos de trabajo registrados y cerraron 2.436 empresas, equivalente al 5% del total del sector. El ritmo de cierres encamina el número de unidades productivas activas a perforar los mínimos históricos de 2020, en plena pandemia. Un informe de la UBA elaborado por el AESIAL y el CEHEAL calculó que la contracción del sector en 2024 —de 8,8% real— superó incluso a la registrada durante el año del covid-19 (7,7%). En ese período, la industria cayó 7,5 puntos porcentuales más que la economía en su conjunto. La provincia de Buenos Aires concentró el epicentro del daño: más de 62.000 despidos y 5.600 empresas menos en lo que va de la gestión.

La construcción ofreció un cuadro diferente aunque igualmente inestable. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) cayó 0,7% interanual en febrero, con una baja mensual desestacionalizada del 1,3% respecto de enero, interrumpiendo la seguidilla de mejoras de los meses previos. El acumulado del primer bimestre sostuvo un leve avance del 0,3%, mientras la tendencia-ciclo marcó cuatro meses de mejora. El comportamiento de los insumos fue heterogéneo: crecieron hormigón y pinturas, pero cayeron pisos, revestimientos y yeso, reflejando una actividad que todavía no consolida su recuperación.

El debate político que rodea estos datos tiene dos frentes abiertos. El oficialismo sostiene que la industria que cae es la prebendaria, que se sostenía con protecciones estatales artificiales, y que la apertura comercial disciplina los precios y beneficia al consumidor. Frente a ese relato, el sector industrial advirtió en reuniones con el equipo económico que cuando el contexto global cambie y los precios internacionales suban, Argentina ya no tendrá ni máquinas ni operarios para volver a fabricar lo propio. La frase condensa el argumento central de los industriales: no es que los trabajos se pierdan, sino que se pierden para siempre. La consultora PxQ lo tradujo en términos más técnicos: la apertura comercial puede actuar como un ancla de precios, pero genera costos sobre sectores con menor competitividad relativa, muchos de los cuales son intensivos en empleo, y las actividades primarias y sus escasos encadenamientos productivos no podrán absorber los puestos perdidos en la industria. Mientras el Gobierno celebra el equilibrio fiscal, los datos del INDEC señalan en la otra dirección: ocho meses seguidos de caída, casi la mitad de la capacidad productiva parada y un piso que, por primera vez desde la pandemia, vuelve a pisarse.