Apagón récord en el Conurbano

Una falla en Edesur  dejo a un millón de usuarios sin luz

Entre la 1 y las 4 de la madrugada del miércoles 31 de diciembre, una falla en la Subestación Bosques provocó un corte repentino que escaló hasta rozar el millón de usuarios sin suministro en el área de concesión de Edesur. El ENRE siguió el evento en tiempo real y abrió una investigación técnica, mientras la distribuidora informó que había restituido el servicio al 96% de los afectados antes del amanecer.


La última madrugada de 2025 expuso, en escala inédita, la fragilidad del servicio eléctrico en el sur del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Según el monitoreo del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), el corte comenzó de manera repentina cerca de la 1.00 y en cuestión de minutos trepó a 952.036 usuarios sin suministro dentro del área concesionada a Edesur. El pico llegó hacia las 4.00, cuando el organismo registró 998.414 usuarios sin luz, el equivalente a casi el 37% de la cartera de clientes de la distribuidora.

¿Qué pasó?: el origen en la Subestación Bosques

La explicación inicial llegó pasadas las 2.00 de la mañana. En un comunicado, Edesur informó que el apagón se debió a “una falla en la Subestación Bosques”, que afectó a diferentes subestaciones de la región. La empresa aseguró que la reposición se haría por etapas, con cuadrillas técnicas desplegadas durante toda la madrugada.

Medios especializados aportaron detalles sobre el tipo de incidente: una falla en el interruptor acoplador de barras de la subestación (un componente crítico de maniobra y protección) habría disparado un esquema de resguardo del sistema y provocado un efecto dominó sobre instalaciones vinculadas. Ese tipo de eventos suele forzar desconexiones automáticas para evitar daños mayores, pero el resultado práctico fue una caída masiva del suministro en plena ola de calor.

¿Dónde impactó y cómo evolucionó el corte?

El apagón golpeó principalmente el sur del conurbano, con reportes de interrupciones en distintos puntos del área de concesión. En las primeras horas se multiplicaron reclamos por barrios a oscuras, semáforos fuera de servicio y problemas de conectividad, un combo que se vuelve más sensible en jornadas de altas temperaturas.

Según el ENRE, el punto más crítico se registró cerca de las 4.00. Minutos después comenzó la recuperación, y a las 4.26 Edesur comunicó que el 96% de sus clientes afectados ya contaba nuevamente con suministro. “Nuestros equipos técnicos continuarán trabajando hasta restablecer la totalidad del servicio”, señaló la compañía, y agradeció al personal que operó durante la madrugada.

La respuesta del ENRE: inspección e informe técnico

Tras el evento, el ENRE dispuso inspecciones en la Subestación Bosques para relevar el origen del desperfecto y evaluar responsabilidades. El regulador, además, viene exigiendo a las distribuidoras la presentación de planes operativos estacionales —los llamados “Planes Verano”— para sostener el servicio en picos de demanda. El apagón de fin de año vuelve a poner el foco sobre el estado de la infraestructura, la capacidad de respuesta ante contingencias y el margen operativo real de la red.

En paralelo, distintos reportes públicos difundidos durante la madrugada describieron una red altamente exigida, con elementos operando al límite de su capacidad. Más allá del detalle técnico, el dato central fue la magnitud: casi un millón de usuarios afectados en pocas horas por un evento concentrado en un nodo clave del sistema.

Tarifas en alza y servicio bajo presión

El corte ocurrió en un contexto de fuerte tensión social por el costo de la energía. Con aumentos tarifarios acumulados durante 2024 y 2025, el desempeño del servicio vuelve a ser un punto de fricción: el argumento oficial para recomponer precios fue, entre otros, garantizar inversiones y mejorar la calidad. Sin embargo, el inicio del verano ya venía acumulando reclamos por cortes y baja tensión en distintos barrios del AMBA, y el apagón de la madrugada del 31 marcó un récord por su escala.

Lo inmediato se juega en dos frentes: la normalización total del suministro y el resultado de la investigación regulatoria, que puede derivar en requerimientos técnicos, auditorías y eventuales sanciones. Lo estructural, en cambio, remite a un problema repetido: cuando la demanda sube y el sistema se estresa, un incidente en un punto crítico puede dejar a cientos de miles de hogares sin luz en cuestión de minutos.

En la antesala de un nuevo año, el apagón récord dejó un mensaje difícil de eludir: la red eléctrica del AMBA sigue funcionando con márgenes estrechos, y cada ola de calor vuelve a poner a prueba —con costos inmediatos para la vida cotidiana— la capacidad de las distribuidoras para sostener el servicio.