Axel Kicillof 2027

El gobernador bonaerense comenzó a construir una estructura política que trasciende los límites de la provincia. El Movimiento Derecho al Futuro, la elaboración programática y la expansión territorial son señales de un proyecto presidencial en marcha. Pero el desafío decisivo será convertir ese armado en una propuesta nacional capaz de reunir al peronismo y convocar a una nueva mayoría social.

Por Antonio Muñiz


La construcción política de Axel Kicillof hacia 2027 ingresó en una nueva etapa. Lo que inicialmente podía interpretarse como una proyección de su liderazgo bonaerense comienza a adquirir características de un proyecto nacional. Hay una organización política en desarrollo, una estrategia de expansión territorial y un espacio de elaboración programática que busca darle contenido a una eventual propuesta de gobierno.

El gobernador ya no parece dispuesto a limitar su horizonte político a la provincia de Buenos Aires. El Movimiento Derecho al Futuro (MDF) se convirtió en el instrumento central de esa construcción. El acto federal realizado en Avellaneda en septiembre y los encuentros posteriores con intendentes y dirigentes de distintas provincias muestran que existe una decisión de disputar la conducción nacional del peronismo.

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Sin embargo, una cosa es construir una candidatura y otra, bastante más compleja, es construir un liderazgo nacional. Esa es la cuestión que Kicillof deberá resolver durante los próximos meses.

Una estructura política con identidad propia

El MDF dejó de ser solamente una corriente de acompañamiento al gobernador. Está desarrollando una organización territorial, mesas políticas y vínculos con dirigentes del interior. En la provincia de Buenos Aires busca consolidarse en los 135 municipios, con los intendentes como columna vertebral de su despliegue.

La reunión del 29 de octubre con jefes comunales de su espacio fue una señal de esa estrategia. Kicillof necesita ordenar su propia estructura, fortalecer su capacidad de decisión y, al mismo tiempo, preservar una base territorial que le permita proyectarse nacionalmente.

Esta doble construcción tiene una dificultad evidente. El gobernador debe atender las responsabilidades de gestión en la provincia más importante del país mientras desarrolla una estructura política que pretende trascenderla.

El desafío no consiste solamente en sumar dirigentes. Necesita que el MDF pueda convertirse en una organización con capacidad de representación, elaboración política y presencia efectiva en las distintas regiones argentinas.

Un proyecto nacional no puede ser una extensión del gobierno bonaerense. Tiene que incorporar las realidades productivas, sociales y políticas del conjunto del país.

El programa económico, una condición para disputar el futuro

Uno de los aspectos más relevantes de esta construcción es el trabajo que comenzó a desarrollar el Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF).

En sus primeros encuentros aparecieron algunos lineamientos que permiten reconocer el perfil del proyecto: una política macroeconómica compatible con el desarrollo, producción, industrialización, empleo formal, fortalecimiento científico y tecnológico, integración regional, diversificación de las relaciones internacionales, federalismo y profesionalización del Estado.

Son definiciones importantes, pero todavía constituyen una agenda de elaboración y no un programa nacional terminado.

La discusión económica será determinante para la competitividad de cualquier alternativa frente al gobierno de Javier Milei. El peronismo no puede limitarse a cuestionar el ajuste, denunciar sus consecuencias sociales o reivindicar las políticas de sus anteriores gestiones. Necesita explicar cómo piensa organizar la economía argentina y cuáles serán los instrumentos para recuperar el crecimiento.

Eso supone abordar simultáneamente la estabilidad macroeconómica, la inversión, el equilibrio externo, la producción, el empleo y la distribución del ingreso.

También implica discutir qué modelo productivo necesita la Argentina. No alcanza con defender la industria existente. Hay que pensar cómo desarrollar nuevas actividades, incorporar tecnología, ampliar mercados, integrar las cadenas de valor y generar condiciones para que las pequeñas y medianas empresas puedan invertir y crecer.

La transición tecnológica, la inteligencia artificial, la energía, la minería, la infraestructura y el sistema científico deben formar parte de esa discusión.

En este punto existe una oportunidad para ampliar la convocatoria política. La construcción de una alternativa nacional necesita incorporar a empresarios productivos, trabajadores, universidades, científicos, cooperativas, profesionales y actores de la economía del conocimiento. No como sectores invitados a respaldar un programa elaborado previamente, sino como protagonistas de su construcción.

La unidad del peronismo sigue siendo la cuestión central

La proyección presidencial de Kicillof se desarrolla en un escenario donde la disputa por la conducción del peronismo continúa abierta.

Las conversaciones con Sergio Massa, Máximo Kirchner y otros dirigentes para coordinar posiciones sobre el Presupuesto 2027 y las PASO muestran que todavía existen canales de diálogo. Pero las coincidencias tácticas no deben confundirse con un acuerdo político de fondo.

El MDF busca consolidar autonomía y capacidad de decisión. El kirchnerismo procura conservar su influencia política y el massismo mantiene su propio espacio de construcción.

La relación con Cristina Fernández de Kirchner es particularmente importante. Kicillof necesita construir su liderazgo sin desconocer la gravitación política de la expresidenta, pero también sin quedar condicionado por una disputa interna que termine limitando sus posibilidades de expansión.

No se trata necesariamente de resolver la discusión mediante una subordinación de una parte a otra. Se trata de encontrar un acuerdo político que permita reconocer nuevos liderazgos, preservar las identidades existentes y construir una estrategia común.

La discusión sobre las PASO también tiene relevancia. Su continuidad podría ofrecer un mecanismo institucional para resolver las candidaturas. Su eliminación, en cambio, obligaría a encontrar otros procedimientos de negociación y selección que eviten que la competencia interna termine debilitando al conjunto.

De la provincia al país: el verdadero desafío

Kicillof tiene una base política concreta. Cuenta con intendentes, legisladores, funcionarios, equipos técnicos y una identidad reconocible dentro del peronismo. Su gestión bonaerense le proporciona una plataforma de proyección que otros dirigentes no tienen.

Pero su reconocimiento y su estructura política todavía necesitan crecer fuera de Buenos Aires.

La federalización no puede reducirse a una agenda de recorridas y adhesiones. Requiere incorporar a los actores productivos y políticos de cada región, reconocer sus particularidades y construir una propuesta que contemple las diferencias entre las economías provinciales.

La Argentina no tiene una estructura productiva homogénea. Las necesidades de la Patagonia energética y minera no son las mismas que las del complejo agroindustrial del centro, las economías regionales del NOA y el NEA o el entramado industrial bonaerense.

Un proyecto nacional debe ser capaz de integrar esas realidades en una estrategia de desarrollo compartida.

También necesita recuperar una mayoría social que vaya más allá de la estructura tradicional del peronismo. Trabajadores formales e informales, sectores medios, jóvenes, pequeños productores, PyMEs, cooperativas y profesionales deben encontrar en esa propuesta una perspectiva de futuro.

Una oportunidad política que todavía debe convertirse en liderazgo

La construcción de Axel Kicillof hacia 2027 tiene avances concretos. Existe una estructura política en desarrollo, una voluntad de expansión federal y un espacio de elaboración programática. No es una candidatura improvisada ni una expresión de deseos.

Pero todavía debe resolver cuestiones fundamentales: ampliar su representación nacional, consolidar una propuesta económica integral, construir una nueva mayoría social y encontrar una forma de convivencia política con los distintos sectores del peronismo.

La principal pregunta ya no es si Kicillof quiere ser presidente. Es si podrá construir una coalición política, social y económica capaz de sostener un proyecto de gobierno.

En ese camino, la relación con el mundo productivo, tecnológico, científico y empresarial puede convertirse en un factor decisivo. La Argentina necesita recuperar capacidad de crecimiento, pero también discutir qué lugar quiere ocupar en la nueva economía mundial.

El desafío de Kicillof será transformar su liderazgo bonaerense en una conducción nacional capaz de ofrecer algo más que una respuesta electoral al mileísmo: un proyecto de desarrollo, producción, trabajo y soberanía económica.

La candidatura puede ser el punto de llegada de esa construcción. Pero la condición para que sea competitiva es que primero exista un proyecto nacional que le dé sentido.