En 2014, la ciudad cordobesa se convirtió en el punto de partida simbólico de Cambiemos, el origen geográfico que Mauricio Macri eligió para narrar el nacimiento de aquel espacio. Doce años después, con el triunfo de Germán Font sobre el PRO y la UCR, el peronismo le disputa ese mismo título fundacional.
El domingo a la tarde, en Marcos Juárez, un dato empezó a circular entre los operadores del cordobesismo antes de que cerraran las urnas: la ciudad que Macri bautizó “kilómetro cero” de Cambiemos estaba a punto de girar. No fue una sorpresa de último momento ni un rumor de mesa de café. Con apenas el 30 % de las mesas escrutadas, Germán Font ya sacaba más de 25 puntos de ventaja sobre Pedro Dellarossa, y esa diferencia, lejos de achicarse, terminó de consolidarse hasta el cierre del escrutinio.
Los números finales confirmaron la magnitud del vuelco. Font, candidato de Generación Marcos Juárez con el respaldo del cordobesismo de Martín Llaryora, obtuvo el 46,09 % de los votos frente al 19,99 % de Dellarossa, una brecha de más de 26 puntos que en términos absolutos significó 7.075 votos contra 3.069. Detrás quedaron Gerardo Pasquali, del espacio Marcos Juárez Despierta, con 17,31 %, y la vecinalista Verónica Crescente con 11,37 %.

Medio siglo de historia que se corta
El dato no es menor para la cronología política argentina. Después de 53 años sin gobernar el municipio, el peronismo recupera una intendencia que había sido, desde 2014, mucho más que una anécdota local. Fue la usina simbólica de un armado que después escaló a nivel nacional bajo el nombre Cambiemos. La victoria de Dellarossa en aquel momento, con el respaldo conjunto del PRO y la UCR, funcionó como prólogo de un ciclo que gobernó el país entre 2015 y 2019. Volver a perder ese territorio, para el espacio que hoy se referencia en Patricia Bullrich y Mauricio Macri, tiene un peso que excede el tablero cordobés.
Lo que Marcos Juárez expuso este domingo es, sobre todo, el costo de una fragmentación. El antiguo oficialismo llegó a la elección roto en pedazos. Dellarossa compitió con su propio sello, sin el acompañamiento formal de la UCR ni del PRO; Pasquali representó una línea más cercana al radicalismo; Crescente y Ana Claudia Elzaurdia salieron por otros costados de la misma matriz que gobernó la ciudad durante más de una década. Del otro lado, el peronismo hizo exactamente lo contrario. Unió, bajo la conducción de Eduardo Foresi al frente del PJ local, al cordobesismo de Llaryora, al Frente Renovador de Sergio Massa —que sumó un concejal en la lista triunfante— y al kirchnerismo, tres tribus que en la mayoría de los distritos argentinos siguen sin encontrar el mismo piso de entendimiento.
El pacto que no se dijo en voz alta
Detrás del resultado hay una decisión política menos visible pero determinante. Llaryora acordó con Javier Milei “municipalizar” la contienda, y La Libertad Avanza decidió no presentar candidato oficial en Marcos Juárez, lo que dejó a Font correr sin la injerencia de un tercer polo nacional que en otros distritos cordobeses sí compite con fuerza propia. El gobernador, además, evitó sumarse formalmente a los festejos —Font no corrió con el sello de Hacemos Unidos por Córdoba, sino bajo una identidad vecinal— pero no ocultó su satisfacción. Horas después del resultado saludó públicamente al intendente electo y lo recibirá este lunes en la Casa de Gobierno provincial.
“Es el kilómetro cero de la unidad peronista”, resumió, medio en broma y medio en serio, uno de los ministros que Llaryora envió a Marcos Juárez.
La lectura interna en el peronismo cordobés es que se trata del tercer batacazo en tres años con una misma marca de fábrica. Daniel Passerini en la capital cordobesa en 2023, Guillermo de Rivas en Río Cuarto en 2024, y ahora Font en Marcos Juárez. Un patrón que empieza a mostrar algo más que una serie de victorias aisladas, la construcción de un techo electoral que el cordobesismo va corriendo hacia arriba, distrito por distrito, mientras la oposición no logra resolver su propia interna.
Ausentismo récord y una advertencia hacia adentro
El otro dato que la elección dejó sobre la mesa fue la participación. Según la Junta Electoral, votó apenas el 62,5 % del padrón, unas 15.495 personas sobre 24.800 habilitadas, una cifra que marcó el récord histórico de ausentismo en la ciudad y quedó varios puntos por debajo del 69 % registrado en 2022. La lectura de ese número no es unívoca. Puede leerse como desafección generalizada con la política local o como el reflejo de una elección que, sin la irrupción de La Libertad Avanza, perdió parte del voltaje nacional que otras contiendas municipales vienen mostrando en el interior del país.
Puertas adentro de la oposición cordobesa, el golpe generó ruido inmediato. El diputado nacional Rodrigo de Loredo, cuyo espacio quedó fuera de la conducción de la lista derrotada, le envió un mensaje directo a los libertarios y a Luis Juez. Si no logran unificar una estrategia común de cara a la disputa por la gobernación, corren el riesgo de perder la provincia en 2027. La frase no es un dato menor para entender el mapa que se viene. Juez, que había respaldado a Dellarossa durante buena parte de la campaña —incluso cuando el candidato prometió el retorno de las cápitas del Pami al municipio— quedó señalado como uno de los principales derrotados de la noche, junto con Mauricio Macri y Fernando de Andreis, que hasta último momento presionaron para que el PRO le diera el sello a Dellarossa, sin éxito.
Un laboratorio para 2027
Marcos Juárez vuelve a mostrar, como en 2023 y 2024, un patrón que excede lo local. La oposición a Llaryora llega dividida y sin poder resolver internamente qué hacer con la presencia de La Libertad Avanza en el tablero cordobés, mientras el peronismo demuestra, elección tras elección, que la unidad de sus tribus internas sigue siendo el activo más rentable que tiene disponible. La pregunta que empieza a instalarse en el peronismo cordobés no es si el modelo puede repetirse en la disputa por la gobernación de octubre de 2027, sino qué precio interno habrá que pagar para sostenerlo hasta entonces. La ubicación de Font dentro del armado peronista provincial, de hecho, ya generaba discusiones el mismo domingo por la noche.
Lo que empezó siendo una elección municipal de poco más de 24.800 electores terminó funcionando, otra vez, como un termómetro adelantado de una pulseada que se juega en una escala mucho mayor.
MD/DPyE
