Kicillof respalda a Weretilneck para que INVAP amplíe un reactor nuclear argentino en Argelia

La Provincia de Buenos Aires otorgó un aval financiero por USD 6 millones para que Río Negro pueda respaldar un nuevo contrato de INVAP con Argelia. El proyecto busca llevar de 1 a 3,5 megavatios la potencia del reactor NUR, construido por la empresa rionegrina hace más de cuatro décadas.

 


Una operación financiera entre dos provincias gobernadas por dirigentes políticamente alejados puede terminar sosteniendo uno de los activos tecnológicos más importantes que tiene la Argentina: su industria nuclear.

El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, consiguió el aval de Axel Kicillof para respaldar por hasta USD 6 millones un anticipo financiero vinculado con el contrato de INVAP para modernizar el reactor NUR, instalado en Argelia. El aval bonaerense fue otorgado a través del Banco de la Provincia de Buenos Aires y tiene vigencia hasta mayo de 2030.

El dato político es significativo: Kicillof respalda una operación de una empresa estatal rionegrina cuyo gobernador mantiene una alianza política con el gobierno de Javier Milei. Pero, en este caso, la discusión partidaria queda relegada frente a un interés más amplio: sostener una exportación tecnológica argentina de alto valor agregado.

Un reactor que lleva la marca argentina

El NUR no es un proyecto nuevo. Fue construido por INVAP en Argelia durante la década de 1980 y comenzó a funcionar en 1989. Fue la primera exportación de un reactor nuclear de investigación realizada por la Argentina.

El reactor fue diseñado para producir radioisótopos, realizar investigaciones científicas y formar especialistas. También permitió que la Argentina transfiriera conocimiento y capacitara a profesionales argelinos.

Ahora INVAP trabaja en su modernización para elevar su potencia de 1 a 3,5 megavatios. El proyecto también está vinculado con instalaciones destinadas a la producción de radioisótopos y otros desarrollos relacionados con la actividad nuclear.

La importancia del contrato excede, por lo tanto, los USD 6 millones del aval. Se trata de mantener una relación tecnológica construida durante más de 40 años y de demostrar que una empresa argentina puede volver sobre una instalación que construyó décadas atrás para actualizarla con tecnología propia.

¿Por qué interviene Buenos Aires?

El mecanismo es relativamente sencillo. Para ejecutar el contrato internacional, INVAP necesita garantías financieras. Río Negro respalda la operación y afecta recursos provinciales —entre ellos regalías hidrocarburíferas y recursos de coparticipación— como respaldo.

A su vez, el Banco Provincia aparece como entidad financiera que otorga la garantía. Por eso era necesario que Buenos Aires autorizara la operación. El aval de Kicillof permite completar la estructura financiera necesaria para que el contrato pueda avanzar.

No se trata, entonces, de que la Provincia de Buenos Aires esté financiando directamente la construcción del reactor. Está dando una garantía para facilitar una operación internacional de una empresa pública de otra provincia.

Y hay un antecedente que explica por qué el Banco Provincia tiene un papel en este tipo de operaciones: según la información publicada sobre el caso, la entidad bonaerense viene otorgando desde hace años avales internacionales vinculados con proyectos nucleares argentinos en el exterior.

La importancia de INVAP

El caso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que suele quedar fuera de las discusiones económicas: la Argentina no solamente exporta alimentos, energía o minerales. También puede exportar tecnología.

INVAP tiene más de cuatro décadas de experiencia en el sector nuclear y desarrolló proyectos para distintos países. Su actividad incluye reactores de investigación, plantas de radioisótopos, sistemas de control, ingeniería y modernización de instalaciones nucleares.

El NUR fue uno de los primeros grandes ejemplos de esa capacidad. Después llegarían otros contratos internacionales, como el reactor OPAL de Australia y el ETRR-2 de Egipto.

En todos estos casos hay algo en común: detrás del producto final existe una enorme cantidad de conocimiento acumulado, profesionales formados, proveedores industriales y empresas capaces de fabricar componentes y prestar servicios especializados.

Ese es precisamente el tipo de exportación que más le conviene a una economía como la argentina: vender conocimiento, tecnología y capacidad industrial, no solamente materias primas.

Una señal en medio de la discusión sobre el desarrollo

La operación tiene además una lectura política que va más allá de Kicillof y Weretilneck.

Mientras el debate económico argentino suele concentrarse en el déficit fiscal, el dólar, la deuda o las inversiones extractivas, este episodio muestra otra dimensión del desarrollo: el Estado como organizador de capacidades tecnológicas que después pueden generar negocios en el mercado internacional.

Río Negro mantiene la propiedad de INVAP. Buenos Aires aporta, en este caso, capacidad financiera a través de su banco público. Argelia contrata tecnología argentina.

Tres actores públicos y una empresa tecnológica estatal terminan articulando una operación que permite vender conocimiento argentino en el exterior.

No es una cuestión menor.

La experiencia de INVAP demuestra que una empresa pública puede competir internacionalmente cuando existe continuidad institucional, inversión en investigación, formación de recursos humanos y una estrategia de largo plazo.

El desafío para la Argentina no debería ser solamente conservar esas capacidades, sino convertirlas en una política industrial y tecnológica de alcance nacional.

El reactor NUR comenzó como una exportación argentina en los años 80. Cuatro décadas después, vuelve a ser una muestra de que la tecnología desarrollada en el país puede tener mercado internacional.

Y también de que, cuando se coordinan Estado, banca pública, empresas tecnológicas y política exterior, una operación que comienza con una garantía financiera puede terminar sosteniendo algo mucho más valioso: la capacidad argentina de producir y exportar conocimiento.

 

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