Corrupción y economía en rojo: el combo que le complica 2027 a Milei

La salida de Manuel Adorni del Gobierno no cerró el escándalo: lo profundizó. Mientras la Justicia empieza a mirar de dónde salió la plata de su entorno, las encuestas más recientes muestran a Axel Kicillof ganando con comodidad un hipotético balotaje, y la economía real —la que se mide en fábricas, changas y salarios— sigue sin despegar. El sostén que hoy explica la estabilidad del Gobierno no viene de la city porteña, sino del Tesoro de Estados Unidos.

Lo que empezó como un escándalo y se convirtió en una trama

Cuando Manuel Adorni renunció a la Jefatura de Gabinete, a fines de junio, el Gobierno lo presentó como un cierre de etapa: un funcionario que se iba, un recambio ordenado, la agenda económica lista para seguir sin sobresaltos. Pero la salida de Adorni no cerró nada. Abrió la puerta a algo más grande: una investigación judicial que empezó mirando un viaje privado a Punta del Este y terminó destapando propiedades no declaradas, una hipoteca que nadie había blanqueado y movimientos de criptomonedas por plataformas de todo el mundo.

La casa que Adorni compró en un country de zona norte, a nombre de su esposa, es hoy el centro de esa pesquisa. Los fiscales ya reconstruyeron cómo se pagó, quién prestó el dinero y qué inconsistencias hay entre lo que el funcionario declaró ganar y lo que efectivamente gastó. En agosto, la Justicia le va a pedir formalmente que explique el origen de esa plata. No es un trámite más: es el paso previo a una eventual indagatoria.

Lo importante no es solo el destino personal de un exfuncionario. Es lo que ese expediente empieza a sugerir: que detrás del helicóptero de un funcionario en apuros puede haber algo más parecido a un sistema. Sobresueldos, favores cruzados, contratistas amigos, dinero que entra y sale sin dejar demasiado rastro. Todavía no hay pruebas de que eso alcance a otros funcionarios del Gobierno, pero la sola posibilidad —una «casta» libertaria comportándose igual que la que juró combatir— es la que más lastima al electorado que en 2023 votó a Milei precisamente para terminar con eso.

Las encuestas: Milei gana la primera vuelta, pero pierde el balotaje

Durante meses, todas las mediciones coincidían en un dato: Milei le ganaba cómodo a cualquier rival en una hipotética segunda vuelta. Ese dato empezó a moverse. La consultora Delfos, que releva escenarios electorales de manera periódica, mostró en su última medición a Kicillof ganándole a Milei por una diferencia amplia —cerca de doce puntos— en un balotaje directo, y advirtió que esa ventaja del gobernador bonaerense se fue consolidando mes a mes, no que apareció de golpe.

No es la única. Otras dos consultoras, con metodologías distintas, también encontraron a Kicillof adelante o empatado en esa misma instancia. La explicación es sencilla: en la primera vuelta, el voto opositor se reparte entre varios candidatos y Milei aprovecha esa dispersión para quedar primero con comodidad. Pero en un mano a mano, todo ese voto que hoy está repartido se termina juntando en torno a un solo nombre. Y ahí, por primera vez desde 2023, ese mano a mano ya no le sonríe al oficialismo.


Esta es la tendencia evolutiva: la ventaja de Kicillof se consolidó en los últimos meses, no apareció de un día para el otro.
— Síntesis editorial sobre el relevamiento de Delfos, julio 2026


Conviene aclarar que no todas las encuestas dicen lo mismo: hay consultoras que siguen viendo a Milei ganador incluso en el balotaje, y el propio promedio de mediciones sigue dándole ventaja al Presidente. Pero la tendencia de las últimas semanas, la que muestra a Kicillof creciendo justo en la instancia decisiva, es la que más preocupa puertas adentro del Gobierno, porque repite el mismo patrón que en 2023 le dio la victoria a Milei, solo que ahora jugando en contra.

La otra economía: la que no sale en los numeros de la city

El Gobierno festeja que baja el riesgo país, que la inflación se desacelera y que los bonos suben. Todo eso es real. Pero conviven con una segunda Argentina que no aparece en esos números: la de las fábricas que cierran, la de las changas que no alcanzan y la de los comercios de barrio con las persianas bajas. Desde que asumió Milei se cerraron más de 26 mil empresas, casi todas pymes, la peor cifra para los primeros dos años y medio de cualquier gobierno desde que hay registros —peor incluso que la crisis de 2001.

La industria acumula meses de caída, algunas fábricas producen con menos de dos tercios de su capacidad, y sectores como los textiles o la producción de autopartes muestran derrumbes de más del veinte por ciento en lo que va del año. El consumo de las familias, mientras tanto, encadena caídas interanuales casi sin pausa. Los sectores que sí crecen —el campo, la minería, la energía— generan pocos empleos y no alcanzan a compensar lo que se pierde en el resto del entramado productivo. Es lo que varios economistas empezaron a llamar «las dos Argentinas»: una que crece en los números agregados, y otra que se sigue hundiendo en el día a día.

Esa distancia entre la macro que mejora y el bolsillo que no lo siente es, según coinciden distintos relevamientos, uno de los principales motivos por los que la imagen del Gobierno se deteriora incluso entre quienes lo votaron en 2023. No es una sola causa; es la acumulación de meses de ajuste sin que la changa vuelva, sin que el sueldo le gane a los precios, sin que la fábrica del barrio reabra.

El salvavidas de Washington

Buena parte de la calma financiera que el Gobierno exhibe como su principal logro no depende, en rigor, de la economía argentina: depende de un préstamo. El Tesoro de Estados Unidos, a través de su secretario Scott Bessent, le abrió a la Argentina una línea de intercambio de monedas por 20 mil millones de dólares, con la que el país puede pagar deuda si no consigue financiarse por sus propios medios en los mercados internacionales. Ese acuerdo ya se usó una vez, a fines del año pasado, para hacer frente a vencimientos que la Argentina no podía cubrir sola.

El respaldo de Washington no es solo financiero: también es político. Voceros del Tesoro estadounidense elogiaron en varias oportunidades el rumbo económico de Milei y llegaron a señalar, sin demasiados rodeos, que una victoria electoral del oficialismo en 2027 fortalecería esa relación. Es decir: el sostén externo no es un gesto desinteresado, viene atado a que el proyecto político de Milei siga en pie. Eso deja al Gobierno en una posición incómoda de cara a las presidenciales: gran parte de la estabilidad que puede mostrar en campaña depende de una ayuda externa que, a su vez, depende de que ese mismo Gobierno gane la elección.

Diagnóstico: un Gobierno que se sostiene en tres patas cada vez más débiles

Tomados por separado, ninguno de estos tres frentes alcanza para explicar por qué Milei empieza a mostrar signos de desgaste. Juntos, sí. La investigación judicial que rodea a Adorni erosiona exactamente el argumento con el que el Gobierno construyó su identidad —la lucha contra la casta— y golpea más fuerte a quienes lo votaron por eso, no a los convencidos ideológicamente. La economía real, la que no se mide en riesgo país sino en changas y fábricas, desgasta al votante que esperaba una mejora concreta en su bolsillo y todavía la está esperando. Y la dependencia de un salvavidas financiero externo deja en evidencia que buena parte de la estabilidad actual no nace de una recuperación genuina, sino de un apoyo condicionado a que el propio Gobierno siga en el poder.

Una encuesta de Praxis Consultora, realizada en mayo, había anticipado por qué ese combo puede pegar de manera despareja: no todos los que votaron a Milei en 2023 lo hicieron por el mismo motivo. Están los que comparten sus ideas de fondo y esos, en general, no se mueven pase lo que pase. Están los que confiaban en que iba a ordenar la economía, y a esos les pesa cada changa perdida. Están los que estaban hartos de la política tradicional, y a esos les pesa cada nueva sospecha de corrupción. Y están los que en 2023 no votaron tanto a favor de Milei como en contra de que volviera el kirchnerismo —y son, justamente, los que hoy aparecen dudando en el escenario de balotaje, donde ya no alcanza con espantar al rival: hay que elegir entre dos opciones concretas.

El diagnóstico, con los datos disponibles hacia mediados de julio, es el siguiente: el núcleo duro del oficialismo se mantiene firme y eso le sigue asegurando a Milei el primer lugar en cualquier primera vuelta. Pero la base que lo llevó a la presidencia era, desde el principio, más ancha que ese núcleo, y es justamente esa parte más ancha la que empieza a moverse —por el bolsillo, por la sospecha de corrupción, o por las dos cosas a la vez—. Mientras la Justicia avanza sobre el patrimonio de Adorni, la economía real no termina de reactivarse y el sostén financiero sigue llegando desde Washington, el oficialismo llega a la recta final hacia 2027 con más preguntas que certezas sobre si podrá repetir, en una segunda vuelta, la hazaña de 2023.

 

REDACCION DATA  POLITICA Y ECONOMICA

 


Fuentes consultadas

Praxis Consultora, «Los cuatro electorados de Milei» (mayo 2026); Delfos, escenarios electorales 2027 (mayo-julio 2026); Explanans Consultoría Estratégica (mayo-junio 2026); Proyección Consultores (julio 2026); cobertura judicial de la causa Adorni vía Chequeado, Infobae, Política Argentina, El Ciudadano y BAE Negocios; datos de actividad industrial y cierre de empresas del Centro de Investigación del Ciclo Económico (CICEc), el Monitor de Empresas de Fundar y consultora I+D; información sobre el swap con el Tesoro de Estados Unidos vía Infobae y Perfil, con declaraciones del secretario Scott Bessent.


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