Un informe de la consultora Praxis, dirigido por la politóloga Eugenia Soler, proyecta que la capital rionegrina puede capturar buena parte del valor generado por Argentina LNG, el desarrollo de GNL y el oleoducto Vaca Muerta Sur. Pero el propio estudio expone la fragilidad estructural detrás del dato más celebrado de Viedma: un desempleo del 2,1% sostenido casi exclusivamente por el Estado. Leído con las categorías de la economía estructuralista argentina, el diagnóstico actualiza —con otro nombre y otra geografía— la vieja tensión entre economía de enclave y desarrollo con derrame territorial.
Por DATA Política y Económica
La cifra ordena todo el resto: unos 48.000 millones de dólares proyectados para la costa rionegrina en la próxima década, repartidos entre el megaproyecto Argentina LNG (30.000 millones), el desarrollo global asociado al gas natural licuado (15.000 millones) y el oleoducto Vaca Muerta Sur (3.000 millones). Es, en términos absolutos, uno de los mayores flujos de inversión que haya recibido la Patagonia en su historia reciente. Y es, también, la clase de número que en la tradición del pensamiento económico argentino enciende una alarma antes que un festejo: la de que la escala de la inversión diga poco sobre la escala del desarrollo.

Un informe de la consultora Praxis, presentado esta semana por su directora, la politóloga Eugenia Soler, en el programa Tocá Madera de Radio Noticias (105.5 MHz), intenta responder precisamente esa pregunta: cuánto de esos capitales puede convertirse en desarrollo con arraigo territorial y cuánto está condenado a atravesar la provincia sin dejar más que regalías y empleo transitorio de obra. «Nos planteamos un interrogante de cara al futuro: estas inversiones están llegando, pero ¿cuánto de esto va a poder convertirse en capital para la provincia?», planteó Soler.
Viedma como cabecera de servicios, no como enclave portuario
El estudio ubica a la capital rionegrina en un lugar singular dentro del tablero: aunque los puertos, las plantas de procesamiento y la infraestructura pesada del corredor energético se levanten a kilómetros de distancia —en Sierra Grande, San Antonio Este o Valcheta—, Viedma concentra la mayor densidad institucional, científica y académica de la región. «Viedma es la localidad con mayor potencial de captura de valor», sostuvo Soler, apoyada en la idea de que la universidad, los organismos de gobierno y la masa de profesionales instalados en la ciudad son un activo tan relevante como cualquier infraestructura física.
El razonamiento no es menor. Buena parte de la literatura sobre el boom de los recursos naturales —desde Vaca Muerta hasta el litio del NOA— coincide en que el valor agregado más difícil de repatriar no es el que se genera en el yacimiento o en la planta, sino el que se produce en los eslabones de ingeniería, agrimensura, gestión ambiental, servicios financieros y consultoría técnica que rodean al proyecto. Si esos eslabones se resuelven en Buenos Aires, en Houston o en un escritorio de Neuquén capital, la renta de la explotación deja regalías, pero exporta el margen más sofisticado —y más permanente— de la cadena de valor. El informe de Praxis apuesta, en ese sentido, a que Viedma pueda ser la sede de esos servicios calificados antes que un simple punto de paso en el mapa.
La paradoja viedmense: pleno empleo sin mercado laboral privado
Ahí aparece, sin embargo, el dato que el propio estudio bautiza como «la paradoja viedmense». Según los registros oficiales del Indec para el primer trimestre del año, la ciudad exhibe una tasa de desempleo del 2,1%, la segunda más baja de la Argentina. Leído de manera aislada, el número es un activo político de primer orden para cualquier gestión. Leído con atención, describe un mercado de trabajo que funciona casi exclusivamente por la vía del empleo público: universidades, organismos provinciales y nacionales, administración municipal. «Es un número fantástico, muy positivo para cualquier gestión, pero el gran desafío radica en que ese porcentaje está sostenido casi exclusivamente por el empleo público», advirtió Soler.
La paradoja no es nueva en la economía política argentina, aunque rara vez se la nombra en estos términos en el ámbito local: una estructura ocupacional de pleno empleo aparente, pero de baja densidad de mercado, es tan frágil ante un shock de ajuste fiscal como una estructura de desempleo abierto lo es ante un shock de demanda. La diferencia es que la primera se disfraza de fortaleza mientras dura. El desafío que plantea Praxis —reconvertir esa fuerza laboral hacia servicios privados calificados— no es entonces un capricho de manual de management regional, sino una condición de sostenibilidad: sin esa reconversión, la ciudad llega a la ola de inversión con una estructura de empleo que no está preparada para absorberla ni para sobrevivirla.
El fantasma del enclave: una discusión que la Argentina ya conoce
El escenario que Soler describe como «pesimista» —un bajo derrame local, con los contratos de mayor valor agregado tercerizados en centros urbanos ajenos a la provincia— es, en el lenguaje de la tradición estructuralista argentina, la actualización patagónica de un problema centenario: la economía de enclave. Desde las explotaciones mineras del norte hasta los complejos petroleros patagónicos del siglo XX, el patrón se repite con variaciones: capital extranjero o extra-regional, tecnología importada, mano de obra calificada traída desde afuera y una porción marginal del valor generado que efectivamente arraiga en el territorio. «Si no actuamos rápido, corremos el riesgo de transformarnos en un simple enclave exportador y de que la renta se fugue de Río Negro», sintetizó la directora de Praxis, en una frase que podría haber firmado cualquiera de los economistas de la escuela desarrollista de los años sesenta.
La diferencia, en este caso, es que el informe no se limita a describir el riesgo: propone una arquitectura de complementariedad regional para conjurarlo. Sierra Grande como epicentro exportador de petróleo; San Antonio Este como nodo de procesamiento de gas; Valcheta como nexo logístico terrestre; Viedma como capital intelectual, financiera y tecnológica; y el Valle Inferior y la zona de Conesa garantizando la soberanía alimentaria de la masa de trabajadores que la actividad hidrocarburífera atraerá a la región, a partir de frutos secos, ganadería, lácteos, horticultura intensiva, forrajes y turismo de naturaleza. Es, en esencia, una apuesta a que la región funcione como sistema antes que como archipiélago de localidades compitiendo por la misma inversión. «La clave no está en competir entre las localidades de la región, sino en entender y potenciar las especificidades de cada una de ellas para complementarse», resumió Soler.
Tres escenarios a 2035 y una pregunta de fondo
El informe de Praxis proyecta tres escenarios posibles hacia 2035, definidos por el grado de articulación que logren alcanzar el Estado, las universidades y el entramado empresarial local. El punto que la nota deja en evidencia —y que excede el propio estudio— es que ninguno de esos tres escenarios se resuelve con más inversión externa. Se resuelve con capacidad estatal: política educativa superior orientada a las competencias que demandará el sector energético, instrumentos de compre local y desarrollo de proveedores, y una decisión política explícita de que la renta hidrocarburífera no sea solo regalía contable, sino la base de un entramado productivo con proyección más allá del ciclo de la obra.
En ese sentido, el estudio de Praxis funciona menos como un pronóstico que como una advertencia con fecha de vencimiento. La ventana de oportunidad que describe —la posibilidad de que Viedma y su región capturen valor en lugar de limitarse a administrar el paso de las inversiones— no depende de la geología ni del precio internacional del gas, sino de decisiones de política pública que, según el propio informe, ya deberían estar tomándose. «De la velocidad y la inteligencia con la que se articulen hoy las decisiones políticas dependerá que esta histórica marea de recursos eche raíces profundas en el territorio», concluyó Soler. Es, dicho de otro modo, la misma pregunta que la Argentina se hace cada vez que descubre un nuevo recurso: si esta vez el desarrollo va a derramar, o si otra vez el país —o la región— va a mirar pasar la riqueza desde la costa.
EL DATO EN NÚMEROS
| Inversión total proyectada | ≈ US$ 48.000 millones |
| Argentina LNG | US$ 30.000 millones |
| Desarrollo global de GNL | US$ 15.000 millones |
| Oleoducto Vaca Muerta Sur | US$ 3.000 millones |
| Desempleo en Viedma (1er trim. 2026, Indec) | 2,1% — 2ª tasa más baja del país |
| Horizonte de proyección del informe | 2035, en tres escenarios alternativos |
Fuente: informe de la consultora Praxis (dir. Eugenia Soler), declaraciones al programa Tocá Madera de Radio Noticias 105.5 MHz, y registros oficiales del Indec. Elaboración: DATA Política y Económica.
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