El Parque de la Innovación, el gran baldío que expone el fracaso de la gestión Macri

Con más de 1.100 millones de pesos de presupuesto y sin resultados a la vista, el predio de Núñez se sostiene con el alquiler de oficinas y gazebos. La administración porteña elude explicaciones mientras las universidades y las viviendas de lujo prometidas siguen sin aparecer.


Casi siete años después de que Horacio Rodríguez Larreta lo presentara como la punta de lanza de un supuesto Silicon Valley porteño, el Parque de la Innovación de Núñez es hoy, sobre todo, una extensión de pastizales altos, chapas verdes y carteles descoloridos.

El predio del ex Tiro Federal, pensado para albergar universidades de elite, empresas de base tecnológica y viviendas premium, funciona apenas como sede de un centro de capacitación digital y como fuente de ingresos por alquiler de oficinas y gazebos para eventos.

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JORGE MACRI  – HERNAN LOMBARDI

La herencia de la gestión anterior es, en los papeles, la explicación oficial. Pero el desmanejo tiene nombre y apellido propios en la administración de Jorge Macri, que lleva más de dos años y medio al frente del Gobierno porteño sin destrabar un proyecto que depende, en última instancia, de decisiones políticas y presupuestarias que están en sus manos.

Un ente con presupuesto multimillonario y sin resultados

El Ente Público No Estatal Parque de Innovación, creado para «coordinar, impulsar y dar desarrollo» al predio, administra un presupuesto asignado de 1.151.105.259 de pesos. Está a cargo del ex legislador porteño Yamil Santoro, hoy funcionario de la gestión Macri. Consultada por este medio, la administración del ente se negó a responder preguntas sobre el estado de las obras, el destino de los fondos o los motivos de la parálisis.

La única actividad económica verificable que genera el organismo es el cobro de alquileres por el uso de oficinas y por la locación de gazebos para eventos privados. No hay licitaciones en marcha, no hay cronogramas de obra públicos y no hay rendición de cuentas accesible sobre la ejecución de un presupuesto que supera los mil cien millones de pesos.

Esa combinación (fondos públicos cuantiosos, silencio administrativo y ausencia total de obra física) es el terreno donde crecen las sospechas de manejo discrecional o directamente irregular de los recursos. Ningún organismo de control porteño ha informado hasta ahora una auditoría pública sobre el uso de ese presupuesto, y la falta de transparencia del propio ente alimenta la desconfianza antes que disiparla.

Universidades fantasma y viviendas que nadie ocupa

El plan original preveía sedes de universidades como la Di Tella y el ITBA, presentadas en su momento con renders de estudios de arquitectura de vanguardia. Hoy, detrás de las chapas verdes que anuncian esas construcciones, sólo hay terrenos baldíos con pastizales de más de un metro de altura. Los carteles institucionales que prometían un «entorno flexible y estimulante» perdieron el color con los años de exposición al sol y la lluvia, una metáfora involuntaria pero elocuente del proyecto completo.

En paralelo, los desarrollos de vivienda de lujo vendidos en pozo a valores comparables con los de Palermo permanecen vacíos. Cientos de compradores que apostaron a la promesa de Larreta primero y de Macri después esperan desde hace años una zona que, según reconocen fuentes del propio desarrollo inmobiliario porteño, no ofrece hoy ningún atractivo para vivir: sin comercios consolidados, sin vida nocturna y con serios problemas de conectividad.

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Parque de la innovacion – Estado actual.

La responsabilidad que Macri no asume

Puertas adentro del Gobierno porteño circula el argumento de la «pesada herencia»: la idea de que Larreta apuró a privados como Sancor Seguros para invertir en el Parque sin que existiera un interés real de mercado. Es un diagnóstico que puede compartirse en parte, pero que no exime a la actual gestión de su propia inacción. Jorge Macri gobierna la Ciudad desde diciembre de 2023 y en ese tiempo no logró destrabar la remediación de suelos, no consiguió acelerar ni una sola obra universitaria y tampoco garantizó la conectividad mínima (el prometido trambús eléctrico a Ciudad Universitaria) que el propio predio necesita para dejar de ser una isla.

Tampoco prosperó la vieja idea de trasladar el estadio Monumental a un terreno lindero para liberar circulación y densificar la zona. River optó por instalar allí un centro de entrenamiento profesional, lo que sepultó de hecho cualquier chance de reconvertir el entorno inmediato al estadio y dejó en pie el problema de siempre: cuando juega el Millonario, entrar o salir de Núñez es prácticamente imposible.

Mientras el organismo que debería motorizar el parque se limita a cobrar alquileres y a mantener oficinas administrativas, la obra pública que sí avanza en la zona (la ampliación de la avenida Campos Salles y la remodelación del Cenard) demuestra que la gestión Macri puede ejecutar cuando decide hacerlo. La pregunta que nadie en el Gobierno porteño quiere responder es por qué esa misma capacidad de gestión no se aplicó al proyecto insignia que la Ciudad sigue vendiendo como su apuesta tecnológica.

Un negocio inmobiliario sin desarrollo real

El único emprendimiento con avance físico verificable en la zona es el megacomplejo de lujo Udaondo, de la familia Werthein, que promete tres torres y un hotel sobre la avenida Libertador. Se trata, sin embargo, de un desarrollo ubicado fuera del perímetro formal del Parque de la Innovación, lo que reafirma la lectura de que el proyecto terminó funcionando, en los hechos, como un instrumento de valorización de tierras antes que como una política de desarrollo científico-tecnológico.

El Parque de la Innovación resume, en un solo predio de Núñez, varios de los rasgos estructurales de la gestión urbana porteña de los últimos años: anuncios grandilocuentes, promesas de modernización tecnológica sin contenido productivo real y una administración pública que termina funcionando como caja de rentas antes que como agente de desarrollo. Con Jorge Macri al frente de la Ciudad y sin señales de cambio de rumbo, la posibilidad de que el predio se convierta alguna vez en el prometido Silicon Valley porteño luce, siete años después, más lejana que nunca.

 


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