«Kicillof, Cristina y el riesgo de una fractura»

El gobernador bonaerense convocó a una cumbre del Movimiento Derecho al Futuro en La Plata y fijó postura ante el kirchnerismo: no habrá unidad con condicionamientos. En paralelo profundiza una coalición ampliada rumbo a 2027 y, en una entrevista con Gustavo Sylvestre en C5N, denunció una ofensiva del gobierno de Milei contra la Provincia.

Por la Redacción de DATA POLITICA Y ECONOMICA

Axel Kicillof eligió la Casa de Gobierno bonaerense para trazar, ante unos sesenta dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), una línea que hasta ahora prefería insinuar antes que declamar. Con intendentes, legisladores provinciales y un bloque de diputados nacionales que responden a La Plata, el gobernador fue categórico: no habrá unidad con condicionamientos, una frase dirigida sin nombrarla a La Cámpora que resume el punto de fricción central de la interna bonaerense. El sector que conduce Máximo Kirchner pretende condicionar su respaldo a una eventual candidatura presidencial de Kicillof; el gobernador, en cambio, reivindica la legitimidad de origen —haber ganado la gobernación en dos oportunidades— para no subordinar su proyecto nacional.

Massa, Máximo y Kicillof se reunieron en La Plata con foco en la crisis económica y la necesidad de unidad | Infocielo

El mecanismo que Kicillof reclamó para dirimir la disputa es una PASO o, si el Gobierno nacional avanza con su intención de eliminar esa herramienta electoral, una interna partidaria abierta; la opción no es menor. Kicillof llega a este cruce con una ventaja estructural: conduce el PJ bonaerense desde marzo, cuenta con el aparato de intendentes del conurbano y dispone de la estructura del Estado provincial. Son tres activos que en cualquier proceso de competencia interna pesan más que el prestigio simbólico remanente del kirchnerismo puro, y por eso el cálculo del entorno del gobernador es que una PASO, lejos de ser un riesgo, sería el mecanismo que terminaría de legitimar su candidatura ante los sectores del peronismo que todavía dudan.

La estrategia de Cristina Kirchner: retener la centralidad

Del otro lado del tablero la lectura es distinta. Cristina Kirchner ya adelantó que Kicillof no es su candidato, una definición que en el ambiente kirchnerista se interpreta como el primer paso de una estrategia orientada a evitar el terreno donde el gobernador se sabe más fuerte: la competencia interna.

La hipótesis que circula es que la expresidenta encabece una lista aun estando inhabilitada por la condena que le impuso la Justicia, forzando así a la Justicia electoral a explicitar una impugnación pública. El cálculo kirchnerista es que ese gesto le devolvería centralidad simbólica —la ex mandataria en los afiches, en la Boleta Única de Papel— sin necesidad de exponerse a una derrota en las urnas partidarias frente al aparato territorial de Kicillof. La incógnita que queda abierta en ese esquema es quién ocuparía el lugar de la fórmula; los nombres de Mariano Recalde y Wado de Pedro circulan como opciones para acompañar a la expresidenta.

La tensión no es solo por el método. Carlos Bianco, jefe de Gabinete bonaerense y mano derecha de Kicillof, cruzó públicamente a Máximo Kirchner y sostuvo que el candidato del espacio debe surgir de una PASO y no de una definición por default, la misma lógica que el gobernador desplegó en la cumbre de La Plata al pedirle a sus dirigentes que no respondan a las provocaciones. La conducción del MDF apuesta a mostrar disciplina y previsibilidad, un contraste deliberado frente a lo que describen como el desorden del otro sector.

La entrevista en C5N: «embestida» contra la Provincia y diagnóstico económico

Horas antes de la cumbre, Kicillof había estado en Ituzaingó encabezando una ronda de negocios con empresarios, cooperativas y representantes del sector productivo bonaerense, donde volvió a exponer su diagnóstico sobre el impacto de la política económica libertaria: desde diciembre de 2023 se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo registrados y cerraron 26.000 empresas en la Provincia, según los números que maneja su gestión.

Ya por la noche, en diálogo con Gustavo Sylvestre en C5N, el gobernador subió el tono. Calificó de embestida a la ofensiva discursiva que llegó desde la Casa Rosada luego de que el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, lo señalara como el peor gobernador de la historia bonaerense. Kicillof enmarcó esas críticas como una respuesta a los reiterados pedidos de Bianco para que la Nación salde las deudas que mantiene con la Provincia y con otros distritos, y fue explícito al despersonalizar el conflicto.


«No es una embestida contra mí, sino contra la provincia de Buenos Aires»  —Axel Kicillof, en C5N


El gobernador también leyó en clave política la llegada de Santilli al gabinete nacional, a la que asoció con una mayor presencia de dirigentes del PRO en los principales ministerios del Ejecutivo. Sostuvo que la administración libertaria concentra su agenda en dos objetivos electorales, la reelección de Milei y la disputa por la provincia de Buenos Aires, más que en resolver los problemas de gestión. Sobre el cuadro económico general insistió con la caracterización que viene sosteniendo desde marzo, cuando calificó al esquema oficial de caprichoso, dogmático y destructivo, con riesgo de reprimarizar la estructura productiva argentina y erosionar a la clase media.

Gobernadores, radicales, sindicatos y el salto internacional

Mientras dirime la interna partidaria, Kicillof avanza en simultáneo con un proyecto de escala mayor: una coalición que exceda las fronteras del peronismo. El propio gobernador lo formuló ante la agencia Reuters al describir conversaciones en curso para construir un frente que incluya a fuerzas políticas opositoras a Milei más allá del universo justicialista. La semana en que firmó convenios de Provincia Leasing por más de 4.000 millones de pesos, la foto de la Casa de Gobierno incluyó intendentes radicales junto a alcaldes de distintas tribus del PJ, entre ellos referentes del Movimiento Evita y de sectores próximos a La Cámpora, un gesto que buscó mostrar amplitud sin resignar el control del aparato bonaerense.

En el plano de los gobernadores, el núcleo duro que acompaña a Kicillof está integrado por Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y Elías Suárez (Santiago del Estero), con quienes ya firmó un documento conjunto de rechazo a la reforma laboral impulsada por el oficialismo. El mundo sindical, en particular la CGT, lo percibe como interlocutor válido, un activo relevante frente a un kirchnerismo con el que buena parte de la dirigencia gremial mantiene distancia. La estructura de intendentes del MDF, cerca de cincuenta jefes comunales mayoritariamente enfrentados con el camporismo, completa el tablero territorial.

El armado también tiene una pata internacional. En su viaje a España, Kicillof combinó agenda económica, con reuniones con la vicepresidenta segunda española Yolanda Díaz y con ejecutivos interesados en invertir en la Provincia, con gestos de posicionamiento externo: encuentros con los presidentes Lula da Silva, Gustavo Petro y Yamandú Orsi, centrados en la construcción de alianzas regionales.

Consultado sobre una eventual candidatura presidencial, el gobernador evitó la definición directa y apeló a una fórmula ambigua sobre estar disponible en función de una construcción colectiva y no de una ambición personal, la misma respuesta que dio en la cumbre de La Plata: primero el armado, después los nombres.

 La reforma electoral.

Hay, sin embargo, una variable que corre por una vía paralela y que puede alterar el cálculo que Kicillof construye. Diego Santilli, además de administrar el enfrentamiento discursivo con la Provincia, encabeza en el Congreso la negociación de una reforma electoral cuyo objetivo declarado es suspender, si no eliminar directamente, las PASO para 2027. La lectura de Casa Rosada, confirmada por distintas fuentes legislativas, es que la primaria abierta funciona hoy como el mecanismo que le permitiría a la oposición llegar ordenada a la elección general detrás de un candidato único; sin ella, cada espacio queda obligado a resolver sus diferencias antes del cierre de listas, sin una instancia que dirima democráticamente entre liderazgos en pugna. El propio Mauricio Macri lo advirtió desde una lógica opuesta a la de Kicillof, pero con el mismo diagnóstico de fondo: la PASO es, ante todo, una herramienta de negociación entre socios de una coalición, y quien la elimina concentra poder de decisión en la cúpula partidaria.

El instrumento que usa Santilli para conseguir los votos que le faltan en el Senado, particularmente los de la UCR y de gobernadores peronistas no alineados con Kicillof, como Martín Llaryora en Córdoba, es la reinstalación de las listas colectoras. Se trata de un mecanismo virtualmente análogo a la vieja ley de lemas, que permitiría a un mismo espacio provincial presentar una lista propia de diputados nacionales colgada de la candidatura presidencial de Milei, sin necesidad de integrar una alianza formal con La Libertad Avanza. Para los gobernadores del interior el atractivo es doble: conservan autonomía territorial y evitan que el oficialismo les imponga un candidato violeta que dispute su reelección local, mientras suman la tracción de votos que arrastra la figura presidencial.

El corolario político tiene, además, un segundo destinatario. El esquema le resuelve a Milei el problema de bloquear cualquier candidato alternativo que pueda disputarle el liderazgo dentro del espacio de centroderecha, empezando por Mauricio Macri y Patricia Bullrich; sin PASO nacional, ninguno de los dos conserva una instancia formal donde medirse contra el Presidente dentro de una misma coalición.

Si esta hipótesis de trabajo se confirma, el planteo de Kicillof en la cumbre de La Plata —una PASO o una interna partidaria como mecanismo para dirimir la candidatura opositora— queda directamente sin objeto.

La definición de quién encabeza la oferta peronista, o del espacio más amplio que intenta construir el gobernador, volvería a depender de un acuerdo de cúpulas o de una interna puertas adentro, exactamente el escenario que buscó evitar al reclamar una instancia con reglas claras y participación de toda la ciudadania.

El regreso de las colectoras, además, introduce un incentivo adicional a la fragmentación: los gobernadores peronistas del Norte Grande y del interior que hoy dialogan con el MDF podrían encontrar más rédito inmediato en colgar su lista de diputados de la boleta de Milei que en sostener una construcción opositora de mediano plazo, lo que erosionaría por la base la coalición ampliada que Kicillof intenta armar desde hace meses.

Lectura política: ¿qué anticipa esto para 2027?

El movimiento de Kicillof combina dos tableros que hasta ahora corrían por separado y que empiezan a converger. Puertas adentro del peronismo, la exigencia de una PASO o una interna es la forma que encontró el gobernador para capitalizar su ventaja territorial y de aparato frente a un kirchnerismo que, leyendo correctamente esa asimetría, prefiere evitar la competencia directa y apostar a la centralidad simbólica de Cristina Kirchner.

Puertas afuera, la construcción de una coalición que incorpore radicalismo no macrista, socialismo, sectores empresarios, universidades y gobernadores del interior busca resolver un problema que el propio entorno del gobernador reconoce sin eufemismos: el peronismo, por sí solo, no alcanza hoy para derrotar a Milei en un ballotage presidencial.

Ese diagnóstico es compartido incluso por dirigentes ajenos al riñón kicillofista, como lo mostró la cumbre de Parque Norte, que reunió a más de 4.000 militantes en torno a una idea de peronismo amplio y sin liderazgos preexistentes. Es lo que explica por qué Kicillof empezó a hablar menos de peronismo y más de oposición, y por qué la etapa 2026 se define puertas adentro del MDF como el año de la construcción y no de las candidaturas.

La incógnita central de ese armado tiene nombre y apellido. Cristina Fernández de Kirchner conduce el PJ nacional, controla el Instituto Patria y mantiene un vínculo directo con la militancia territorial. Con esos tres resortes puede frenar cualquier ampliación que no responda a su conducción. Kicillof lo sabe, por eso apura los tiempos de su armado. Cuanto más sólido sea, menos margen le queda a la expresidenta para resistir.

Esa carrera contra el tiempo depende también de una variable ajena a los dos, el Gobierno nacional. La reforma electoral que negocia Santilli busca el resultado inverso al que necesita Kicillof: consolidar a Milei como candidato único de la derecha y dejar al peronismo sin la herramienta que podría ordenarlo detrás de un candidato de unidad. Si la suspensión de la PASO avanza con los votos de la UCR y de los gobernadores, el esquema que imaginó Kicillof en La Plata pierde el mecanismo institucional que lo sostenía.

De confirmarse ese escenario, la pregunta de fondo se profundiza en lugar de resolverse: ¿Quién conduce el peronismo y con qué reglas?.

El escenario mas temido

Sin PASO, sin interna partidaria y sin acuerdo de cúpulas, el peronismo puede terminar fracturado, con dos listas en 2027: una del MDF y otra del kirchnerismo. El sistema de ballotage vuelve esa división decisiva. La segunda vuelta se evita si un candidato saca el 45% de los votos, o el 40% con diez puntos de ventaja sobre el segundo. Un peronismo partido en dos no solo pierde votos propios, agranda la distancia de Milei respecto al segundo. Milei no necesita crecer para ganar en primera vuelta, le alcanza con sostener su nucleo actual. Solo necesita que la oposición se divida.

 


Data lo hacemos entre todos. Para lectores q saben que si la información es poder, la información que circula es poder que se democratiza. Si te gusta lo que publicamos y querés que lo sigamos haciendo, podés darnos una mano en el siguiente link: https://cafecito.app/dpye          Muchas gracias.