El índice mayorista enciende alarmas: la inflación de marzo llegó al 3,4% y complica las promesas de abril

El Índice de Precios Internos al por Mayor se aceleró 2,4 puntos respecto a febrero, igualó al IPC y deja un arrastre que tensiona la meta del equipo económico justo cuando Caputo prometió los mejores 18 meses en décadas.


El dato llegó este jueves y no fue una sorpresa agradable para el Palacio de Hacienda. El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) cerró marzo en 3,4%, una aceleración de 2,4 puntos porcentuales respecto al 1% registrado en febrero, y quedó empatado con el Índice de Precios al Consumidor del mismo mes. En el acumulado del primer trimestre, los precios mayoristas ya suman 6,1%, una cifra que roza el 10,1% proyectado en el Presupuesto para todo 2026.

El número importa más de lo que parece. El IPIM no mide lo que paga el consumidor en la góndola, sino lo que paga la cadena antes de llegar ahí: los insumos, la energía, los bienes intermedios. Es, en términos técnicos, un indicador adelantado. Lo que se encarece hoy en la fase mayorista tiende a trasladarse a los precios minoristas en las semanas siguientes. Y ese traslado prospectivo es el que preocupa, porque el ministro Luis Caputo acaba de prometer públicamente que «a partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación muy importante» y que se vienen «los mejores 18 meses de la Argentina en las últimas dos décadas».

El petróleo como protagonista inesperado

Dentro de los productos nacionales —que subieron 3,5% y son el principal componente del índice— el salto más violento fue el de petróleo crudo y gas, con un incremento de 27,3% mensual. El detonante fue externo: la escalada del conflicto en Medio Oriente impactó sobre los precios internacionales del crudo y se trasladó de forma directa al segmento energético local. Sólo ese rubro explicó cerca del 82% de la suba total del IPIM.

El efecto derrame ya se hizo visible hacia abajo en la cadena: los productos refinados del petróleo aumentaron 6,6%, los manufacturados subieron 2,3% y la energía eléctrica trepó 2,1%. Los alimentos y bebidas aportaron 0,31 puntos al índice. El único contrapeso fue el agropecuario, que retrocedió 3,2% y evitó que el resultado fuera todavía más alto. En el segmento de bienes importados, la suba fue más moderada —1,1%— gracias a la estabilidad del tipo de cambio durante el mes.

El precio de la carne sumó otro factor no menor: subió 5% en el período, con incidencia directa sobre el rubro alimentos, que acumuló una variación de 2,5% en el mes.

El problema del arrastre

Más allá de los datos de marzo, el debate técnico gira en torno al traslado real del mayorista al minorista. No es una ecuación mecánica: el IPIM excluye los servicios, un segmento que en marzo se aceleró por encima de los bienes. El rubro Vivienda, agua, electricidad y combustibles tuvo una variación del 3,7%, superior al nivel general. Eso significa que parte de las presiones inflacionarias de marzo no quedan capturadas en el mayorista pero sí llegan al bolsillo del consumidor.

Con todo, hay señales mixtas para abril. Los relevamientos de alta frecuencia en la primera semana del mes muestran una desaceleración en el rubro alimentos y bebidas. La consultora LCG detectó que los precios de ese segmento cayeron 0,4% respecto a la semana previa, compensando parte del ascenso registrado a fines de marzo. El promedio mensual de las últimas cuatro semanas se ubicó en 1,6%, una baja de 0,7 puntos. En esa misma línea, EconViews registró una tendencia similar en su propio relevamiento semanal. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta una inflación de 2,6% para abril, con una convergencia gradual hacia el 2% entre junio y julio, y 1,8% en agosto y septiembre. Para el cierre de 2026, el mercado anticipa una inflación en torno al 29,1%, casi 20 puntos por encima de lo contemplado en el Presupuesto.

El relato bajo presión

El propio Milei había utilizado el dato mayorista de febrero —cuando el IPIM perforó el 1%— para proyectar una inflación futura que «convergerá hacia el 10% anualizado». La Oficina de Respuesta Oficial del gobierno celebró en redes sociales ese resultado como anticipo de un IPC que «comenzaría con cero». El 3,4% de marzo dejó ese posteo en evidencia y forzó al equipo económico a reencuadrar el relato: los shocks son exógenos, transitorios, producto de la guerra en Oriente Medio y de la estacionalidad educativa de marzo. El argumento no es incorrecto, pero tampoco alcanza para sostener sin fricciones la promesa de los mejores 18 meses.

La variación interanual del IPIM en marzo fue del 27,9%, lo que ubica a los precios mayoristas en un rango todavía muy por encima de cualquier meta de estabilidad que el gobierno pueda presentar como hito. El 9,4% acumulado en el primer trimestre ya está a apenas 0,7 puntos de la proyección oficial para todo el año.

El arrastre del mayorista, la persistencia de la inflación en servicios y el componente energético con alta incertidumbre geopolítica configuran un escenario en el que la desaceleración prometida para abril es posible pero frágil. Caputo tiene tiempo hasta el dato de mayo para mostrar que el quiebre fue real. Hasta entonces, la promesa de los mejores 18 meses corre contra el reloj.

 

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA