Un foro virtual convocado por militantes peronistas de distintas provincias reunió a dirigentes de dos generaciones para analizar la crisis del movimiento, el impacto de las plataformas digitales en la organización política y las condiciones para construir una alternativa al gobierno de Milei. El encuentro intergeneracional evidenció la necesidad de ampliar los ámbitos de debate dentro del campo popular.
El Foro de ideas Transformar Argentina, junto a varias organizaciones a un conversatorio virtual bajo el nombre «¿Qué Argentina queremos construir?».
La presentación y coordinación estuvo a cargo de Héctor Sosa, Antonio Muñiz, Marcelo Cabeza y Raúl Rojas. Participaron dirigentes jóvenes junto a referentes con mayor trayectoria. El formato fue abierto: exposiciones de entre diez y veinte minutos, seguidas de debate.
Muñiz planteó el objetivo al abrir: «Generar pequeños espacios de debate, de discusión, de ideas, pequeñas islas de luz en una etapa tan oscura como la que nos toca vivir, tratar entre todos de encontrar un camino, una salida».
A partir de esa premisa, los expositores desarrollaron análisis sobre la crisis interna del peronismo, la relación entre tecnología y organización política, y el problema del poder.
Descalzo: «Nada de eso nos sirvió»
Nicolás Descalzo, dirigente del barrio de Boedo y panelista habitual en C5N, expuso primero. Tiene 24 años y fue parte del Frente de Todos. Su intervención se concentró en los errores de ese gobierno y en los obstáculos que, según su análisis, frenan al peronismo para ofrecer una alternativa electoral creíble.
«Estamos en el tercer año del gobierno de Milei y aún el peronismo no logra tener una síntesis razonable de lo que nos pasó como Frente de Todos», señaló. Identificó como problema central que durante esa gestión los dirigentes priorizaron sus propias disputas internas sobre las demandas de la población. «Haber hecho un gobierno donde todos los días, en lugar de levantar la agenda de los problemas cotidianos de la gente, poníamos por sobre la mesa los problemas cotidianos de los dirigentes y los tweets y las cartas y el pasilleo que salía de Casa Rosada y del Senado. Nada de eso nos sirvió», afirmó.

Descalzo vinculó esa conducta con el resultado electoral de 2023. Sostuvo que el movimiento cedió terreno en temas como seguridad, desarrollo productivo y educación al no reconocer los problemas que la población venía señalando. «Nos tienen que pasar cosas a nosotros en términos individuales para comprender el dolor o los miedos de los otros», dijo.
Señaló también un patrón que consideró extendido en el peronismo: la tendencia a comunicarse sólo con quienes ya comparten las mismas posiciones. Describió el caso de un militante que le cuestionó participar en un programa de televisión con un periodista crítico al espacio, argumentando que hacerlo equivalía a legitimar al gobierno. Para Descalzo, esa actitud recorta el alcance político del movimiento. «Tenemos una gran herramienta que el peronismo siempre utilizó, que es la persuasión y que es la palabra», sostuvo.
Sobre la conducción del partido, fue directo: «El peronismo no tiene una conducción clara. Puede haber liderazgos de fracciones.» Lo extendió a todos los referentes: Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof, Sergio Massa, los intendentes, los gobernadores y el sindicalismo. «No hay margen para que nos vuelva a pasar un gobierno como el Frente de Todos», concluyó.
La necesidad de una narrativa que convoque a los jóvenes.
Pablo Garello, secretario general de la Juventud Peronista de Santa Fe, se retiró temprano por compromisos de agenda pero antes planteó una pregunta que el debate no respondió: qué narrativa puede movilizar políticamente a una generación que creció sin las referencias históricas del peronismo clásico. Su respuesta fue la soberanía, con Malvinas como punto de entrada. Argumentó que la causa Malvinas tiene la ventaja de hacer visible un sistema de dominación que en otros terrenos resulta más difuso: «Malvinas en última instancia es un sistema de dominación visible que se puede ver, se puede sentir el colonialismo y percibir en el Atlántico Sur.»
Extendió ese marco a lo que denominó «Malvinas invisibles»: el control extranjero sobre el Paraná, el comercio exterior, el régimen minero, las finanzas. Y aportó un dato de su propia experiencia territorial: la soberanía como concepto funciona en el trabajo con jóvenes. «Se entusiasman los pibes cuando hablamos de soberanía, cuando hablamos de nacionalismo, cuando hablamos de patria», afirmó.
Rossi: tecnología, cultura y organización política
Santiago Rossi, estudiante de derecho y comunicador rosarino vinculado al colectivo Infoworkers, presentó un análisis sobre la relación entre soberanía tecnológica, cultura e identidad política. Sostuvo que la adopción de tecnología no es un proceso neutral y que las organizaciones políticas que no lo reconocen terminan reproduciendo lógicas que contradicen sus propios objetivos.
Introdujo el concepto de «tecnología conveniente», elaborado por Infoworkers, que distingue entre adoptar herramientas tecnológicas según las necesidades del propio desarrollo social y cultural, y hacerlo por seguir tendencias impuestas por las empresas proveedoras. «No es muy inteligente ir a comprar al almacén siguiendo las instrucciones del manual del comprador escrito por el almacenero», ejemplificó, trayendo la idea de Arturo Jauretche.
Rossi citó al historiador Arnold Toynbee para argumentar que cuando una sociedad adopta tecnología de otra sin criterio propio, incorpora también los valores y las pautas de la sociedad proveedora. Señaló casos históricos de modernización exitosa donde se preservó el control cultural, como Japón en el siglo XIX. También trazó una historia de dominación cultural a través de la tecnología: desde el bloqueo norteamericano de celuloide a la Argentina de los años 30 para desplazarla del mercado hispanohablante del cine, hasta la estandarización del castellano neutro en los doblajes de Hollywood. «Cuando el algoritmo o el mercado deciden qué circula en internet, estamos frente a una quema permanente, lenta y silenciosa, sin el tono de tragedia», afirmó.
Hizo una distinción que consideró relevante: la referencia al algoritmo como responsable de los sesgos informativos encubre la responsabilidad de las empresas propietarias de las plataformas, que lo modifican según sus intereses. «El paréntesis», lo llamó: el algoritmo no es un fenómeno autónomo sino una decisión de negocios.
El argumento político central de su exposición fue que las organizaciones peronistas que intentan usar las plataformas digitales sin analizar su lógica terminan adoptando sus reglas. Si el formato que imponen las redes es el video de treinta segundos, ese formato no construye memoria colectiva ni identidad duradera. Si la agrupación mide su éxito por la cantidad de seguidores, dejó de ser una organización política para convertirse en una cuenta de difusión. Y si el dirigente ocupa el lugar que en otro momento tenía la organización —un fenómeno que Rossi vinculó a la lógica de influencer que premian las plataformas—, el personalismo no es un problema de carácter sino un resultado previsible del entorno digital.
La propuesta que dejó fue operativa: usar las redes como canal de difusión, mantener los espacios de encuentro presencial, y preservar organizaciones con capacidad de abordar todos los temas nacionales, sin reducir cada agrupación a una causa única. «El imperialismo y sus empresas difunden interesadamente la filosofía del desencanto, estimulan el egoísmo individual, una cultura superficial de la fama y el lucimiento personal, al tiempo que promueven una lógica de fragmento y de militancias exclusivistas por tema», señaló al cerrar.
Solange Martínez: las categorías que ya no alcanzan
Solange se incorporó al debate con demora, según explicó, por compromisos académicos en la Universidad Nacional de Lanús, donde es docente e investigadora. También forma parte del equipo de NODAL, plataforma periodística y espacio de producción de conocimiento estratégico orientado al análisis geopolítico desde una perspectiva nacional latinoamericana.
Su aporte se concentró en un argumento que atravesó el resto del debate: las categorías políticas con las que el campo popular analizó la realidad durante décadas ya no son suficientes para el momento actual. Sostuvo que la pandemia funcionó como acelerador de tendencias que ya estaban en marcha antes de 2020, vinculadas a transformaciones estructurales en las formas de producción, distribución del capital y construcción de poder político. Esos cambios, argumentó, son irreversibles.
«Las categorías que nos sirvieron hasta determinado momento hoy no son suficientes. No significa que debamos eliminarlas, rechazarlas, desplazarlas, sino asumir que no nos alcanzan», dijo. Desde NODAL, describió, trabajan en producción de conocimiento estratégico posicionado para entender esas transformaciones y mejorar las decisiones políticas del campo popular.
Señaló también que las mediaciones políticas tradicionales —el partido, el sindicato, la asamblea— ya no son las únicas vías de organización y construcción de poder. No propuso descartarlas, sino reconocer que operan en un entorno más complejo. Coincidió con otros participantes en que el sistema democrático liberal parlamentario atraviesa una crisis profunda que no se resuelve con alternancia de partidos.
Sobre el uso de tecnología en la organización política, rechazó las posiciones extremas: ni prohibición ni adopción acrítica. «No somos ludistas», aclaró. El objetivo, planteó, es entender cómo funcionan las plataformas en términos de producción de riqueza y de subjetividad para disputar ese espacio. «Producir allí humanidad, que es lo que no abunda», concluyó.
LA VOZ DE LOS OYENTES
Verónica Randy, quien participó como oyente, tomó la palabra. Planteó que cualquier análisis sobre la construcción de una alternativa política debe considerar la persecución judicial al peronismo: los casos de Cristina Fernández de Kirchner, Guillermo Moreno, Milagros Sala, y los de militantes que enfrentan causas por gestionar comedores o participar en movilizaciones. Señaló que este fenómeno no es exclusivo de Argentina sino parte de una estrategia coordinada de las oligarquías globales a través de los poderes judiciales. Recordó dos coincidencias que consideró significativas: el cierre del acuerdo con el FMI el día de la agresión a Cristina en el Senado, y la firma con Petronas el día del atentado contra ella. «Tengámoslo en el radar», pidió.
Eduardo Vior, analista geopolítico con doctorado en ciencias sociales, aportó el encuadre estructural más amplio. Señaló que Argentina ocupa un lugar estratégico en la agenda de las grandes potencias por razones concretas: proximidad a la Antártida —cuyo Tratado Internacional vence en 2048 y abre la disputa por la explotación de recursos naturales en un contexto de calentamiento climático—, posición geográfica entre el Atlántico y el Pacífico, y disponibilidad de recursos naturales y población calificada.
Desde esa lectura, trazó una continuidad desde el golpe de 1976: la desindustrialización, los tratados de inversión extranjera, la Ley de Entidades Financieras y el endeudamiento externo como instrumentos para reducir la capacidad del Estado nacional de intervenir en la economía y en la vida política. «La inmensa mayoría de la clase política argentina se dedica a ser fulvito: actuar, hacer actuaciones como si estuvieran decidiendo algo, pero en realidad no deciden nada», afirmó.
Advirtió contra la reducción de la estrategia política a la competencia electoral de 2027. «La tarea principal del pensamiento político estratégico no puede ser la tarea electoral», dijo. Para Vior, la tarea central es recuperar y continuar la revolución justicialista construyendo desde abajo un poder popular y democrático, sin depender de los resultados electorales como condición previa.
Raquel Pina, especializada en subjetividades y globalización, señaló que el peronismo no resolvió la contradicción de haber gobernado dentro de un sistema de producción de subjetividad neoliberal que al mismo tiempo criticaba. En sus palabras: «No somos ciudadanos, somos consumidores.» Sostuvo que durante los gobiernos propios se reforzó la identidad del consumidor como categoría central, en lugar de disputarla. Pidió a los expositores que identificaran con mayor precisión qué demandas concretas no se escucharon durante el Frente de Todos, como paso necesario para no repetir el mismo error.
Gladis Novelo, de 66 años, relató una situación reciente frente al PAMI en la que militantes del espacio se disputaron el micrófono delante de las cámaras de TN, desvirtuando una movilización en defensa de los jubilados. Lo planteó como síntoma de un problema más amplio: la incapacidad de subordinar las diferencias internas cuando está en juego una causa colectiva. «Llegamos donde estamos porque tenemos que hacer un sinceramiento como sociedad», dijo.
Gustavo Vozzi, ex subsecretario de Cooperativas y Mutuales en Santa Cruz, planteó que el sistema democrático liberal parlamentario está agotado como forma de gobierno del capitalismo occidental. Argumentó que las categorías del siglo XIX —Marx, Nietzsche, Freud— ya no son suficientes para pensar el presente. Citó a Oriente como referencia de caminos alternativos de soberanía y propuso como tarea generacional construir un nuevo contrato social, porque el actual, según afirmó, está roto.
Marcelo Cabeza condujo el foro y hacia el final de la ronda de exposiciones intervino con una síntesis propia. Señaló que en el debate habían aparecido los términos organización, ciudadanía, participación y caudillismo, pero que faltaba nombrar lo que los atraviesa a todos:
«Cuando nosotros decimos qué Argentina queremos, después vamos a los planes de gobierno, que pueden ser más técnicos. Pero hay una palabra que nunca termina de aparecer del todo: el poder político. ¿Cómo nosotros construimos poder político? Decimos la organización. Pero eso no excluye a nadie: sindicatos, empresarios, estudiantes, trabajadores. ¿Cómo organizamos esa comunidad? No en un concepto teórico, sino en la organización de cada uno de nosotros.»
La pregunta esta pendiente, quedó abierta para el próximo ciclo.
Sin fecha para la próxima reunión
El foro no produjo conclusiones formales ni documentos de trabajo. Los organizadores señalaron que el objetivo del primer ciclo era generar un espacio de intercambio entre dirigentes de distintas generaciones y regiones que habitualmente no se encuentran. En ese sentido, el encuentro cumplió lo que se propuso.
Lo que mostró el debate es que hay acuerdo amplio en el diagnóstico: el peronismo perdió la elección de 2023 en parte por errores propios, no sólo por la campaña adversaria; las formas de organización política deben actualizarse sin copiar la lógica de las plataformas digitales; y las condiciones estructurales del Estado argentino limitan severamente el margen de acción futura de cualquier gobierno que no se atreva a modificar las normas de fondo. Sobre cómo avanzar en cada uno de esos puntos, el debate quedó abierto.
REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA
