En poco más de treinta horas en Madrid, el Presidente llamó «impresentable dictador» y «ladrón» al jefe del Gobierno español, insultó a periodistas españoles, exportó su guerra con Clarín y se fue sin ver al rey, a Feijóo ni a Abascal. España respondió con una condena formal por «injerencia».
Redacción DATA POLITICA Y ECONOMICA
Javier Milei aterrizó en Madrid el martes 20 de octubre con una agenda que la Casa Rosada nunca terminó de hacer pública y despegó el miércoles a la noche dejando atrás un comunicado de condena del Ministerio de Asuntos Exteriores, dos asociaciones de periodistas en pie de guerra y una derecha española que prefirió saludarlo de lejos. No fue una visita de Estado. Fue, otra vez, una incursión en la política interna de otro país, ahora en plena precampaña de las generales anticipadas que Pedro Sánchez convocó para el 29 de noviembre, después de disolver las Cortes el 5 de octubre.
Era su tercera visita a España en lo que va del año. Y el saldo diplomático cuesta leerlo como otra cosa que un retroceso. La embajada española en Buenos Aires sigue sin embajador titular desde la crisis de mayo de 2024; las inversiones españolas en la Argentina se miden en miles de millones de euros; la ratificación del acuerdo UE-Mercosur necesita, entre otros, el voto de Madrid. Y en dos semanas, el 4 y 5 de noviembre, la capital española recibirá la Cumbre Iberoamericana, a la que el Gobierno de Sánchez todavía no había descartado que asistiera el presidente argentino.
«Impresentable dictador»
El primer compromiso fue el desayuno de Nueva Economía Fórum en el Real Casino Gran Círculo, frente a un auditorio con abundancia de dirigentes conservadores, varios de ellos ya sin cargo. Milei no necesitó calentamiento. En su primera frase recordó a los argentinos que España acogió tras escapar «del siniestro socialismo del siglo XXI» y de su «sucursal argentina, que es el kirchnerismo», y cerró la idea con la definición que dominó las portadas del día: algo que los españoles «padecen regularmente con el impresentable dictador de Pedro Sánchez».

De ahí en adelante, la escalada fue sostenida. Lo trató de «delincuente ladrón», lo rebautizó «Pedrito» para afirmar que «es un corrupto» y explicó por qué no pasaría por La Moncloa con una imagen que en Madrid se leyó como injuria lisa y llana: no iría a ver a Sánchez porque no estaba dispuesto «a coserse los bolsillos» para no salir expoliado. Después vino la consigna electoral explícita, dirigida a un electorado que no es el suyo.
- «Es una deuda de honor que tienen con su propia sangre: sacar a los socialistas a patadas.»
Sumó, además, el tema que Vox y el PP explotan en campaña: «Cada inmigrante es un voto para ellos». Tampoco es nuevo. En agosto, durante la crisis migratoria de Ceuta, había acusado a Sánchez de «nacionalizar» inmigrantes para perpetuar lo que llamó su tiranía. Chequeado desarmó la afirmación con datos de Maldita.es, Newtral y RTVE: lo que España aprobó fue una regularización extraordinaria, no una nacionalización, y quienes accedan a ella no votan automáticamente en las generales.
La respuesta de Madrid
Exteriores contestó en cuestión de horas y con un lenguaje poco habitual entre países que se llaman hermanos. El comunicado expresó la «más enérgica condena ante los insultos y calumnias dirigidos por Javier Milei al Presidente del Gobierno, a España y a los españoles», recordó que España es una nación soberana que no acepta injerencias externas ni injurias contra sus instituciones y calificó de «indigno» que el mandatario de un país amigo viaje con el único propósito de fomentar un clima de polarización y violencia entre españoles.
Sánchez eligió la ironía antes que la nota de protesta. Subió una historia en la que escuchaba Fanático, de Lali Espósito, la cantante a la que Milei hostiga desde 2024, con la leyenda «Camino de Burgos con este temazo argentino de Lali». La letra habla de alguien obsesionado con otro. También publicó un video en el que se declaró orgulloso de ser «zurdo», el epíteto favorito del libertario para descalificar adversarios. Y leyó el viaje en clave de campaña: Feijóo y Abascal, dijo, lo invitaron «y ahora no saben qué hacer con él», porque les pidieron no hablar de recortes hasta el 29N. Un funcionario del Ejecutivo lo resumió sin vueltas: «El PP trae a Milei para que haga exactamente esto».
El antecedente pesa. En mayo de 2024, en un acto de Vox, Milei llamó «calaña» a Sánchez y «corrupta» a su esposa, Begoña Gómez. España retiró a su embajadora, el Presidente se negó a disculparse y la relación bilateral nunca se recompuso del todo. En marzo de este año volvió a Madrid y volvió a tratarlo de «impresentable». El episodio de esta semana no es un exabrupto aislado: es un patrón.
Contra la prensa española
Lo que la prensa española conocía de Milei por sus cruces con Sánchez lo vivió esta vez en primera persona. A la salida del Real Casino, Julia Molina, de la Cadena SER, le preguntó si su visita resultaba incómoda para el PP y para Vox, que habían evitado mostrarse con él. La respuesta fue un insulto: «Me parece una visión muy propia de gente corta intelectualmente y miserables políticos. Quizás, digamos, vale para tu caso». A un movilero de laSexta que insistió con una repregunta le dijo que no podía «respetar su cerebro».
El trato de la custodia no fue mejor. Miguel González, periodista de El País, fue apartado por la fuerza mientras grababa las respuestas del Presidente. Los enviados de La Nación y Clarín quedaron afuera de la ronda en la que Milei atendió a algunos canales de televisión españoles. Molina contó después que nadie del entorno presidencial le pidió disculpas.
La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) condenó los ataques, advirtió que buscan deslegitimar e intimidar el trabajo periodístico y remarcó que las preguntas se hicieron con la cortesía que merece un presidente elegido democráticamente, «la que él no ha tenido con el presidente del Gobierno español». La Asociación de la Prensa de Madrid adhirió este jueves. El País calificó la conducta de inaceptable en su editorial. Y la ministra de Igualdad, Ana Redondo, le respondió con su propia herramienta simbólica: Milei llamando intelectualmente corta a una periodista, escribió, es como una motosierra dando clases de cirugía.
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La paradoja es evidente. La pregunta que el Presidente contestó con agravios era, justamente, la del aislamiento. El resto del día se encargó de responderla.
La guerra con Clarín, de exportación
Después llegó el turno de la corresponsal de Clarín, Marina Artusa, que también preguntó por la frialdad de Vox y del PP. Milei no respondió la pregunta. Cuando el presidente de Nueva Economía Fórum intentó retomar el hilo, lo interrumpió para descargar, ante el auditorio y las cámaras españolas, la acusación más grave que haya formulado contra el grupo:
«Repetímela bien, así les contesto a los corruptos de Clarín. Es un medio corrupto, lleno de periodistas corruptos, que además son mentirosos seriales. Un medio que se puso de acuerdo con un conjunto de delincuentes políticos para voltear un gobierno y que le licúen la deuda.»
JAVIER MILEI · REAL CASINO DE MADRID
La referencia es a la caída de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001 y al acuerdo que, según esa lectura, el grupo habría tejido con Eduardo Duhalde para pesificar y licuar sus pasivos en dólares. Milei agregó que, no conforme con eso, Clarín «hizo una ley de medios» y modificó «la ley de sociedades» para perjudicar a los tenedores de bonos, una alusión imprecisa en la letra a la Ley 25.750 de Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales, que en 2003 blindó a las empresas periodísticas frente al traspaso a acreedores extranjeros. Remató con un diagnóstico personal: la pregunta era la apreciación de una periodista «de un medio corrupto que me odia por ser liberal».
El Presidente atribuyó la hostilidad del grupo a que habilitó el desembarco de Starlink, la empresa satelital de Elon Musk. Omitió que fue su propio gobierno el que autorizó, con condiciones, la fusión de Telecom con Telefónica Argentina, el negocio más importante de Clarín en años, y que le exigió desprenderse de unos seis millones de abonados para aprobarla. Tampoco recordó que su furia más reciente contra el diario estalló cuando Clarín llevó a tapa un documento según el cual habría cobrado cinco millones de dólares por promocionar la criptomoneda $LIBRA. En aquella ocasión los llamó «mafia mediática». El editor general del diario, Ricardo Roa, ya lo había definido como «un lunático».
Hay un dato que en Buenos Aires no pasó inadvertido: el libreto de Madrid es el mismo que el kirchnerismo popularizó en 2008 bajo el lema «Clarín miente».
Detrás del estallido hay, además, cálculo interno. Fuentes del propio oficialismo vincularon la furia presidencial con la sospecha de que el grupo está alentando la candidatura presidencial de Patricia Bullrich, que el martes a la noche, en TN, jugó al límite con sus aspiraciones para 2027. Según la misma fuente, Héctor Magnetto apostaría por la senadora como garantía de continuidad del modelo sin Milei. La pelea total con Clarín se suma a la que el Presidente ya sostiene con la familia Saguier, dueña de La Nación.
Aislado en casa ajena
Si el objetivo era mostrarse como referente de la derecha española en la recta final de la campaña, el resultado fue el opuesto. Alberto Núñez Feijóo no lo recibió. Santiago Abascal, su aliado más cercano en Europa, prefirió seguir de gira por el norte y lo saludó por videollamada, que la Oficina del Presidente difundió como prueba de afinidad. «Estás en mi despacho; ahora vivo en una furgoneta», le dijo el líder de Vox, antes de prometer un encuentro «en otra ocasión». Milei tuvo que conformarse con el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, y con el director de la Fundación Disenso, Jorge Martín Frías.
Tampoco hubo rey. Según fuentes de Zarzuela, el gobierno argentino transmitió de manera informal su interés en una audiencia con Felipe VI, sin solicitud formal. La Casa Real le recordó la práctica institucional: un jefe de Estado extranjero que visita al monarca también se reúne con el presidente del Gobierno. Como Milei se niega a ver a Sánchez, no hubo audiencia.
La única dirigente de peso del PP que lo recibió fue Isabel Díaz Ayuso, que mantuvo el encuentro en duda hasta último momento y lo hizo a puertas cerradas, sin conferencia de prensa. El abrazo efusivo quedó en las fotos oficiales. La agenda académica, en la Universidad Rey Juan Carlos, donde abrió la Conferencia Anual sobre Economía Austríaca junto a su mentor Jesús Huerta de Soto, estuvo acompañada por una protesta estudiantil convocada contra lo que sus organizadores definieron como una agenda propagandística.
Análisis: el precio de la sobreactuación
El viaje responde a una lógica conocida: el escenario internacional como amplificador de la batalla cultural doméstica. Funciona mientras los aliados externos ganan algo exhibiéndose con él. En Madrid ese supuesto se rompió. A seis semanas de las urnas, el PP y Vox entendieron que Milei resta más de lo que suma, porque le regala a Sánchez el enemigo ideal para polarizar y lo saca del terreno incómodo de la corrupción y el desgaste parlamentario. Ya ocurrió en 2024, cuando el acto de Vox le permitió al socialismo reordenar la campaña a su favor y dejar al PP en un segundo plano.
Para la Argentina, la cuenta es menos simbólica. Sin embajador español en Buenos Aires desde hace dos años y medio, con empresas españolas de peso en banca, energía y telecomunicaciones, y con el acuerdo UE-Mercosur pendiente de ratificación, la política exterior queda subordinada al temperamento presidencial. La diplomacia profesional, encarnada en un canciller como Pablo Quirno, que integró la comitiva, no tiene margen para administrar lo que el jefe de Estado incendia en un micrófono.
Y mientras Milei hablaba de dictaduras ajenas, en casa el conflicto universitario sumaba la marcha del 15 de octubre, con 31 detenidos frente al Congreso, y el Gobierno defendía en Diputados una partida de 7,3 billones de pesos para las universidades en el Presupuesto 2027. La ofensiva contra Clarín, a su vez, deja ver que la disputa por la sucesión de 2027 ya se libra dentro del propio espacio oficialista, y que el Presidente la percibe como una amenaza.
A contramano de la diplomacia, de sus propios aliados y de su propio historial con el grupo al que ahora acusa de golpista, Milei regresó este jueves a las siete de la mañana al sector militar de Aeroparque. Dejó en Madrid un Gobierno ofendido, una prensa en alerta y una derecha que, por ahora, prefiere no sacarse la foto.
FUENTES CONSULTADAS
La Política Online; EFE; AFP; Infobae; La Nación; MDZ; Público (España); Milenio; iProfesional; El Eco de Tandil; Canal 26; Cadena 3; La Gaceta; El Día; Sin Mordaza; LaRed21; Chequeado; comunicados del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, FAPE y APM.
