La Rioja, 50 años después: la Iglesia de los pobres pide unidad frente al modelo de muerte

Un grupo de curas en opción por los pobres se reunió en el lugar donde asesinaron a Wenceslao Pedernera para cruzar al Gobierno de Javier Milei y reclamar un gesto del papa León XIV en su próxima visita al país.

Por Antonio Muñiz


Wenceslao Pedernera murió por elegir a los pobres. Cincuenta años después del golpe, un grupo de curas se reunió en el mismo lugar donde lo asesinaron para decir que el modelo que lo mató sigue vivo.

El encuentro anual del colectivo de sacerdotes en opción por las y los pobres tuvo lugar este año en Sañogasta, La Rioja, escenario del crimen de Pedernera durante la última dictadura; la elección del sitio no fue casual. Los sacerdotes ligaron explícitamente la conmemoración de los 50 años del golpe cívico-militar con un diagnóstico durísimo sobre el presente, al que describieron como el regreso de aquel modelo económico bajo otras formas.

El documento que surgió del encuentro no se agota en la memoria histórica; apunta directamente contra la gestión de Javier Milei, a la que califica como el peor gobierno de la historia democrática argentina, y traza una continuidad entre la crueldad económica de la dictadura y las políticas actuales. Los sacerdotes describen un cuadro social que excede los indicadores oficiales de pobreza. Enumeran el avance del trabajo informal, el sobreendeudamiento en los barrios populares, muchas veces bajo circuitos de violencia e ilegalidad, y un incremento que califican de atroz en los suicidios juveniles, vinculado con la falta de horizonte social.

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El texto también apunta a la dimensión comunicacional del poder. Los curas denuncian el uso sistemático de la mentira como herramienta política, amplificada por trolls, bots y algoritmos que, sostienen, trabajan en favor de intereses concentrados. A esa crítica suman un señalamiento inusual en un documento eclesial: la injerencia de Estados Unidos en la política argentina, con dirigentes locales acusados de plegarse a condicionamientos externos sobre qué puede comprar, vender o decidir el país.

Los mártires riojanos y la agenda papal

En materia de derechos humanos, la declaración advierte sobre el avance de discursos negacionistas y sobre la represión a movilizaciones sociales, en un contexto que los sacerdotes leen como un retroceso de las políticas de memoria, verdad y justicia construidas desde 1983. El documento nombra junto a Pedernera a Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Enrique Angelelli, los otros mártires riojanos asesinados por la dictadura, y los presenta como referencia moral frente al presente.

Ese nombre conecta el documento con un hecho de agenda internacional: la próxima visita a la Argentina del papa León XIV. Los curas recuerdan que el pontífice, en su encíclica más reciente, se refirió al obispo riojano como “testigo de la fraternidad y la justicia”, y expresan la expectativa de que la visita incluya un gesto explícito hacia las víctimas del modelo económico actual, con una crítica directa a sus responsables.


“Darle tiempo a este gobierno es alejarnos cada vez más de la salida democrática de este proyecto de muerte.”


El llamado a la unidad del campo popular

Más allá de la interpelación al Gobierno, el documento incluye un llamado al propio campo popular. Los sacerdotes advierten sobre el riesgo de los personalismos y las divisiones internas del peronismo y de otras fuerzas nacionales y populares, e insisten en que la unidad resulta indispensable para ofrecer una alternativa al esquema actual. La entienden como una construcción cotidiana, basada en el diálogo y el disenso, más allá de la convocatoria electoral cada dos años.

El documento cierra con una reivindicación de la centralidad de los pobres como criterio ordenador de cualquier proyecto político, y con una referencia a la crisis ecológica, en sintonía con el magisterio social de la Iglesia de las últimas décadas. La lectura de fondo, sin embargo, es política y económica. Para este colectivo de curas, la crueldad es la lógica misma del modelo, no un exceso ocasional; y la memoria del 76 sirve menos para mirar el pasado que para nombrar lo que ocurre ahora.

 

 

DPyE


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