La disputa del futuro y el riesgo de un país que vuelve a vender sus recursos naturales.

Un ensayo reciente de la socióloga Mónica Bruckmann advierte que la transición verde reproduce, bajo nuevas formas tecnológicas, viejas estructuras de dependencia. Leído desde la Argentina del litio, Vaca Muerta y el RIGI, el diagnóstico interpela de lleno el modelo de desarrollo en disputa.

Por Antonio Muñiz · DATA Política y Económica


Hay textos que ordenan una intuición que veníamos rumiando. El ensayo de Mónica Bruckmann, profesora de Ciencia Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro, publicado por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) y reproducido en Other News bajo el título «La disputa por el futuro: transición energética, paradigmas tecnológicos y recursos naturales», es uno de ellos. Su tesis es a la vez sencilla y demoledora: la transición energética global no es un mero cambio técnico de combustibles fósiles por renovables, sino una reorganización profunda de las bases materiales, tecnológicas y geopolíticas del sistema mundial. Y en esa reorganización, América Latina vuelve a ser disputada como territorio de extracción.

Bruckmann recupera una idea que la tradición estructuralista latinoamericana nunca abandonó: el carácter estratégico de un recurso natural es históricamente determinado. Un mineral no vale por sí mismo, sino por su lugar en el paradigma tecnológico dominante. El carbón y el hierro sostuvieron la revolución industrial británica; el petróleo, el automóvil y la petroquímica sostuvieron la hegemonía estadounidense del siglo XX. Hoy, la convergencia entre digitalización, inteligencia artificial, automatización y descarbonización desplaza el centro de gravedad hacia el litio, el cobre, el níquel, el cobalto, el grafito y las tierras raras. Son los insumos de las baterías, los semiconductores, los centros de datos, las turbinas y los paneles. Y son, también, los insumos de las nuevas tecnologías militares.

«Minerales críticos»: críticos, ¿para quién?

El concepto que organiza hoy las estrategias de Washington y Bruselas es el de «minerales críticos». Bruckmann lo somete a una pregunta incómoda: críticos, ¿para quién? La autora observa que la criticidad de estos minerales se define a partir de la vulnerabilidad de abastecimiento y la dependencia externa de las potencias desarrolladas, es decir, desde la necesidad de las economías centrales de sostener industrias consideradas estratégicas para su seguridad nacional. Desde una perspectiva latinoamericana, sostiene, el debate no puede limitarse a esa noción importada.


«La cuestión central no consiste en garantizar el abastecimiento global de materias primas, sino en definir proyectos soberanos de desarrollo.» — M. Bruckmann


La distinción no es semántica. Si la Argentina acepta la categoría tal como viene formulada, asume implícitamente un rol: el de proveedor confiable de insumos para que otros industrialicen. Si la discute, abre la posibilidad de pensar el litio del NOA, el cobre de San Juan o el potencial de tierras raras no como commodities de exportación, sino como fundamento material de un proceso de industrialización, desarrollo científico-tecnológico e integración productiva. La diferencia entre una cosa y la otra es, ni más ni menos, la diferencia entre vender naturaleza y construir poder.


El 80% del litio y la trampa de la reprimarización


El dato que ancla el argumento es contundente: América del Sur concentra cerca del 80% de las reservas mundiales de litio, además de reservas decisivas de cobre, níquel, grafito y tierras raras. A ello se suman la biodiversidad amazónica, el agua dulce de los acuíferos, el potencial hidroeléctrico y los corredores bioceánicos. Sobre el papel, una posición de fuerza. En los hechos, advierte Bruckmann, los grandes proyectos de infraestructura regional están organizados según una lógica de reprimarización: unir los centros de extracción a los puertos para exportar, sin agregar conocimiento ni valor.

Aquí el texto dialoga, sin nombrarlos, con Prebisch, Diamand y Ferrer. La «nueva» economía verde corre el riesgo de convertirse en una fase más de apropiación intensiva de los recursos del Sur Global para sostener transiciones tecnológicas concentradas en el Norte. La paradoja que Bruckmann formula con precisión merece quedar grabada: se descarboniza la punta del consumo en los países desarrollados mientras se amplía exponencialmente la devastación ambiental en los territorios que producen las materias primas. Productos limpios fabricados mediante procesos extremadamente sucios.


Se descarboniza el consumo del Norte produciendo, en el Sur, una devastación que es ambiental, social y humanitaria.


La cuestión argentina: RIGI, soberanía y el espejo de Vaca Muerta

Leído desde Buenos Aires en 2026, el ensayo deja de ser una abstracción regional. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) ofrece estabilidad fiscal y libre disponibilidad de divisas a megaproyectos extractivos con horizontes de treinta años, en un esquema que privilegia la exportación del insumo por sobre su transformación local. La pregunta de Bruckmann —¿desarrollo para quién?— es exactamente la que el debate argentino tiende a esquivar. Vaca Muerta funciona como espejo anticipado: enorme riqueza, balanza energética favorable, y al mismo tiempo la dificultad persistente para que esa renta se traduzca en densidad industrial, empleo calificado y soberanía tecnológica aguas abajo.

La soberanía que reclama el ensayo no es la de la geopolítica clásica, territorial y militar. Tampoco la soberanía estado-céntrica de la primera ola progresista del siglo XXI. Bruckmann la piensa en múltiples dimensiones —local, nacional, regional, comunitaria— y, sobre todo, articulada al dominio de capacidades científicas, tecnológicas, industriales y financieras. Tener el recurso es necesario pero insuficiente; lo decisivo es la capacidad de transformarlo en poder material y bienestar. Para un país que discute si su rol es exportar litio refinado mínimamente o producir celdas, baterías y conocimiento, la advertencia no podría ser más oportuna.

Integración regional o confinamiento histórico

El cierre del ensayo es un programa más que un lamento. Bruckmann enumera las dimensiones de cualquier proyecto soberano: integración energética, coordinación de políticas industriales, infraestructura multimodal intrarregional, cooperación científica, articulación de universidades y centros de investigación, mecanismos financieros regionales. Es, en clave contemporánea, la vieja apuesta por la integración latinoamericana que la fragmentación política de la última década dejó en suspenso. Sin esas capacidades, concluye, la región podría quedar nuevamente confinada a su papel histórico de exportadora de naturaleza.

La disputa por los recursos estratégicos es, en definitiva, una disputa por el futuro. La frase de Bruckmann condensa el dilema argentino con una nitidez que la coyuntura suele enturbiar: el lugar que ocupemos en la nueva configuración del sistema mundial dependerá de nuestra capacidad de convertir la riqueza natural en fundamento material de soberanía. No es una elección entre crecer o no crecer. Es una elección sobre quién acumula, quién decide y quién se queda con el conocimiento. Sobre eso, todavía, hay tiempo de discutir. Pero menos del que parece.

 


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FUENTE

Mónica Bruckmann, «La disputa por el futuro: transición energética, paradigmas tecnológicos y recursos naturales», Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), reproducido en Other News, 24 de junio de 2026. Disponible en: other-news.info