La capital turística del país atraviesa una fuerte retracción del consumo. Hoteles, restaurantes y comercios bajan sus persianas mientras el desempleo alcanza al 9,5% de la población económicamente activa y se ubica entre los más altos de la Argentina.
La imagen de una ciudad turística en recuperación comienza a mostrar grietas difíciles de ocultar. Mientras desde el Gobierno nacional se destacan indicadores macroeconómicos vinculados a la desaceleración inflacionaria y al equilibrio fiscal, en Mar del Plata emergen señales de una economía real cada vez más golpeada.
En los últimos 60 días cerraron alrededor de 40 establecimientos gastronómicos y hoteleros, provocando la pérdida de más de 400 puestos de trabajo directos, según denunciaron referentes sindicales del sector. La cifra encendió una fuerte alarma en una ciudad donde el turismo constituye uno de los principales motores de la actividad económica.
La situación no sólo afecta a pequeños emprendimientos. Entre los locales que cerraron o anunciaron su retiro del mercado aparecen restaurantes, cafeterías, cervecerías y hoteles que durante años formaron parte del circuito turístico marplatense.
El síntoma de una crisis más profunda
Reducir el fenómeno a una simple crisis turística sería un error de diagnóstico.
Lo que ocurre en Mar del Plata expresa problemas estructurales que atraviesan gran parte de la economía argentina: caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo, retracción del mercado interno, aumento de costos operativos y dificultades crecientes para sostener pequeñas y medianas empresas.
Los empresarios del sector sostienen que ya no alcanza con recibir visitantes. El problema es que quienes llegan consumen menos, permanecen menos días y restringen sus gastos a lo esencial. La consecuencia es una reducción significativa de la rentabilidad de hoteles, restaurantes y comercios. Los últimos fines de semana largos registraron niveles de ocupación hotelera de apenas entre el 45% y el 50%, porcentajes insuficientes para sostener muchas estructuras empresariales.
La ciudad con uno de los mayores niveles de desempleo del país
La crisis comercial coincide con un deterioro preocupante del mercado laboral.
Según los datos más recientes del INDEC, Mar del Plata registró una tasa de desocupación del 9,5% durante el cuarto trimestre de 2025, ubicándose entre los aglomerados urbanos con mayor desempleo de toda la Argentina. La cifra representa aproximadamente 33.000 personas sin trabajo y supera ampliamente el promedio nacional, que alcanzó el 7,5%.
La evolución resulta particularmente preocupante porque implica un aumento respecto del año anterior, confirmando que la recuperación económica exhibida por algunos indicadores agregados no logra traducirse en generación sostenida de empleo.
El derrumbe silencioso del comercio
Las persianas bajas ya forman parte del paisaje urbano.
La tradicional avenida Juan B. Justo, conocida históricamente como «la avenida del pulóver», atraviesa una de las peores crisis de su historia. Comerciantes denuncian caída de ventas, aumento de locales vacíos y reducción del flujo comercial. Distintos relevamientos indican que aproximadamente el 15% de los locales del corredor permanecen cerrados.
La situación no se limita a esa zona. Informes de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP) detectaron cerca de 190 comercios cerrados sobre un universo de 2.400 locales relevados, equivalente a casi el 8% del total. Las áreas más afectadas incluyen Juan B. Justo, 12 de Octubre, Talcahuano y Alberti.
A ello se suma una caída de las ventas minoristas que continúa profundizándose durante 2026. Relevamientos empresariales registraron en mayo una baja del 5,8% respecto del mismo período del año anterior.
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El modelo económico y la economía real
La situación de Mar del Plata reabre un debate que atraviesa toda la Argentina.
¿Puede consolidarse un programa económico basado exclusivamente en la estabilización macroeconómica cuando amplios sectores de la economía productiva continúan perdiendo capacidad de generar empleo e ingresos?
Desde una perspectiva estructural, la experiencia histórica argentina demuestra que los períodos de apreciación cambiaria, apertura importadora y contracción del mercado interno suelen impactar primero sobre las actividades vinculadas al consumo popular, el comercio y los servicios.
Mar del Plata resulta particularmente sensible a esos cambios porque combina turismo, comercio, pesca e industria textil. Cuando cae el ingreso disponible de trabajadores, jubilados y sectores medios, la ciudad recibe el impacto de manera inmediata.
No es casual que las primeras señales aparezcan en hoteles vacíos, restaurantes cerrados y comercios que ya no pueden sostener sus costos.
Una advertencia para la economía argentina
Las 40 persianas bajas de Mar del Plata representan mucho más que un problema local.
Son un indicador adelantado de las tensiones que atraviesan numerosas economías regionales y centros urbanos del país. Detrás de cada cierre hay trabajadores despedidos, proveedores que pierden clientes, familias que reducen ingresos y comunidades que ven deteriorarse su entramado productivo.
La pregunta de fondo no es cuántos hoteles o restaurantes cerraron durante los últimos meses.
La verdadera pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse una supuesta recuperación macroeconómica si la microeconomía continúa mostrando señales crecientes de agotamiento.
Porque las estadísticas pueden reflejar estabilidad financiera. Pero las persianas bajas reflejan algo más profundo: el estado real de la economía cotidiana.
REDACCION DPyE
