La Iglesia le habla al poder

El arzobispo de Buenos Aires volvió a usar el Tedeum del 25 de Mayo como tribuna de doctrina social. Con Milei en primera fila, predicó sobre los descartados, el bien común y la intolerancia. No fue una crítica ocasional: es la posición de una Iglesia que, bajo el pontificado de León XIV, acaba de publicar su primera encíclica y se afirma como el principal contrapeso moral al individualismo radical en el poder.


El rito y el mensaje

Poco después de las 10 de este 25 de Mayo, el arzobispo Jorge García Cuerva subió al púlpito de la Catedral Metropolitana con el presidente Javier Milei sentado en primera fila. A su lado, Karina Milei. Detrás, un gabinete convocado con urgencia política más que litúrgica. El Tedeum es, en Argentina, el único ritual institucional en que el poder ejecutivo asiste en silencio a escuchar. Nadie puede replicar, nadie puede abandonar el recinto sin escándalo. El arzobispo lo sabe. Y habla.

Javier milei, Tedeum

La frase que condensó la homilía fue breve y precisa: «Nadie es descartable, nadie es desechable». Seis palabras dirigidas al presidente de un gobierno que, en nombre de la eficiencia y el ajuste, desfinanció hospitales, cerró organismos del Estado, expulsó empleados públicos por miles y redujo la cobertura social a su mínima expresión. La elección del verbo «desechable» no fue accidental en un país donde el debate político se ha llenado de la palabra «casta» como categoría de exclusión.

García Cuerva construyó su homilía sobre tres ejes que se iluminan mutuamente. El primero fue la denuncia de la intolerancia: el rechazo al que piensa distinto, la descalificación como arma de debate, el dueño de la verdad como figura patológica del tiempo presente. El segundo, el individualismo como amenaza al tejido social: habló del bien común como un valor en retroceso frente a la competencia feroz entre personas. El tercero, la figura del descartado: el que el sistema considera prescindible y al que el poder prefiere ignorar.


«Hablar del bien común en tiempos de egoísmo, hablar de bien común en tiempos de individualismo, hablar de bien común en tiempos de feroz competencia de unos con otros.»


Ninguna de estas tres críticas tiene nombre propio. Ninguna necesita tenerlo. En el contexto de un gobierno que ha hecho de la motosierra su símbolo, que tiene a su jefe de Estado calificando a periodistas de ‘basuras inmundas’ y que usa las redes sociales como campo de batalla permanente, la descripción encaja con una precisión que no requiere señalamiento.

Una voz con continuidad

No es la primera vez que García Cuerva interpela al poder desde ese mismo altar. En el Tedeum de 2024, exigió tomarse en serio la parálisis del pueblo y no postergarla en nombre de un futuro prometedor. En el de 2025, criticó el odio y la agresión y dijo que Argentina sangra de inequidad. La serie tiene coherencia: no son reacciones coyunturales, sino la expresión sostenida de una doctrina que el arzobispado porteño aplica con deliberada constancia.

García Cuerva no es un personaje improvisado. Es el sucesor directo de Mario Poli en el arzobispado de Buenos Aires, fue designado por el papa Francisco en 2023 y encarna la línea pastoral que el pontífice argentino imprimió a la Iglesia latinoamericana: atención prioritaria a los pobres, crítica a las estructuras económicas injustas, rechazo al clericalismo y apertura al diálogo con la diversidad. En ese linaje, sus Tedeum son documentos políticos de primer orden.

García Cuerva, frente a Milei en el Tedeum: "Basta de arengar la polarización porque nadie se salva solo"

León XIV y la encíclica del mismo día

El contexto doctrinal que rodea la homilía de este 25 de Mayo no puede ignorarse. El mismo lunes, desde Roma, el papa León XIV publicó su primera encíclica: Magnifica Humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. La coincidencia de fechas no es casual: León XIV eligió el 15 de mayo para firmarla, aniversario exacto de la Rerum Novarum de León XIII, el documento que fundó la doctrina social de la Iglesia hace 135 años.

El gesto tiene una carga simbólica enorme. Al elegir su nombre pontificio, el nuevo papa explicó que León XIII había abordado la cuestión social durante la primera revolución industrial y que él pretendía hacer lo mismo frente a la revolución digital. La encíclica retoma los principios clásicos de la doctrina social —dignidad de la persona, bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad— y los aplica al paradigma tecnocrático actual.

Lo que León XIV dice sobre la inteligencia artificial resuena directamente con lo que García Cuerva predica en Buenos Aires: que la tecnología debe servir al ser humano y no dominarlo, que ningún algoritmo puede reemplazar la dignidad ontológica de la persona, que el progreso sin justicia no es progreso. La encíclica advierte explícitamente contra las nuevas formas de esclavitud propias de la era digital: la vigilancia masiva de datos, la desocupación tecnológica, la concentración de poder en manos de plataformas privadas.


León XIV eligió el mismo día de la Rerum Novarum para firmar Magnifica Humanitas: la Iglesia se presenta como guardiana de lo humano frente al mercado y la máquina.


Esta convergencia entre el mensaje pontificio y la homilía porteña no es coordinación burocrática: es coherencia doctrinal. La Iglesia Católica, bajo este pontificado, asume una posición inequívoca frente al individualismo extremo y al capitalismo desregulado. No es una posición nueva —está en el magisterio social desde hace más de un siglo—, pero adquiere una urgencia particular cuando el gobierno que escucha la homilía ha hecho de la desregulación total y el Estado mínimo su programa de gobierno.

La visita papal como presión de fondo

Detrás de la escena litúrgica hay una variable política concreta que explica parte del cuidado con que el gobierno gestiona su relación con la jerarquía eclesiástica. En ambientes vaticanos y en el propio Gobierno circula con fuerza la posibilidad de que León XIV visite la Argentina en noviembre. Según trascendió, en una audiencia con Milei el pontífice confirmó personalmente su intención de venir.

El problema para el Gobierno es de naturaleza teológica y política al mismo tiempo. León XIV no es un aliado ideológico cómodo. Como Francisco, ha criticado el liberalismo económico extremo y las políticas que golpean a los sectores más vulnerables. Una visita papal con la pobreza todavía en el 28 por ciento, con salarios reales deteriorados y con una clase media urbana en retroceso, sería un escenario de altísima exposición para un presidente que presenta su modelo como un éxito histórico.

Por eso, la semana anterior al Tedeum, el canciller Pablo Quirno, la ministra Sandra Pettovello y el secretario de Culto Agustín Caulo recibieron a la cúpula de la Conferencia Episcopal con la intención explícita de tender puentes. Y por eso Pettovello no estuvo en la Catedral este lunes: viajó al Vaticano para sostener una reunión con el propio León XIV. El Gobierno necesita que la visita papal ocurra en condiciones que pueda administrar.

Una interpelación sin respuesta

Al terminar la homilía, Milei saludó a García Cuerva. La foto fue la esperada. No hubo declaraciones del Presidente sobre el contenido del sermón, ni de ningún funcionario. El Gobierno optó por el silencio como estrategia: ni confrontación ni adhesión.

Pero el silencio tiene su propio significado. La doctrina social de la Iglesia —que García Cuerva predica y que León XIV acaba de actualizar en forma de encíclica— plantea una contradicción de fondo con el programa del gobierno libertario. No es una cuestión de estilo ni de énfasis: es una disputa sobre la naturaleza del ser humano, el papel del Estado y el significado de la libertad. Cuando el arzobispo dice que nadie es descartable, está diciendo que hay un límite moral que el mercado no puede fijar. Esa frase, pronunciada ante el presidente, es una impugnación filosófica al corazón del proyecto libertario. El gobierno puede ignorarla. No puede refutarla.

 

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA