La Argentina tuvo su mejor septiembre comercial en registros y su peor riesgo país en un año. Entre los dos datos se interpone lo que el balance fiscal no mide: un oficialismo que discute en público quién conduce la economía, quién arma la candidatura de 2027 y cómo administra sus causas judiciales.
El Gobierno tuvo esta semana los números que más le gusta exhibir. El superávit comercial de septiembre llegó a 2.976 millones de dólares, con exportaciones en alza de 23,5%, y el Banco Central dejó las reservas brutas en 50.203 millones. El mercado respondió en sentido contrario: el riesgo país cerró en 707 puntos, su nivel más alto desde octubre de 2025, en una semana en que los bonos perdieron 2,2%.
El petróleo por encima de los 110 dólares y la tasa estadounidense cerca del 5% explican una parte del castigo. Otra está en la economía real: el EMAE cayó 1,7% interanual en agosto, el peor dato del año. La tercera, la que el Gobierno menos admite, es política.
Un presidente que admite sus errores y una conducción repartida
El dato político de la semana lo aportó Milei. En Radio Rivadavia reconoció que los indicadores no evolucionan tan positivamente como se esperaba y que la menor actividad demora la baja de la inflación; atribuyó el problema a un shock externo. El contraste con el discurso previo es notorio: en abril, ante la AmCham, Caputo había anticipado que los 18 meses siguientes serían los mejores en décadas.
«El petróleo y las tasas explican una parte de los 700 puntos. El resto lo agrega un oficialismo que discute en público quién conduce la economía, quién será candidato en 2027 y cómo administra sus causas de corrupción.»
La admisión llega con la conducción política repartida. Infobae describe un programa fiscal eficaz contra la inflación pero agotado, y un presidente cuya persistencia en ese modelo le impide corregir el rumbo. Desde la salida de Manuel Adorni, Karina Milei ganó protagonismo y supervisa la negociación con los gobernadores, mientras el Presidente delega buena parte de esas discusiones.
Esa negociación divide a la mesa política. Martín y Eduardo «Lule» Menem buscan demorar los acuerdos para priorizar la construcción territorial propia; Luis Caputo y Santiago Caputo empujan para cerrarlos rápido y asegurar respaldo legislativo al programa. Para los inversores la diferencia pesa: de esos acuerdos depende la gobernabilidad de un gobierno que entra en su último año con elecciones presidenciales.
Caputo, bajo fuego amigo
El ministro atraviesa su momento de mayor exposición. A mediados de mes circularon versiones sobre su salida, alimentadas por cuestionamientos dentro del Gabinete al impacto de la falta de actividad y empleo sobre las aspiraciones electorales de Milei. El Presidente las calificó de «canallada» y sostuvo que nadie cuestiona a Caputo porque su política es la del propio Milei. La frase protege al ministro y, a la vez, ata la suerte presidencial a la del programa.
Las críticas técnicas llegan desde antiguos integrantes del equipo. Joaquín Cottani, ex secretario de Política Económica de Caputo, señaló el estancamiento y cuestionó el esquema cambiario, aunque aclaró que sus diferencias son técnicas. Alberto Ades, que expuso ante Milei, descartó volver al mercado internacional con este riesgo país y atribuyó parte de la suba a una probabilidad algo mayor de triunfo opositor que asignan los inversores.
El equipo, además, perdió otra pieza. El jueves renunció Daniel González, secretario coordinador de Energía y Minería, el área que más dólares genera. Su versión es personal: dijo que se cierra un ciclo, que no tiene vocación política y que lo venía conversando con Caputo desde hacía meses; el ministro le agradeció en público. Otras lecturas apuntan en distintas direcciones. La Política Online vinculó la salida con al menos 18 denuncias penales originadas en su gestión, y Letra P mencionó roces con el presidente de YPF, Horacio Marín, y una reunión con Caputo que no terminó bien. El cargo no será cubierto.
Bullrich, adentro y afuera
El movimiento más ruidoso lo hizo Patricia Bullrich. La senadora y jefa del bloque libertario advirtió que el oficialismo no puede repetir lo de 2025, cuando quedó atado al secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent, cuyo respaldo incluyó un swap por 20.000 millones de dólares. Fue más allá y puso en duda la «bazuca» de 75.000 millones —luego elevada a 125.000 millones— que Milei invoca para enfrentar una corrida.
El doble juego es evidente. Bullrich cuestiona la estrategia financiera del Presidente desde la conducción de su bloque, reclama acelerar los acuerdos con los gobernadores y, en la misma entrevista, no descartó competir por la presidencia. La tensión tiene antecedentes: Karina Milei mantiene intervenido el bloque que Bullrich conduce, y en la Casa Rosada le reprochan que repita que no hay votos para eliminar las PASO. Milei respondió el sábado que Bullrich «es socia» y negó la interna, que atribuyó a una operación mediática.
Para el mercado, lo relevante es lo que la discrepancia revela. Si la principal aliada del Presidente duda públicamente del respaldo cambiario, el inversor tiene motivos para dudar también.
Tribunales: un sobreseimiento discutido y dos causas que avanzan
El frente judicial dejó novedades en direcciones opuestas. El viernes, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi sobreseyó a Javier y Karina Milei y a otros nueve investigados en la causa $LIBRA, a pedido del fiscal Eduardo Taiano. El fallo concluyó que los hechos no encuadran en una figura penal y que no se acreditó que Karina Milei pidiera o recibiera dinero para facilitar reuniones con el Presidente. Milei celebró la decisión y la presentó como el fin de una operación política y mediática.
La resolución deja interrogantes. Llegó sin una sola indagatoria y después de que los inversores afectados fueran apartados como querellantes, lo que deja sin parte que pueda recurrirla. Perfil y La Política Online recordaron además que en julio el Gobierno designó por decreto como jueza a la esposa de Martínez de Giorgi. La comisión investigadora de Diputados había concluido lo contrario: describió un esquema de fraude planificado con un rol decisivo de los hermanos Milei.
Las otras dos causas avanzaron. El jueves, el juez de San Isidro Lino Mirabelli procesó a José Luis Espert como presunto autor de lavado de activos, le trabó un embargo de 1.000 millones de pesos y le prohibió salir del país, sin prisión preventiva. La causa gira en torno a los 200.000 dólares que recibió de una firma vinculada a Fred Machado, condenado en Estados Unidos por lavado y fraude. Espert, que encabezó la lista libertaria bonaerense hasta 2025, rechaza la acusación y prepara su apelación.
En la causa ANDIS, el juez Ariel Lijo citó a indagatoria para el 29 de octubre a Jonathan y Emmanuel Kovalivker, presidente y vicepresidente de la droguería Suizo Argentina, y dispuso la inhibición de sus bienes. Los fiscales Franco Picardi y Sergio Rodríguez pidieron 36 indagatorias nuevas y la ampliación de otras siete, entre ellas la del ex titular de la agencia, Diego Spagnuolo, que ya está procesado. Según la fiscalía, Suizo Argentina recibió adjudicaciones por 137.118 millones de pesos, casi el 30% de lo adjudicado por la ANDIS entre mayo de 2024 y agosto de 2025. La empresa niega los sobreprecios y califica de «construcción falaz» la prueba reunida.
A eso se suma el antecedente de junio: Adorni renunció como jefe de Gabinete, investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Ninguna de estas causas tiene condena firme, y corresponde la presunción de inocencia. Su efecto político, en cambio, ya está computado: erosionan el capital de un gobierno que llegó prometiendo terminar con la «casta» y que necesita confianza para financiar 2027.
¿Por qué se paga en la deuda?
El vínculo entre política y economía es directo. En 2027 vencen obligaciones en moneda extranjera por 23.787 millones de dólares, y con 700 puntos de prima el refinanciamiento voluntario está cerrado. El Tesoro gana tiempo: esta semana canjeó letras dólar linked por 3.896 millones, aunque la mayor parte se corrió apenas a noviembre y sigue atada al tipo de cambio.
Lo que ningún canje cubre es la incertidumbre sobre el día después. GMA Capital planteó dos extremos: continuidad con riesgo país cerca de 250 puntos, o ruptura con un salto hacia 2.000. Otros analistas sostienen que nadie hunde capital sin saber si el próximo gobierno revertirá lo hecho, y que esa duda frena inversión y empleo. El circuito se retroalimenta: la actividad débil complica la reelección, la duda electoral sube el riesgo país, y el riesgo país encarece el financiamiento que la actividad necesita.
El programa conserva fortalezas reales: superávit fiscal, saldo externo positivo, inflación mensual cerca del 2%. Lo que se discute ahora es si el oficialismo tiene la cohesión para sostenerlo hasta 2027 y convencer de que sobrevivirá a la elección. El mercado por ahora respondió con la duda.
DPyE
