La economía registró su peor caída mensual desde 2019 si se excluye la pandemia, los primeros datos de agosto no muestran el rebote que la aritmética exige y el ajuste fiscal empieza a erosionar su propia recaudación. Con el riesgo país por encima de los 570 puntos, el programa financiero de 2027 queda más expuesto que nunca.
DPyE
En julio, la Argentina consumió casi un cuarto menos de asfalto que un año antes. El hormigón elaborado retrocedió 9,5%, el cemento portland 8,1% y los ladrillos huecos 12,9%. Las bajas en insumos de la construcción se extendieron al yeso (-21,2%), las cales, las placas de yeso, los pisos cerámicos y el hierro redondo. Son bienes que casi no cruzan la frontera; se producen, se transportan y se vuelcan dentro del país, se pagan en pesos y sostienen empleo en cada eslabón. Su derrumbe anticipaba lo que después confirmó el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC. La economía se contrajo 2,9% respecto de junio y 1,4% en la comparación interanual.
Wise Capital recordó que, fuera de la emergencia sanitaria del COVIC, hay que retroceder hasta fines de 2019 para encontrar un registro mensual peor. La consultora habló del “fantasma de una recesión técnica” sobre el tercer trimestre. El diagnóstico dejó de ser marginal; esta semana, varias de las principales firmas del mercado abrieron una discusión que hasta hace poco parecía ajena al programa oficial, la de si la economía necesita estímulos para no caer.

¿Dónde se rompió?
Los dos motores que explican el desplome son los mismos que concentran mano de obra. Según el INDEC, el índice de producción industrial manufacturero cayó 4,9% interanual y 5,0% frente a junio en la serie desestacionalizada, mientras que el indicador de la construcción retrocedió 4,5% interanual y 4,6% mensual. Ambos revirtieron las subas que habían mostrado en junio. En la industria, doce de las dieciséis divisiones registraron caídas interanuales, con los retrocesos más marcados en equipos y aparatos, maquinaria, indumentaria y calzado, minerales no metálicos y el sector automotor.
La foto acumulada muestra dos trayectorias que empiezan a converger hacia abajo. La industria manufacturera cede 2,6% en los primeros siete meses frente a igual período de 2025; la construcción todavía conserva un alza de 1,7%, aunque ese arrastre positivo se debilita mes a mes. Hernán Letcher, director del CEPA, puso la escala en perspectiva. Según su cálculo, la actividad industrial se mantiene 10 puntos por debajo del promedio de enero a noviembre de 2023 y 8,8 puntos por debajo del último pico, registrado en febrero de 2025.
La aritmética de la recesión técnica
El umbral técnico de una recesión (dos trimestres consecutivos de caída del producto) dejó de ser una hipótesis de escuela. Adcap recordó que el PBI ya se contrajo 0,6% trimestral en el segundo trimestre y calculó que, para evitar una segunda baja consecutiva, agosto y septiembre deberían crecer cerca de 3% mensual cada uno, alrededor de 6,1% acumulado. Es un rebote sin antecedentes cercanos, y los indicadores disponibles hasta ahora no lo respaldan.

El índice líder de la Universidad Torcuato Di Tella midió para agosto una probabilidad de 82% de que la economía ingrese en recesión en los próximos meses. Facimex recortó su proyección de crecimiento anual a 1,5% y advirtió que la recesión técnica “comienza a ser un riesgo”. LCG describió una economía de serrucho; admite que parte de la caída puede revertirse, pero sostiene que la dinámica de fondo es “cuasi recesiva” y difícilmente pueda torcerse.
La composición de la demanda explica por qué. El consumo cayó 2,4% trimestral en el segundo trimestre, lastrado por la pérdida de poder adquisitivo del salario formal y la contracción del empleo registrado. La inversión encadenó cinco trimestres consecutivos en baja y, según Facimex, se ubica apenas en torno al 15% del PBI a precios corrientes. LCG agrega que el calendario electoral la empuja hacia una fase de espera típica de estos períodos. Con consumo e inversión retraídos, queda el gasto público; y ese componente, por diseño del programa, también se achica.
“El gasto público tiene que ir acompañando la caída de la recaudación para mantener el superávit primario, lo cual tiene un efecto contractivo”. LCG
Agosto no trajo el rebote
Los primeros indicadores privados de agosto no muestran la recuperación que la aritmética exige. Según el índice de producción industrial de FIEL, la actividad fabril habría caído otro 0,9% respecto de julio, lo que la dejó 4,2% abajo en la comparación interanual y con un retroceso acumulado de 1,2% en los primeros ocho meses. Es el tercer mes consecutivo en baja. La fundación advirtió además que, desde abril, la industria cae a un ritmo más veloz que el de la mitad de los episodios recesivos registrados desde 1980.
El informe describe con precisión la fractura del entramado productivo. Solo tres ramas mostraron mejoras en el año; la refinación de petróleo se acerca a niveles récord de casi dos décadas y alimentos y bebidas alcanzó la mayor producción registrada para un mes de agosto, impulsada por leche, aceites y faena porcina. En el otro extremo, la rama automotriz sumó catorce meses de contracción y los minerales no metálicos anotaron la tercera mayor caída del mes. El 68,1% de las empresas no espera aumentar su producción en el próximo trimestre.
En la construcción, las señales van en la misma dirección. El Índice Construya, que mide las ventas de insumos al sector privado, cayó 3,46% mensual desestacionalizado y 5,3% interanual, y acumula en ocho meses un nivel 1,2% inferior al de 2025. Los despachos de cemento informados por la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland quedaron prácticamente planos frente a julio (-0,1%), pero 8,1% por debajo de agosto del año pasado, con una baja acumulada de 4,2%.
El consumo completa el cuadro. Las ventas minoristas pyme relevadas por CAME cedieron 0,2% interanual y 2,7% frente a julio, con una caída acumulada de 2,4% en el año; la entidad lo atribuyó al peso de las tarifas y al endeudamiento de las familias. Solo el 6,1% de los comercios relevados reportó una mejora en su desempeño.
La excepción fue la industria automotriz, que según ADEFA produjo 39.381 vehículos en agosto, 26,3% más que en julio, aunque 11,6% por debajo de un año antes y con una baja acumulada de 17,1%. La composición de ese rebote confirma el patrón. Las exportaciones representaron el 62,4% de lo producido en el mes, mientras que las ventas mayoristas a concesionarios quedaron 24,5% por debajo de agosto de 2025. Las fábricas que sostienen su nivel lo hacen gracias a Brasil.
Dos economías bajo el mismo tipo de cambio
La apuesta oficial, según la lectura de LCG, descansa en la recuperación sostenida de las exportaciones netas (más ventas externas y menos compras al exterior). El problema es su geografía productiva. Ese dinamismo se concentra en un puñado de sectores pujantes con escaso derrame sobre el resto del entramado; la refinería que roza su récord y la terminal que exporta dos de cada tres autos conviven con un mercado interno que no despega.
Ahí aparece una vieja fractura de la estructura productiva argentina. Conviven actividades de productividad internacional, capaces de generar divisas con la paridad vigente, y un tejido industrial, comercial y de servicios que emplea a la mayoría de los trabajadores y depende del mercado interno. Cuando el ciclo lo fija el primer grupo, el segundo queda afuera del crecimiento. Banco Comafi describió la consecuencia fiscal de esa asimetría. La debilidad de la industria, el comercio y la construcción, sectores intensivos en mano de obra y en impuestos, se filtra de manera directa en las cuentas públicas.
El ancla que se alimenta de lo que frena
Los números de agosto lo confirman. Los ingresos del Sector Público Nacional cayeron 1,0% interanual en términos reales, un retroceso mayor que el del gasto (-0,4%). El Gobierno sostuvo igual el ancla fiscal, con un superávit primario de $1,99 billones que lleva el saldo positivo acumulado al 1,1% del PBI y el resultado financiero al 0,2%.
La mecánica encierra una paradoja. Menos actividad recorta la recaudación; para preservar el superávit se recorta gasto; ese recorte resta demanda y vuelve a deprimir la actividad. Comafi advirtió además que el Tesoro necesita seguir acumulando colchón antes de diciembre, un mes históricamente deficitario por el pago de aguinaldos. El margen para estimular compite, entonces, con el margen para cerrar el año en positivo.
Facimex resumió la inquietud del mercado en términos políticos. La principal preocupación de los inversores es que el bajo crecimiento afecte la recaudación y la competitividad electoral del oficialismo, es decir, las dos anclas del programa (el equilibrio fiscal y la aprobación de la gestión). Su recomendación combina ambas lógicas; consolidar la estabilidad y complementarla con estímulos focalizados. La consultora no detalló en qué sectores ni con qué financiamiento.
La restricción externa vuelve por la ventanilla financiera
La caída de la actividad llegó cuando los bonos ya mostraban fatiga. El Global 2035 rinde 11% en el exterior, su nivel más alto desde la elección de 2025, y el riesgo país pasó en dos meses y medio de la zona de 400 puntos a superar los 570. La consultora 1816 atribuyó parte del movimiento a los bonos del Tesoro estadounidense, pero subrayó el peso de la incertidumbre electoral. Aunque la imagen de Milei se estabilizó, el panorama sigue abierto y el dato del EMAE, según su informe, no ayudó a calmar ansiedades. La conclusión fue directa; ya cuesta imaginar que la Argentina vuelva al mercado internacional antes de las elecciones.
Ese cierre recae sobre el Programa Financiero 2027 que Luis Caputo presentó a comienzos de julio. 1816 estima que el esquema ya implicaba una presión considerable sobre las reservas del Banco Central y que ahora esa presión probablemente sea mayor. Si el mercado no permite colocar unos US$5.000 millones en Bonares el año próximo, la demanda sobre las reservas superará los US$12.600 millones previstos, salvo que el Gobierno consiga fuentes alternativas de financiamiento.
La consultora cerró con una advertencia de apariencia obvia. Cuanto más difícil resulte colocar deuda en moneda extranjera, más decisivas serán las compras de divisas del BCRA en el mercado de cambios. La economía que hoy no crece necesita dólares que solo generan los pocos sectores que sí lo hacen.
El dilema
El debate sobre incentivos llega tarde y con las manos atadas. Estimular implica gastar o resignar ingresos en un año en que la recaudación ya retrocede y diciembre amenaza el superávit. No estimular supone aceptar que el ajuste fiscal siga retroalimentando la caída del mercado interno en plena antesala electoral. Entre ambos caminos se juega algo más que una décima de crecimiento; se juega qué parte del país queda adentro de la recuperación que el programa promete.
Lo que julio nos dejó no solo figura en los informes de riesgo país, sino tambien en la vida cotidiana de millones de argentinos.
