ECONOMÍAS REGIONALES: CUANDO LOS NÚMEROS NO CIERRAN

Un relevamiento de CONINAGRO ubicó a nueve producciones en zona crítica durante julio; cítricos y forestales se sumaron a una lista donde la yerba mate y el vino ya acumulan años de rentabilidad negativa.

 


En los packings de Concordia y Federación, la fruta que no sale para exportación se acumula en cámaras que ya no tienen adónde derivar el excedente. En los aserraderos de Corrientes y Misiones, la madera en pie vale, en dólares constantes, casi lo mismo que hace un año, mientras la energía, los insumos y el flete se mueven a otro ritmo. Son dos fotografías puntuales de un fenómeno que el último relevamiento de CONINAGRO confirma con números; en julio, nueve economías regionales argentinas operaron en situación crítica.

El semáforo que la confederación cooperativa actualiza mes a mes ordenó a diecinueve actividades productivas en tres franjas. Cuatro sectores se sostuvieron en verde, bovinos, ovinos, granos y miel. Seis quedaron en amarillo, tabaco, peras y manzanas, aves, porcinos, papa y maní. Nueve cayeron en rojo, yerba mate, arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche, mandioca y, como incorporaciones de este mes, forestales y cítricos dulces.

El sector frutihortícola de Mendoza atraviesa una tormenta perfecta: una  contracción sostenida del consumo interno sumada al impacto climático  estacional. Omar Carrasco, titular de la Unión Frutihortícola Argentina  (UFHA) en Mendoza y

El patrón que describe CONINAGRO atraviesa buena parte del entramado productivo del interior desde hace más de un año. Los precios no acompañan la inflación y los costos operativos sí lo hacen; el resultado es un achicamiento de los márgenes reales. En los cítricos dulces, ese desacople se tradujo en una caída del consumo interno del 10% interanual y un derrumbe de las exportaciones del 34%. En el sector forestal, los precios acumularon una suba de apenas 4% interanual contra una inflación que en el mismo período trepó al 30%, una brecha que erosiona cualquier planificación de mediano plazo para una actividad con tiempos de maduración que se cuentan en décadas.

Hay actividades para las que julio no fue un mes más. La vitivinicultura acumula más de tres años consecutivos en zona crítica; la yerba mate, 28 meses. Son economías con fuerte arraigo territorial en provincias como Mendoza, San Juan, Misiones y Corrientes, donde la actividad sostiene miles de explotaciones familiares y cooperativas que no tienen margen para absorber ciclos prolongados de rentabilidad negativa.

El propio informe advierte sobre la persistencia estructural del problema. De las diecinueve economías relevadas, siete permanecieron en rojo durante más de la mitad de la serie histórica que analiza la entidad. El dato desplaza la lectura de lo coyuntural a lo estructural, un esquema de precios relativos que castiga de manera sistemática a un grupo estable de producciones.

La franja amarilla tampoco ofrece demasiado alivio. CONINAGRO la describe como una combinación de precios que no recomponen del todo el poder de compra frente a la inflación, costos que siguen elevados y una demanda interna con escaso dinamismo; una versión atenuada del mismo cuadro que castiga a las actividades en rojo.

El contraste con el frente externo agrega otra capa de lectura. El conjunto de las producciones relevadas por CONINAGRO exportó US$37.725 millones en los primeros siete meses del año, 17% más que en igual período de 2025. La suba agregada convive con el deterioro puntual de rubros exportadores como los cítricos y la industria forestal; la mejora del número consolidado no se reparte de manera uniforme entre actividades ni entre regiones.

Ese desacople entre el desempeño macro del sector externo y la salud de las economías regionales pesa para el año que viene. Buena parte de estas actividades funciona como amortiguador social y productivo del interior profundo, sostiene cadenas de valor con alta intensidad de mano de obra y explica una porción relevante del empleo pyme en provincias con escasa diversificación productiva. Cuando el semáforo se pone en rojo de manera sostenida, no solo se resiente un balance sectorial. Se tensiona el equilibrio económico y político de las economías provinciales que integran el mapa federal.

 

DPyE


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