El economista que condujo el Palacio de Hacienda durante la primera mitad del gobierno de Alberto Fernández cuestionó en una entrevista con El País el diseño regresivo del ajuste libertario, alertó sobre el endeudamiento récord de las familias y reivindicó los impuestos a la riqueza como condición de sostenibilidad social.
El economista platense Martín Guzmán, que condujo el Ministerio de Economía entre diciembre de 2019 y julio de 2022 bajo la presidencia de Alberto Fernández, volvió a instalar en la conversación pública argentina una distinción que el oficialismo libertario prefiere disolver: la que separa el equilibrio de las cuentas públicas del reparto de sus costos. En una entrevista publicada esta semana por el diario español El País, el también profesor de la Universidad de Columbia sostuvo que el gobierno de Javier Milei logró instalar la idea de que el equilibrio fiscal es deseable, pero construyó ese resultado concentrando el ajuste sobre la inversión pública y la educación universitaria mientras reducía la carga tributaria sobre los sectores de mayor capacidad contributiva.

Un ajuste que golpea la productividad de la economía.
Guzmán, que negoció en 2020 la reestructuración de 65.000 millones de dólares de deuda privada y renegoció en 2022 los 45.000 millones que Mauricio Macri había tomado con el FMI en 2018, no rechaza en bloque la premisa fiscal del oficialismo: admite que durante su propia gestión sostuvo la necesidad de reducir el déficit y ubicar a la inflación en el centro de los objetivos de política económica. La diferencia, insiste, está en el diseño. Según su lectura, en 2021 la reducción del rojo fiscal argentino se dio combinando una mejora de la recaudación con un aumento de la inversión en obra pública, mientras se recortaban gastos de funcionamiento y partidas extraordinarias vinculadas a la pandemia. Ese camino, sostiene, es el que el actual gobierno no siguió: en su lugar, avanzó con un ajuste que golpeó de manera desproporcionada a la productividad futura de la economía.
El diagnóstico más contundente de Guzmán apunta a la estructura del crecimiento económico bajo Milei. El PBI argentino avanzaría este año cerca de un 2%, según sus propias proyecciones, pero ese número está explicado casi exclusivamente por cuatro sectores —agro, energía, minería e intermediación financiera— cuya expansión no traduce en más empleo. En paralelo, los tres motores tradicionales de trabajo urbano —industria, construcción y comercio— permanecen estancados o en caída. El resultado, en sus palabras, es una macroeconomía que crece sin derramar sobre la economía real.
“la economía crece un poquito, pero muchísima gente está peor que antes”
— Martín Guzmán, economista, exministro de Economía
Salarios reales por debajo del piso libertario y morosidad récord
Para sostener su diagnóstico, el exministro recurrió a dos indicadores. Primero, los salarios reales en los sectores más golpeados —industria, construcción y comercio— todavía no recuperaron el nivel que tenían al inicio de la gestión de Milei. Segundo, y más grave según su lectura, la morosidad de los préstamos a personas físicas alcanza niveles récord: 12,5% de la cartera de los bancos y más del 30% de las billeteras virtuales y fintech están en situación de mora. Guzmán atribuye ese fenómeno a un patrón de endeudamiento defensivo: familias que tomaron crédito para sostener el consumo o para financiar changas informales —una máquina de cortar pelo, una moto para trabajar en plataformas de delivery— con ingresos que después no alcanzaron para cubrir tasas de interés muy elevadas.
RIGI: menos recaudación de los sectores que más beneficiados
Uno de los tramos más filosos de la entrevista apunta al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la principal herramienta de promoción de inversiones del gobierno libertario. Guzmán sostiene que la recaudación fiscal cae pese al crecimiento del PIB porque son justamente los sectores en expansión —con epicentro en hidrocarburos— los que están pagando menos impuestos, y que ese régimen profundizará la tendencia. A su juicio, buena parte de los proyectos que hoy se presentan como fruto del RIGI ya estaban en marcha desde antes, con un punto de inflexión que ubica en la renacionalización de YPF en 2012, y habrían avanzado con niveles de rentabilidad suficientes como para tributar tasas más altas de impuesto a las ganancias sin resentir la inversión. El resultado neto, sostiene, es una menor capacidad del Estado para financiar infraestructura y educación, es decir, los insumos que sostienen la productividad de mediano plazo.
Un FMI con doble deuda política
Sobre el frente externo, Guzmán trazó una distinción entre la deuda con el sector privado —que hoy Argentina refinancia a tasas bajas, en torno al 3% en dólares— y la deuda con el FMI, que calificó como el verdadero problema pendiente. Argentina es hoy el mayor deudor del organismo, con obligaciones cercanas a los 56.000 millones de dólares que combinan el préstamo tomado por Macri en 2018 y el acordado por Milei en 2025. Guzmán sostuvo que ambos créditos violaron las propias reglas del FMI sobre apoyo político electoral y que, en el caso del crédito obtenido por Milei, faltó además el aval del Congreso que exige la ley argentina. Aclaró, sin embargo, que no avala desconocer esa deuda, porque fue contraída por gobiernos elegidos democráticamente: su planteo es que cualquier renegociación futura debería evitar condicionalidades que impliquen un nuevo deterioro del nivel de vida de la sociedad argentina.
Impuestos a la riqueza, frente a la desigualdad global
El economista amplió el eje hacia una discusión de escala global: la concentración de poder económico y político en manos de un puñado de grandes actores tecnológicos. Para Guzmán, la desigualdad alcanzó niveles inéditos con consecuencias directas sobre la estabilidad política, y sostiene que no hay forma de administrar los desequilibrios sociales que genera la transformación tecnológica sin gravar de manera más decidida a la riqueza. Reivindicó, en ese sentido, la acción organizada de los Estados —vía sus gobiernos— como la única herramienta capaz de equilibrar ese nuevo mapa de poder.
La cuenta pendiente de cara a 2027
Consultado sobre el horizonte electoral de 2027, Guzmán fue autocrítico con la experiencia del Frente de Todos: identificó liderazgo, mensaje y equipos como las tres condiciones necesarias para ganar una elección y gobernar, y admitió que en su propio espacio a menudo apareció un liderazgo sin un mensaje unificado, lo que terminó derivando en conflictos internos una vez en el gobierno —una referencia directa a la tensión que mantuvo con la entonces vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y que derivó en su renuncia forzada en julio de 2022. No descartó un regreso a la gestión pública si aparece, dijo, un proyecto con el que se identifique.
