El Movimiento Productivo 25 de Mayo reunió en La Plata a pymes, cooperativas, agropymes y a las tres centrales sindicales en un intento de construir, desde el territorio, una base social común frente al ajuste
Diez de la mañana de un sábado frío, y el Centro Cultural y de la Memoria Islas Malvinas —ese edificio que la ciudad de La Plata reserva para los actos que quieren pesar simbólicamente— empieza a llenarse de gente que no suele compartir escenario. Delegados gremiales con la corbata floja del que viajó temprano. Dueños de pymes que todavía tienen la calculadora mental encendida por los costos de agosto. Cooperativistas que llegan con carpetas de proyectos bajo el brazo. Técnicos del sistema científico que preguntan, casi en voz baja, si va a haber alguna mesa sobre financiamiento a la innovación. Es el Congreso Región Capital del Movimiento Productivo 25 de Mayo (MP25M), bajo la consigna «Producción, Trabajo y Soberanía», y la escena inicial ya dice algo sobre lo que se viene: la foto de una alianza que, en la Argentina de Milei, dejó de ser obvia.

Porque durante buena parte de las últimas dos décadas la relación entre el capital productivo pyme y el movimiento obrero organizado fue una hipótesis de trabajo, no una construcción activa. El relato dominante —tanto desde la ortodoxia liberal como, a veces, desde cierta izquierda esquemática— tendió a separar a «los empresarios» de «los trabajadores» como si fueran polos irreconciliables. El Congreso de La Plata apostó a otra lectura, más cercana a la tradición nacional-popular: que el capital pequeño y mediano, el que produce y arriesga en el mercado interno, comparte con el trabajo asalariado un mismo adversario estructural cuando el modelo económico privilegia la valorización financiera por sobre la economía real.
Una foto con representantes de las tres centrales
La jornada tuvo, en ese sentido, un dato que no es menor. El acompañamiento sindical no fue simbólico ni protocolar: estuvieron Octavio Argüello por la CGT y Hugo «Cachorro» Godoy por la CTA Autónoma, que además trajo el saludo expreso de Roberto Baradel, referente de la CTA de los Trabajadores. Tres centrales obreras —o al menos sus voces más relevantes en la Región Capital— convalidando con su presencia una convocatoria que no partió del sindicalismo sino del entramado pyme, cooperativo y agropyme. Es una señal de que, del lado del trabajo organizado, también hay lectura de que la salida a la crisis argentina no pasa solo por la negociación salarial sectorial, sino por una discusión más amplia sobre el modelo productivo.
El municipio de La Plata puso el cuerpo institucional: Mercedes La Gioiosa, secretaria de Producción e Innovación Tecnológica, llevó una carta de acompañamiento del intendente Julio Alak. No es un dato protocolar menor en un distrito que combina universidad, administración pública y un cordón productivo que viene golpeado por la caída del consumo y las tarifas dolarizadas.
Nueve ejes, una misma pregunta
El formato eligió la horizontalidad como método: comisiones abiertas, sin jerarquía de panel único, donde trabajadoras, trabajadores, pymes, agropymes y cooperativas discutieron ejes programáticos que van del fortalecimiento del mercado interno al acceso al crédito productivo, pasando por la soberanía energética y territorial. Es la gramática habitual del MP25M, que —según había explicado Marcelo «Gaucho» Yaquet, uno de sus referentes, en la previa del encuentro— se define como un espacio donde confluyen pymes, agropymes, cooperativas y profesionales del sector unidos por la cuestión de la soberanía.
La discusión de fondo, more allá de los nueve ejes, es siempre la misma: qué tipo de inserción internacional le conviene a un país con la estructura productiva argentina. Yaquet lo planteó en términos casi cartográficos cuando, semanas atrás, señaló que la Argentina tiene más superficie marítima que territorio firme y preguntó qué política sostiene la soberanía sobre esa riqueza. La pregunta no es retórica: conecta el litio, los minerales, los recursos marítimos y la cuestión Malvinas con una misma discusión sobre el agregado de valor y el rol del Estado como articulador de cadenas productivas, en las antípodas del rol subsidiario que le asigna el gobierno libertario.

Octavio Argüello- CGT
Ahí aparece, sin necesidad de nombrarlo en el escenario, el núcleo de una tradición de pensamiento económico argentino que entiende que el problema no es «más o menos Estado» en abstracto, sino qué tipo de Estado permite acumular capacidades productivas propias en una economía estructuralmente heterogénea, con un sector primario competitivo y un entramado industrial que necesita protección activa para no licuarse frente a la apertura indiscriminada. El MP25M no lo dice con ese lenguaje académico, pero lo actúa: mercado interno, crédito productivo y soberanía territorial no son tres temas sueltos, son la misma ecuación mirada desde tres ángulos.

Jose Maria «Pepe« Lojo
La calle y las urnas
El horizonte 2027 sobrevoló el Congreso sin necesidad de que nadie lo mencionara en la volanta del programa. La discusión sobre reforma del sistema de PASO, la reorganización del arco opositor y la relación entre Kicillof, Massa y el kirchnerismo tienen, en encuentros como este, una traducción territorial: son los nodos, los nueve ejes programáticos, las comisiones abiertas, los que después alimentan documentos, listas de demandas y, eventualmente, candidaturas. Yaquet había sido explícito al respecto en la previa: hay que ganar en la calle y también en las urnas. Es una fórmula que resume la apuesta estratégica del espacio: la calle como acumulación de poder social, las urnas como traducción institucional de esa acumulación, sin que una reemplace a la otra.
Estuvimos en La Plata junto a las Pymes del Movimiento Productivo 25 de Mayo, en el marco del plan de lucha que venimos desarrollando las tres centrales sindicales. – Hugo «Cachorro» Godoy
El MP25M no es un partido ni pretende serlo formalmente —se define como un sujeto político no electoral, sin personalidad jurídica ni autoridades formales, organizado en nodos territoriales bajo la idea de comunidad organizada—, pero su función en el ecosistema del campo nacional y popular es clara: producir insumos programáticos y, sobre todo, tender puentes entre sectores que el discurso libertario intenta mantener separados. Un empresario pyme convencido de que su enemigo es el costo laboral y un trabajador convencido de que su enemigo es el empresario son, ambos, funcionales a un modelo que necesita esa fragmentación para avanzar sin resistencia organizada.

Hugo «cachorro» Godoy
Lo que se juega en la letra chica
El deterioro del entramado productivo bonaerense no es una hipótesis: la caída del consumo, la apertura importadora, el encarecimiento del crédito y el parate de la obra pública vienen golpeando de manera desigual pero persistente a las pymes y agropymes de la Región Capital desde el inicio de la gestión Milei. En ese contexto, un congreso que junta en la misma sala a quien pone el capital de riesgo y a quien pone la fuerza de trabajo no es solamente un gesto de época: es una apuesta a que la salida de la crisis no se construye sector por sector, sino como bloque. tal vez la mejor sintesis son las palabras de Godoy:
La foto ya está tomada, y en la política argentina las fotos, a veces, terminan siendo programas.
REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA – LA PLATA . BS AS
