Las versiones que ubican a Fernando Jalil como posible candidato a gobernador reabrieron el debate por la sucesión en Catamarca. Su eventual postulación pondría en tensión un acuerdo político que, desde 2011, ordenó la transición de liderazgos dentro del peronismo provincial. Al mismo tiempo, la relación de Raúl Jalil con Javier Milei agrega un nuevo factor de incertidumbre.
Aunque las elecciones de 2027 todavía parecen lejanas, la carrera por la sucesión en Catamarca ya comenzó. Las recientes declaraciones de Fernando Jalil, quien no descartó una candidatura a gobernador, volvieron a instalar una discusión que hasta hace poco parecía resuelta dentro del oficialismo.
Desde que el peronismo recuperó la provincia en 2011, tras veinte años de gobiernos del Frente Cívico, logró sostener una estabilidad política poco frecuente mediante un acuerdo interno de alternancia entre sus principales dirigentes. Ese entendimiento no escrito permitió dos mandatos consecutivos de Lucía Corpacci, luego dos de Raúl Jalil y proyectaba como continuidad natural la candidatura del actual intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, Gustavo Saadi.
Con una imagen positiva consolidada, una gestión bien valorada y una marcada política de cercanía con los vecinos, Saadi aparece para amplios sectores del justicialismo como el dirigente con mejores condiciones para garantizar la continuidad del proyecto político iniciado en 2011.
Gustavo Saadi
En ese contexto, la irrupción de Fernando Jalil altera un equilibrio que durante quince años evitó disputas internas de alto voltaje. Si finalmente decidiera competir por la Gobernación, rompería el esquema de alternancia que ordenó la convivencia del peronismo catamarqueño desde su regreso al poder.
La Casa Rosada también juega
La discusión provincial también está atravesada por la estrategia del Gobierno nacional. En la Casa Rosada consideran a Raúl Jalil uno de los gobernadores peronistas con mayor disposición al diálogo y aspiran a consolidar una alianza política con proyección hacia 2027.
Sin embargo, ese objetivo encuentra un obstáculo evidente. El propio gobernador ha manifestado en distintas oportunidades que no buscaría un nuevo mandato y que su futuro político estaría orientado a una candidatura al Senado de la Nación.
Si Jalil no encabeza la boleta para la Gobernación, gran parte del sentido político de esa alianza con el mileismo se debilita. Por eso, en los ámbitos políticos circulan versiones sobre una fuerte presión del oficialismo nacional para mantener abierta la posibilidad de una reelección o, al menos, postergar cualquier definición.
A este escenario se suma otro elemento que genera incomodidad dentro del justicialismo provincial: la creciente cercanía política e institucional de Raúl Jalil con el gobierno de Javier Milei. El acompañamiento legislativo a distintas iniciativas de la Casa Rosada y el vínculo de cooperación con la administración libertaria despiertan cuestionamientos en sectores del peronismo catamarqueño, que consideran que esa estrategia tensiona la identidad histórica del espacio.
La definición de la sucesión, por lo tanto, excede los nombres. También pondrá en debate el perfil político que asumirá el peronismo de Catamarca en los próximos años y el tipo de relación que mantendrá con el Gobierno nacional.
Todavía falta mucho para las definiciones electorales y, en política, los escenarios cambian con rapidez. Pero las primeras señales ya están sobre la mesa.
Como deciamos, la posible candidatura de Fernando Jalil, la expectativa en torno a Gustavo Saadi y las necesidades estratégicas de la Casa Rosada configuran un tablero donde empiezan a cruzarse los proyectos provinciales y nacionales.
El desafío del peronismo será preservar la unidad que le permitió gobernar Catamarca durante los últimos quince años sin que las ambiciones personales o las presiones externas alteren un equilibrio que, hasta ahora, había sido una de sus principales fortalezas. La carrera hacia 2027 ya está en marcha y sus primeros movimientos anticipan que la sucesión será mucho más que una simple disputa de candidaturas.
