En la homilía central por San Cayetano, el arzobispo de Buenos Aires trazó un diagnóstico social que el gobierno prefiere no discutir: salarios licuados, doble y triple empleo, y un endeudamiento de las familias que funciona como parche de un ingreso que no cierra. El mensaje llega en un momento sensible para la relación entre el gobierno y la Iglesia, con la visita de León XIV confirmada para noviembre.
DATA Política y Económica
Miles de personas volvieron a desfilar este viernes por el santuario de San Cayetano, en Liniers, en la jornada que combina devoción popular y termómetro social casi sin proponérselo: la fila para pedir «pan y trabajo» es, todos los años, una de las radiografías más directas de cómo está el bolsillo de los argentinos. Este 7 de agosto, con la homilía central a cargo del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, esa radiografía tuvo, además, un texto que la explicó en criollo.
«El sueldo no alcanza» y hay «hermanos que revuelven la basura para comer», dijo García Cuerva ante la multitud, en una síntesis que no necesitó estadística alguna para describir lo que buena parte del relato oficial insiste en negar o relativizar. «Parece que el bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común», agregó, en una frase que funciona como respuesta directa al discurso del «veranito» financiero y del riesgo país a la baja que el Gobierno usa como métrica de éxito.
EL TRABAJO COMO MERCANCÍA Y LA TRAMPA DEL CRÉDITO
La homilía fue, en rigor, un texto de economía política con vocabulario pastoral. García Cuerva habló de un pueblo «cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres» pero «se dan la buena vida», y afirmó que ese pueblo «no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias».
“»No quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias»”
Esa frase describe, sin nombrarlo, el mecanismo que en DATA venimos señalando desde el año pasado: ante un salario real que no logra recomponerse al ritmo de la desregulación de tarifas y precios, el sistema financiero ofreció crédito de consumo -tarjetas, préstamos personales, compre ahora pague después- como sustituto de un ingreso genuino. La deuda de las familias no es, en ese esquema, una anomalía del comportamiento individual: es la válvula de escape que el propio modelo necesita para sostener el consumo mínimo sin tocar la distribución del ingreso. García Cuerva lo dijo con otras palabras, pero el diagnóstico es el mismo que sostienen economistas heterodoxos como Roberto Feletti cuando advierten sobre el nivel de morosidad y el peso de las cuotas sobre el ingreso disponible de los hogares de menores recursos.
AUMENTOS SILENCIOSOS Y RESPONSABILIDAD DIRIGENCIAL
El arzobispo fue también explícito con la responsabilidad política. «La responsabilidad y la solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie», sostuvo, en una crítica que -sin mencionar nombres- apunta tanto al oficialismo como a una oposición que muchas veces convalida la misma lógica de la grieta antes que la del ingreso.
García Cuerva habló además de una «mirada empañada de prejuicios, nublada de ideologismos que hacen análisis teóricos que luego se estrellan con la realidad cotidiana», en lo que puede leerse como una objeción directa al ordenamiento macroeconómico centrado en el ancla fiscal y cambiaria como fin en sí mismo, sin correlato en el poder adquisitivo. Y describió con precisión el fenómeno de la «resignación pasiva»: «Pasiva y silenciosamente nos resignamos a que las cosas aumenten: el boleto de transporte público, las tarifas, los alquileres, los alimentos». Es, otra vez, el lenguaje pastoral describiendo lo que en términos técnicos se llama pérdida de salario real por licuación tarifaria, un fenómeno que en DATA documentamos nota tras nota desde el inicio del esquema de desregulación de precios relativos.
UN MENSAJE CON DESTINATARIO Y CON TIMING
El momento no es casual. La homilía llega en la antesala de la visita del papa León XIV a la Argentina, confirmada por el Vaticano para noviembre, y en un clima donde la relación entre la Iglesia y el gobierno de Javier Milei viene marcada por tensiones puntuales -desde los cruces del primer año de mandato hasta las críticas cruzadas en torno a la política social y migratoria-. Que el arzobispo de Buenos Aires eleve el tono justo en la fiesta de mayor convocatoria popular del calendario religioso porteño no es un detalle menor: San Cayetano es, históricamente, la liturgia donde la jerarquía eclesiástica mide el humor social de abajo hacia arriba y se lo devuelve al poder político sin intermediarios.
Sobre el cierre de la homilía, García Cuerva recuperó una cita de León XIV -heredada, dijo, de Francisco- sobre la dignidad del trabajo: «Trabajando, nosotros nos hacemos más personas, florece nuestra humanidad, los jóvenes se vuelven adultos». Y agregó la definición que probablemente más incomode en Balcarce 50: «En el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia».
LO QUE LA HOMILÍA NO DICE PERO ESTÁ ATRÁS
Ninguna de las frases de García Cuerva menciona cifras de inflación, de deuda de tarjetas o de caída del salario real en términos formales. No hace falta: la descripción de «gente que revuelve la basura para comer» y de familias que necesitan «dos o más empleos» es, en el lenguaje de la calle, el mismo diagnóstico que documentan los indicadores de pobreza, indigencia y morosidad crediticia que distintos centros de estudios vienen relevando en lo que va del año. La diferencia es que ese diagnóstico, dicho desde un púlpito y frente a una multitud, tiene una capacidad de instalación que ningún informe técnico logra igualar. Y llega, además, en un año electoral, con un gobierno que necesita sostener la narrativa de la recuperación como condición de éxito político hacia octubre.
