La crisis migratoria vivida en estas horas por España, como consecuencia del arribo de miles de ciudadanos marroquíes a nado, a la región de Ceuta, invita a analizar un poco mas profundamente los acontecimientos.

Ceuta no está en España continental, en realidad Ceuta está en Marruecos, es un enclave colonial conquistado por la fuerza que se encuentra en territorio africano, rodeado por la propia Marruecos. Es decir, si no hubiese sido conquistado, no habría migración hacia España, esa gente se hubiese movido dentro de su propio país.
La realidad es que se trata de un territorio colonizado en el siglo XV por Portugal. La incorporación de Ceuta a la soberanía española no responde a un hecho bélico directo de la Corona de Castilla, sino a un complejo y dilatado proceso histórico que comenzó en el siglo XV con la expansión atlántica de Portugal y concluyó en el siglo XVII tras la ruptura de la unión entre ambos reinos ibéricos.
Originalmente consolidada como un puerto comercial clave en el norte de África bajo el dominio de los benimerines, la ciudad cambió de manos el 21 de agosto de 1415, cuando una armada lusa encabezada por el rey Juan I y sus infantes -incluido Enrique el Navegante- la conquistó por sorpresa, marcando formalmente el inicio de la expansión colonial europea en suelo africano.
Cabe aclarar que los benimerines eran de origen bereber, pertenecientes específicamente a la confederación tribal de los zenatas, procedían del norte de África, concretamente de las zonas montañosas del Atlas y de las regiones esteparias del norte del actual Marruecos. Es decir, colonizaron tierras marroquíes.
Este dominio portugués se transformó casi dos siglos después, en 1580, tras una profunda crisis sucesoria que llevó a Felipe II a asumir la corona de Portugal. Durante el período de la Unión Ibérica, que se extendió hasta 1640, Ceuta pasó a depender administrativamente de la monarquía hispánica.
Sin embargo, el punto de inflexión definitivo ocurrió cuando Portugal se sublevó para recuperar su independencia bajo la dinastía de los Braganza.
Mientras el resto de los territorios lusos rompieron con Madrid, Ceuta protagonizó un hecho singular al decidir mantenerse fiel a la Corona de España. La guarnición y la nobleza local optaron por no jurar lealtad al nuevo rey portugués, Juan IV, preservando sus vínculos políticos con la monarquía española. Esta situación de hecho se convirtió en derecho el 13 de febrero de 1668, fecha en la que España y Portugal firmaron el Tratado de Lisboa. Mediante este acuerdo, el rey Alfonso VI reconoció oficialmente la soberanía española sobre la plaza, sellando su integración definitiva en el mapa de España.
Es decir, entre dos países colonialistas decidieron quien se quedaba con territorio que no era propio.
En definitiva, buena parte de los problemas migratorios de Europa, están relacionados con su actividad colonial en África durante los siglos XIV a XIX. Los territorios conquistados para obtener réditos económicos a costa de los pobladores locales, ahora generan un exigencia de esas poblaciones de contar con los beneficios de ser europeos.
España enfrenta ahora un problema grave. Habiendo quedado Gibraltar en manos británicas, la pérdida de control social en Ceuta lo pone en riesgo de no poder usufructuar los beneficios comerciales de manejar el ingreso al Mediterráneo.

