Río Negro apuesta a sus puertos como plataforma exportadora del ciclo energético patagónico

La provincia trabaja en un plan estratégico para reconvertir San Antonio Este y Punta Colorada en terminales de salida para Vaca Muerta, el petróleo y el GNL. Detrás de la reingeniería logística asoma una pregunta de fondo: si la infraestructura portuaria alcanza para transformar la estructura productiva o si vuelve a montar un enclave exportador sobre un territorio con escaso desarrollo industrial propio.

Redacción DATA Política y Económica

 


LA HOJA DE RUTA OFICIAL

El Gobierno de Río Negro puso en marcha una estrategia de mediano y largo plazo para su sistema portuario, con el objetivo declarado de convertir a San Antonio Este y Punta Colorada en los dos nodos centrales del crecimiento energético provincial. La iniciativa, conocida como Visión Portuaria Río Negro 2050, busca articular infraestructura, marco regulatorio y planificación logística ante una demanda que la administración provincial da por segura: el aumento sostenido de la actividad vinculada a Vaca Muerta y a los proyectos energéticos que empiezan a instalarse sobre la costa atlántica.

La secretaria de Energía de Río Negro, Andrea Confini, sostuvo que el sistema portuario provincial deberá adaptarse a la nueva realidad productiva y acompañar el desarrollo de Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el oleoducto que unirá los yacimientos neuquinos con la terminal de exportación de Punta Colorada, en Sierra Grande, además de las iniciativas de gas natural licuado que impulsan YPF, la italiana ENI y Southern Energy en el golfo San Matías.

La funcionaria explicó que San Antonio Este tiene potencial para incorporar nuevas operatorias de tipo energético, entre ellas el ingreso de arenas para fracking —el llamado agente sostén, insumo clave para la técnica de estimulación hidráulica en los pozos no convencionales—, que hoy debe recorrer distancias mayores si entra por otros puertos patagónicos. Reducir ese trayecto impacta de manera directa en el costo logístico de la actividad petrolera en Vaca Muerta.

DOS TERMINALES, DOS FUNCIONES

El esquema que delinea la provincia distingue funciones entre ambos puertos. San Antonio Este, con una trayectoria histórica ligada a la exportación frutícola, deberá sostener ese rol durante la temporada de verano y al mismo tiempo absorber cargas vinculadas a insumos petroleros y, eventualmente, al movimiento asociado al GNL. Confini remarcó que las modificaciones previstas no descuidarán la salida de fruta, un sector que además proyecta expansión con nuevas áreas bajo riego en zonas como Negro Muerto, Guardia Mitre y Colonia Josefa.

Punta Colorada, en cambio, se perfila como la terminal de exportación de mayor escala del esquema energético: recibirá el petróleo de VMOS y aparece asociada a un proyecto de zona franca que el Gobierno provincial impulsa como plataforma para atraer industria orientada a la exportación, con la instalación de un polo petroquímico entre las alternativas que se evalúan. Según trascendió, distintas empresas ya presentaron proyectos de inversión ante la provincia, aunque la funcionaria aclaró que se trata todavía de iniciativas privadas pendientes de acuerdos comerciales y de condiciones de previsibilidad jurídica.

EL NUDO REGULATORIO: LA LEY DE PUERTOS Y LA CONCESIÓN DE SAE

La reconversión portuaria no depende solo de obras físicas. El Ejecutivo rionegrino trabaja en paralelo en la reglamentación de la Ley de Puertos, la herramienta que definirá el nuevo modelo de concesiones y las condiciones de inversión privada exigidas para adaptar las terminales a las demandas del sector hidrocarburífero. Ese proceso regulatorio corre en simultáneo con la preparación del nuevo pliego de licitación para la concesión de San Antonio Este, hoy en manos de la firma Patagonia Norte, cuyo contrato vence a comienzos de 2028.

La secuencia importa: la provincia busca tener definido el marco normativo y el esquema de concesiones antes de que se acelere la curva de inversión que anticipan VMOS y los proyectos de GNL. El objetivo es evitar que la infraestructura portuaria llegue tarde a un ciclo de inversión que, según el propio Gobierno nacional, podría habilitar exportaciones de petróleo desde Río Negro hacia fines de 2026.

LECTURA ESTRUCTURAL: INFRAESTRUCTURA PARA UN MODELO PRIMARIO-EXPORTADOR

El plan portuario rionegrino se inscribe en un patrón que la economía política argentina conoce bien. Cuando la estructura productiva no logra romper la restricción externa por la vía de un entramado industrial diversificado, la respuesta recurrente del sistema es potenciar la capacidad de exportar recursos primarios y energía. Marcelo Diamand, en su momento,  describió ese fenómeno como el desequilibrio estructural de una economía dual, donde un sector primario de alta productividad convive con una industria de baja competitividad internacional: la salida exportadora se concentra en lo que el territorio produce de manera abundante y barata, no en lo que agrega mayor valor.

Vaca Muerta funciona, en ese esquema, como el sector de alta productividad relativa: genera divisas, pero su cadena de arrastre sobre la industria nacional —metalmecánica, bienes de capital, servicios de ingeniería— sigue siendo limitada frente al tamaño del recurso. La obra portuaria en Río Negro reproduce esa lógica en clave logística: se invierte en la capacidad de sacar el petróleo y el gas, no necesariamente en la capacidad de transformarlos o de tender cadenas de proveedores locales con escala suficiente para generar empleo industrial de calidad.

La mención al polo petroquímico y a la zona franca de Punta Colorada matiza ese diagnóstico, porque introduce la posibilidad de agregar valor antes de la exportación. Pero la experiencia argentina con enclaves de recursos naturales —desde la minería hasta los propios yacimientos no convencionales— muestra que esas promesas de industrialización in situ dependen de variables que exceden la obra portuaria: previsibilidad cambiaria, costo de la energía para la industria, régimen fiscal y escala de mercado interno. Sin esas condiciones, la infraestructura terminada puede quedar funcionando, en los hechos, como un corredor de salida de commodities.

LA VENTANA 2026-2027 Y LOS INTERROGANTES ABIERTOS

El propio Gobierno nacional ubicó entre fines de 2026 y comienzos de 2027 la ventana en que Argentina podría comenzar a exportar petróleo desde la costa rionegrina, combinando el ducto de VMOS, capacidad de almacenamiento y salida marítima. Esa referencia temporal es la que explica la urgencia con la que la provincia intenta cerrar el marco regulatorio y la licitación de San Antonio Este antes de que el ciclo de inversión adquiera velocidad plena.

Quedan, sin embargo, preguntas sin resolver que exceden la ingeniería portuaria. La primera es qué proporción de la obra civil, el equipamiento y los servicios asociados a la ampliación de San Antonio Este y Punta Colorada será provista por proveedores argentinos, y bajo qué condiciones de financiamiento y de régimen como el RIGI.

La segunda es si el eventual polo petroquímico de Punta Colorada logra despegar de la etapa de proyectos presentados por privados —la fase en la que Confini ubicó hoy a esas iniciativas— hacia inversiones efectivamente comprometidas. De esas dos respuestas depende, en gran medida, si la reconversión portuaria de Río Negro termina siendo una plataforma de desarrollo regional o, una vez más, la infraestructura de un ciclo exportador que deja beneficios concentrados y derrames acotados.

 


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