MAR DEL PLATA, CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Cada vez que llueve fuerte en Mar del Plata ocurre la misma escena: calles convertidas en ríos, autos flotando, barrios aislados, familias evacuadas y un sistema urbano que colapsa en cuestión de minutos. Ya no se trata de un hecho excepcional. Es la manifestación visible de una crisis estructural incubada durante décadas.

por Luis Gotte


Las advertencias existen. Ingenieros, urbanistas y especialistas vienen señalando desde hace años que la ciudad enfrenta un problema profundo de infraestructura hidráulica, expansión desordenada y ausencia de planificación territorial. Ahora, la posibilidad de un evento climatológico denominado “Súper Niño” con precipitaciones más intensas vuelve a colocar a Mar del Plata frente a una amenaza que puede transformarse en tragedia.

El problema no es únicamente climático. El verdadero drama es que la ciudad fue creciendo sin un proyecto estratégico de largo plazo. Se entubaron arroyos, se impermeabilizaron grandes superficies y se permitió la expansión urbana sobre zonas naturalmente inundables. Mientras tanto, obras fundamentales de drenaje y saneamiento quedaron paralizadas o avanzaron de manera fragmentaria.

La periferia marplatense expone con crudeza ese fracaso. Allí conviven desocupación, pobreza, falta de servicios y vulnerabilidad ambiental. En algunos barrios, según relevamientos recientes, el desempleo supera el 60 %. Muchas familias terminaron asentándose en terrenos bajos y sin factibilidad hidráulica porque el mercado formal de vivienda les cerró las puertas hace años.

Pero la vulnerabilidad ya no afecta solamente a los sectores mas humildes. El crecimiento acelerado de countries y urbanizaciones privadas hacia el sur también comenzó a mostrar sus límites. La ocupación de humedales y áreas de escurrimiento natural, sumada a la impermeabilización del suelo, alteró el comportamiento hídrico de amplias zonas de la ciudad. El agua busca salida donde antes tenía circulación natural, y cuando no la encuentra, arrasa.

Lo más grave es que el diagnóstico del Colegio de Ingenieros de la Provincia de Buenos Ayres está hecho. Este Colegio, más especialistas hidráulicos y distintos sectores académicos vienen advirtiendo sobre el deterioro del sistema pluvial y la necesidad urgente de actualizar el ordenamiento territorial. Sin embargo, la política continúa atrapada en la lógica del parche, la excepción urbanística y la especulación inmobiliaria…y en su propia rosca

El Código de Ordenamiento Territorial, prácticamente obsoleto, lleva años empantanado entre disputas políticas, intereses económicos y negociaciones de corto plazo. La ciudad crece a fuerza de excepciones, loteos y desarrollos desconectados de una planificación integral.

En paralelo, sindicatos, desarrolladores y sectores políticos parecen haber consolidado un modelo donde la construcción funciona más como negocio inmediato que como herramienta para organizar racionalmente el municipio.

Mar del Plata posee recursos humanos, capacidad técnica y potencial económico para convertirse en una gran capital regional del Atlántico Sur. Pero mientras se prioricen la renta inmobiliaria y la improvisación política por encima de la infraestructura, la producción y el ordenamiento urbano, cada tormenta seguirá confirmando lo mismo: que la tragedia no llega por sorpresa, se anuncia. Y vuelve a repetirse.