El Presidente insultó a periodistas parlamentarios al salir del Congreso tras el informe de gestión de su jefe de Gabinete, y repitió la embestida horas después en la Expo EFI. La jornada que la Casa Rosada montó para demostrar unidad terminó dominada por los gritos del mandatario, los cruces en el recinto y la investigación por enriquecimiento ilícito que Adorni no logró despejar.
El Congreso amaneció el miércoles blindado. Decenas de camiones de Gendarmería, custodia presidencial y Policía Federal rodearon el Palacio Legislativo con un cordón de vallas metálicas y agentes tanto de uniforme como de civil que impidieron el acceso a dos cuadras del edificio. Afuera, los jubilados que concentran cada miércoles frente al Congreso gritaron contra quienes atravesaban el vallado, con carteles que pedían la salida de Milei. Adentro, el Gobierno preparó lo que la Agencia NA no dudó en bautizar como «Adornipalooza»: el mayor despliegue de respaldo político que se recuerde para el informe de gestión de un jefe de Gabinete.

El operativo tenía una lógica clara. Manuel Adorni llegó a la Cámara de Diputados a presentar su primer informe de gestión mientras la Justicia lo investiga por enriquecimiento ilícito, luego de que se conociera que no incluyó en su declaración jurada dos propiedades a su nombre y al de su esposa: una en el barrio porteño de Caballito y otra en Exaltación de la Cruz. La exposición fue, antes que cualquier otra cosa, una apuesta política por su supervivencia en el cargo.
El palco como declaración
Javier Milei se paró para recibirlo desde el palco principal cuando Adorni ingresó al recinto. «¡Vamos, Manuel!», lo arengó el mandatario, aplaudiendo con fuerza y sonriendo. Fue la primera vez en la historia que un presidente participó en persona de la presentación de un informe de gestión de su jefe de Gabinete, en un gesto que invirtió la jerarquía institucional: el jefe del Estado convertido en fusible de su propio ministro coordinador.
El núcleo de poder ocupó el palco central: los hermanos Milei, Sandra Pettovello, Luis Caputo y Pablo Quirno. A la izquierda, Juan Bautista Mahiques, Alejandra Monteoliva y, más al fondo a oscuras, el armador conocido como «Lule» Menem. A la derecha, Diego Santilli y Federico Sturzenegger, junto a Patricia Bullrich, jefa del bloque en el Senado, y Santiago Caputo, el asesor presidencial, escondido detrás de las cortinas. La disposición no fue casual: cada cuerpo en ese palco fue un mensaje de cohesión ante la oposición que esperaba abajo con los cuestionamientos preparados. Las Fuerzas del Cielo del Gordo Dan, en tanto, no fueron invitadas al show de Adorni, marginadas por la influencia creciente de Sebastián Pareja, quien organizó una comitiva de diputados, senadores y concejales bonaerenses que atiborró las galerías superiores.
Adorni: del descargo a la ofensiva
Adorni interrumpió el hilo de su informe para responder, punto por punto, las acusaciones por sus viajes, su patrimonio y la inclusión de su esposa en una comitiva oficial. «Sé que muchos quisieran hacer un juicio público a mi persona», advirtió. «No cometí ningún delito y voy a probarlo en la Justicia», afirmó.
La estrategia discursiva fue deliberada: correr el debate del terreno político al judicial. Se detuvo especialmente en el viaje a Estados Unidos de marzo de 2026, uno de los puntos más cuestionados. «Tanto el Ministerio Público Fiscal como el Poder Judicial ya se expidieron sobre este tema. No existió delito ni irregularidad», sostuvo ante el recinto con el gabinete completo en los palcos y la mirada directa del presidente desde el primer piso. Explicó que su esposa viajó como invitada únicamente en el vuelo de salida y regresó luego en un vuelo comercial, y que el Estado no solventó ningún gasto.

Sin embargo, la versión oficial colisionó con datos concretos que circularon en simultáneo. Adorni afirmó que no existía contrato alguno entre la TV Pública y su amigo el periodista Marcelo Grandio, pero la periodista Martina Garbarz documentó seis contratos entre el Estado y la productora Imhouse —vinculada a Grandio— por un total de $97.943.995. Un dato que el jefe de Gabinete no mencionó en su descargo. Tampoco hizo referencia a que la Oficina Anticorrupción prorrogó el vencimiento de su declaración jurada patrimonial del 30 de mayo al 31 de julio de 2026, mediante la Resolución 3/2026, en pleno pico de exposición judicial del funcionario.
En el plano político, Adorni abrió su exposición cargando contra el kirchnerismo, al que definió como el «populista trágico que nos hundió en la decadencia», y acusó a la oposición de haber montado «una operación golpista» para erosionar la gestión. Reconoció, sin embargo, que algunos resultados económicos «todavía no muestran un impacto directo en la vida cotidiana de todos los argentinos» y atribuyó ese desfase a un riesgo país que «se disparó» ante la posibilidad de un triunfo opositor en las elecciones del año pasado, que habría generado una corrida y tasas de interés que «se quintuplicaron».
Pochoclos, tres dedos y gritos desde las bancas
La oposición llegó al recinto con una estrategia acordada: no interrumpir el discurso inicial para no darle al Gobierno la excusa de victimizarse. El plan duró poco. El diputado de Provincias Unidas Esteban Paulón entró al recinto con delantal y una máquina de hacer pochoclos. Le ofreció un paquete a Martín Menem —quien había sido el primero en recomendar «llevar pochoclos» ante la previsible temperatura de la jornada—, pero el riojano no aceptó.
Los primeros cruces se desataron cuando el peronista Aldo Leiva, ex combatiente de Malvinas, se acercó al estrado y le mostró a Adorni un papel que decía: «Todo claro menos las explicaciones». Lilia Lemoine saltó de su banca a los gritos. Leiva se retiró raudo, pero no hacia su banca: se dirigió hacia donde estaba Milei, le mostró el cartel y le hizo el gesto del 3% a Karina. La secretaria general de la Presidencia puso mala cara.
Cuando Adorni se refirió a los «gerentes de la pobreza», el líder de Patria Grande, Juan Grabois, respondió desde su banca con el saludo de tres dedos de «Los Juegos del Hambre», símbolo que algunos sectores asociaron al 3% de coimas que la oposición le endilga a Karina Milei. Cuando el jefe de Gabinete aludió a la alianza con Estados Unidos, estallaron los primeros gritos desde las bancas de la izquierda. «Cómplices del genocidio palestino», le gritó Myriam Bregman a Milei, quien respondió con gestos de que no entendía. «Me escuchas muy bien», le retrucó la diputada del FIT. «Tus ideas mataron a 150 millones de personas, ustedes son los asesinos», gritó el Presidente desde el palco. Los diputados oficialistas respondieron con aplausos y el grito de «presidente, presidente».
El insulto que borró el operativo
El cierre de la jornada en el Congreso lo protagonizó el propio Milei, y fue lo que todos los medios se llevaron como título. Al retirarse tras escuchar el informe de Adorni, el Presidente se cruzó con periodistas parlamentarios que lo esperaban para consultarlo. Ante la pregunta de por qué sostenía a «un funcionario corrupto», respondió sin detenerse: «Los corruptos son ustedes». Ya en la salida, con la voz más alta y el paso firme, remató: «¡Chorros!»
No fue la primera vez en la jornada. Al llegar al Congreso, horas antes, Milei ya había respondido a los periodistas con el mismo insulto. La escena no fue un exabrupto aislado ni quedó circunscripta al Palacio Legislativo.
La ofensiva continuó en la Expo EFI
Horas después, en el cierre de la Expo EFI, Milei volvió a cargar contra los medios de comunicación ante el auditorio de la feria económica y financiera. «Las barbaridades que dicen los medios de comunicación nunca las vi en mi vida. Entiendo que no me quieran, pero por lo menos primero los datos», lanzó. Reclamó que el debate público se diera «con los datos arriba de la mesa» y denunció la existencia de «mentiras y calumnias».
La acumulación de episodios en un solo día trazó una escalada que no fue espontánea. La sala de periodistas de la Casa Rosada permaneció cerrada durante toda la jornada, sin fecha de reapertura a la vista, en el marco de una restricción de acceso que no tiene antecedentes en la historia democrática argentina.
El «Adornipalooza» terminó con un dato que el oficialismo no había previsto: el informe pasó a segundo plano. El título de la jornada lo puso el Presidente insultando a la prensa parlamentaria. Un operativo político de escala inusual —con el gabinete en pleno, el Congreso vallado y militancia en las galerías— se disolvió en dos palabras gritadas en un pasillo y repetidas, con distinta formulación, pocas horas más tarde en un salón de conferencias.
El bloque de preguntas de la oposición cerró la sesión con cuestionamientos sobre jubilaciones, universidades, el escándalo de $LIBRA y los contratos vinculados al entorno de Adorni. El jefe de Gabinete respondió con el mismo guion a lo largo de toda la jornada: todo en manos de la Justicia.
