Cristina en Comodoro Py: denuncia de “mafia judicial” y regreso al centro de la escena

La expresidenta declaró ante el TOF 7 en la causa Cuadernos, rechazó las acusaciones en su contra, denunció una persecución judicial y mediática y volvió a colocarse en el centro del tablero político. En un contexto de fuerte desgaste de la Justicia Federal y con el gobierno de los hermanos Milei bajo presión por el caso $LIBRA, su alegato tuvo un impacto que excedió lo estrictamente judicial.

por Antonio Muñiz


Cristina Fernández de Kirchner volvió este martes a Comodoro Py y convirtió su declaración en un hecho político de primer orden. Ante el Tribunal Oral Federal 7, en el marco de la causa Cuadernos, desplegó un alegato de tono durísimo contra la Justicia Federal, rechazó la validez del expediente y denunció que se trata de una causa armada para condenarla de antemano.

No respondió preguntas. Habló durante cerca de una hora para cuestionar el proceso, atacar a los responsables de la instrucción y reforzar una idea que el kirchnerismo sostiene desde hace años: que detrás de estas causas existe una articulación entre sectores judiciales, políticos y mediáticos para disciplinar al peronismo y, en particular, a su principal figura.

“Mafia pura y dura”

La frase más fuerte de su exposición fue la que utilizó para definir el funcionamiento del proceso: habló de “mafia pura y dura”. Con esa expresión apuntó directamente contra el exjuez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli, a quienes responsabilizó por haber montado una investigación basada, según su versión, en testimonios forzados, presiones sobre imputados y pruebas de dudosa consistencia.

Cristina sostuvo que la causa fue construida para involucrarla sin demostrar de manera fehaciente el circuito material del supuesto pago de sobornos. En ese punto, cuestionó el uso de arrepentidos y remarcó que nunca se probó quién recibió el dinero ni de qué manera ese dinero habría llegado a sus manos. Sobre el final de su intervención dejó otra definición de alto voltaje político: “Con este Poder Judicial me puedo morir presa”.

La impugnación de la causa

El planteo de la expresidenta retomó el argumento central de su defensa: que el expediente Cuadernos carece de solidez probatoria y está atravesado por irregularidades desde su origen. Su abogado, Carlos Beraldi, ya había sostenido ante la Justicia que los cuadernos atribuidos a Oscar Centeno fueron manipulados y que varias declaraciones de arrepentidos fueron obtenidas bajo presión.

Esos planteos, sin embargo, fueron rechazados por el TOF 7, que resolvió avanzar con las indagatorias presenciales desde este 17 de marzo. La medida fue confirmada por el Ministerio Público Fiscal y abrió una nueva etapa del juicio oral en una de las causas de mayor impacto político de los últimos años.

Comodoro Py y el descrédito de la Justicia Federal

Más allá de la situación procesal de Cristina, la audiencia volvió a exponer un problema de fondo: el descrédito de la Justicia Federal ante amplios sectores de la sociedad. La expresidenta buscó inscribir su declaración en ese marco más amplio, al presentar el expediente como parte de un mecanismo de persecución sostenido por tribunales cada vez más cuestionados por su opacidad, sus vínculos con la política y sus tiempos selectivos.

El fiscal Carlos Stornelli, uno de los apuntados por Cristina Fernández de Kirchner.

Horas antes de ingresar al tribunal, ya había marcado ese eje en redes sociales, donde definió la causa como una “farsa procesal” y cuestionó que la presencialidad respondiera más a una necesidad de escenificación mediática que a un requerimiento jurídico real. De esa manera, anticipó el tono político que luego sostendría durante toda su exposición.

Un nuevo round de la persecución judicial y mediática

La jornada dejó la impresión de un nuevo capítulo en la larga disputa entre Cristina Kirchner y Comodoro Py. Para el kirchnerismo, la audiencia confirmó una dinámica ya conocida: causas de fuerte impacto público, cobertura mediática intensa y una orientación judicial que, lejos de limitarse a la investigación, termina operando sobre la disputa política.

La expresidenta reforzó esa lectura al vincular su situación judicial con un intento de desviar la atención sobre la crisis económica y sobre los problemas que hoy golpean al oficialismo. Así, su declaración dejó de ser un simple acto procesal para convertirse en una denuncia política contra el poder judicial, los grandes medios y el Gobierno nacional.

El contexto: Milei bajo presión por el caso $LIBRA

La declaración se produjo, además, en un momento de especial sensibilidad para la Casa Rosada. En su mensaje previo, Cristina había cargado contra Javier Milei por el caso $LIBRA y denunció que no podrán ocultarse las pruebas de una presunta estafa, pese al “cajoneo” judicial. La referencia no fue casual: buscó establecer un contraste entre la velocidad y la dureza con que avanza la Justicia cuando el blanco es el peronismo y la lentitud que, según su visión, exhibe ante denuncias que rozan al oficialismo.

Ese cruce se volvió aún más relevante porque el gobierno de Javier y Karina Milei atraviesa semanas de presión política por las derivaciones del escándalo. En ese contexto, Cristina logró reordenar la escena: llegó a tribunales como acusada, pero se mostró como acusadora de un sistema político-judicial que, según su tesis, persigue a unos mientras protege a otros.

Centralidad política intacta

La audiencia dejó también otro dato central: Cristina conserva una gravitación política que ni las condenas, ni la prisión domiciliaria, ni la ofensiva judicial han conseguido borrar. Su sola presencia en Comodoro Py volvió a ordenar la agenda pública, movilizó a su militancia y generó repercusiones inmediatas dentro y fuera del peronismo.

Ese es, tal vez, el dato político más fuerte del día. Más allá del curso del juicio, la expresidenta consiguió transformar una indagatoria en una escena de reafirmación. Volvió a discutir poder, legitimidad y liderazgo desde el mismo lugar donde sus adversarios buscan reducirla a una condición puramente judicial.


La declaración de Cristina Kirchner en Comodoro Py dejó una doble señal. Por un lado, la causa Cuadernos volvió a exponer la profundidad de la pelea entre la expresidenta y un Poder Judicial cada vez más cuestionado. Por otro, su alegato confirmó que sigue ocupando un lugar central en la política argentina.

La persecución judicial y mediática sumó así un nuevo round. Pero también quedó en evidencia que, frente a una Justicia Federal desprestigiada y a un gobierno nacional golpeado por denuncias de corrupción, Cristina conserva la capacidad de convertir una citación judicial en un acto de centralidad política.