Rovella pidió anular su testimonio por “coacción” y Wagner denunció que lo “quebraron” para hacerlo declarar como arrepentido. En el mismo paquete de nulidades, reapareció el núcleo más sensible del expediente: el origen de la causa y la validez de los cuadernos de Centeno, con fotocopias, declaraciones sobre la supuesta quema de originales, pericias contradictorias y denuncias de adulteraciones.
El juicio oral por la causa Cuadernos volvió a quedar atrapado, por ahora, en una pregunta anterior a cualquier prueba: ¿Cómo se construyó el caso? La reanudación de las audiencias ante el TOF 7 abrió una etapa dominada por nulidades, recusaciones y ataques directos al mecanismo de los “arrepentidos” y a la credibilidad del material que disparó el expediente.
Rovella: “coacción” y pedido para retirar la declaración
El empresario Mario Rovella solicitó que se declare la nulidad de su declaración como imputado colaborador. Su defensor, Pablo Medrano, sostuvo ante el tribunal que el testimonio fue prestado bajo “coacción” y que la voluntad de su cliente fue “doblegada” por la amenaza de quedar detenido.
El planteo se convirtió en una llave: si el TOF 7 habilita revisar la voluntariedad de estos acuerdos, se reabre el debate sobre el peso probatorio de varias confesiones que funcionaron como columna vertebral de la acusación durante la instrucción.

Wagner: el abogado habló de “quiebre” y confesiones para recuperar la libertad
En la misma línea, la defensa de Carlos Wagner —ex presidente de la Cámara Argentina de la Construcción— reforzó la idea de presión procesal para inducir arrepentimientos. Su abogado, Zenón Ceballos, afirmó en audiencia que Wagner “hubiera confesado cualquier cosa” con tal de “gozar de la libertad” y describió un clima de exigencia en la homologación del acuerdo (“querían más… podía haber dicho otra cosa”).
No se trata solo de una frase. La tesis que las defensas intentan instalar es que el expediente se sostuvo, en un tramo decisivo, sobre un sistema de premios y castigos donde la prisión preventiva funcionó como palanca para producir relatos judicialmente útiles.
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Cuadernos, bajo disputa: la “prueba madre” arrastra cuestionamientos por el arranque en fotocopias, la supuesta quema de originales, y pericias con controversias sobre correcciones y posibles intervenciones.
Centeno: fotocopias, quema, defensa, pericias y denuncias de adulteraciones
El disparador: copias y un origen opaco
La causa se vuelve pública a partir de registros atribuidos a Oscar Centeno. Desde el inicio, el expediente cargó con una anomalía difícil de ignorar: la circulación inicial de copias y, en el debate público, la mención a que los originales habrían sido quemados, un punto que alimentó cuestionamientos sobre autenticidad y cadena de custodia.
El episodio del abogado y las dudas sobre el inicio
El ex abogado de Centeno, Norberto Frontini, relató con el paso del tiempo que “fue raro cómo sucedió todo” en el inicio, y sus declaraciones se usan hoy para poner en cuestión el tramo fundacional del caso y el modo en que se consolidó la figura del testigo/arrepentido.
Pericias: autoría y, al mismo tiempo, sospechas
Con el avance de peritajes, el expediente buscó blindarse técnicamente. Pero la discusión se reavivó cuando se conocieron informes y coberturas sobre correcciones, tachaduras y alteraciones en los cuadernos, e incluso la posibilidad de que partes no hubieran sido escritas por Centeno, según reconstrucciones periodísticas sobre pericias entregadas por fuerzas de seguridad.
Denuncias de intervención de terceros
En paralelo, también circulan referencias a una pericia de la UBA difundida por Ámbito que habló de manipulación o escritura atribuible a otras personas, un punto que defensas y sectores críticos presentan como base para sostener hipótesis de adulteración.

Cuando el juicio pone en cuestión su propio origen.
Hasta acá, el TOF 7 no está escuchando solamente chicanas procesales: está recibiendo una acumulación de señales que, vistas en conjunto, empujan una lectura política inevitable. Arrepentidos que denuncian coerción, abogados que describen “quiebres” inducidos, una “prueba madre” atravesada por dudas (copias, correcciones, pericias disputadas) y un expediente que parece discutir su legitimidad antes que los hechos: para un amplio abanico de defensas, ese combo no describe un caso judicial ordinario, sino un capítulo más de lawfare.
En ese encuadre, la dupla Bonadio–Stornelli aparece señalada como el núcleo operativo de una ingeniería que habría combinado presión penal, administración selectiva de testimonios y un fuerte acompañamiento mediático para instalar un relato antes de que hubiera sentencia. La hipótesis que sobrevuela —y que los planteos intentan convertir en argumento jurídico— es que la causa se ordenó con un objetivo final: construir una acusación capaz de apuntar hacia Cristina Fernández de Kirchner, con la lógica de “primero el impacto político, después la prueba”.
Lo que defina el tribunal en esta etapa preliminar va a marcar algo más que el ritmo del debate. Si estas nulidades se desestiman sin abrir una discusión de fondo, el juicio seguirá adelante con un ruido de origen que ya quedó instalado. Si, en cambio, el TOF 7 admite revisar cómo se obtuvieron declaraciones y qué confiabilidad real tiene el material base, Cuadernos puede convertirse en un juicio sobre el método: el de una Justicia Federal que, según denuncian los imputados, no investigó para descubrir una verdad sino para fabricar una imputación políticamente funcional al poder.
REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA
