El exgobernador de San Juan comenzó a organizar una construcción nacional con eje en el interior y una propuesta que combina producción, empleo, equilibrio fiscal y federalismo. Su candidatura todavía debe ganar volumen territorial y electoral, pero puede convertirse en una alternativa de articulación dentro de un peronismo que aún no resolvió su conducción.
Por Antonio Muñiz
La carrera hacia 2027 empieza a mostrar movimientos que exceden a los dirigentes que habitualmente concentran la atención de la política nacional. Sergio Uñac es uno de ellos. El exgobernador de San Juan decidió avanzar en la instalación de su candidatura presidencial y comenzó a dar pasos para construir una referencia política de alcance nacional.
En octubre presentó una serie audiovisual destinada a comunicar su trayectoria y sus ideas. Posteriormente, inauguró oficinas políticas en las inmediaciones del Congreso, con el propósito de organizar equipos técnicos y territoriales.

No se trata solamente de instalar una candidatura. Uñac busca ocupar un espacio político que el peronismo todavía no consiguió ordenar: la representación del interior en una futura conducción nacional. Su propuesta combina experiencia de gestión provincial, federalismo y una agenda económica centrada en la producción y el empleo.
La oportunidad existe, aunque el desafío es considerable. Deberá demostrar que sus vínculos políticos y su trayectoria pueden traducirse en organización, presencia territorial y respaldo electoral.
El interior como identidad política y proyecto nacional
El federalismo es el principal rasgo distintivo de la construcción de Uñac.
Durante años, buena parte de las decisiones políticas del peronismo estuvo concentrada en Buenos Aires y el Área Metropolitana, pese al peso que las provincias tienen en su representación territorial y electoral. Esa distancia entre la conducción política y las realidades del interior constituye un espacio que Uñac intenta ocupar.
Su trayectoria le permite hablar desde la experiencia. Fue intendente, vicegobernador y gobernador de San Juan durante ocho años. Conoce las dificultades de administrar una provincia, negociar recursos con el Estado nacional y sostener actividades productivas que dependen de infraestructura, inversiones y mercados.
Entre las ideas que viene planteando aparece la organización del país en seis regiones —NOA, NEA, Centro, Cuyo, Sur y AMBA— para elaborar estrategias económicas diferenciadas.
El planteo tiene un fundamento atendible. La Argentina presenta realidades productivas muy distintas. Las necesidades de una provincia minera no son las mismas que las de una economía agroindustrial o un distrito con una estructura industrial diversificada. Tampoco coinciden sus demandas de infraestructura, logística, financiamiento y empleo.
Por eso, el federalismo no puede agotarse en la discusión sobre la coparticipación o la distribución de recursos. Tiene que expresarse en una política de desarrollo que integre las economías regionales, promueva inversiones, mejore la infraestructura y amplíe las oportunidades de trabajo.
Una propuesta económica para discutir con Milei
El discurso de Uñac combina equilibrio fiscal, producción, empleo y crecimiento. Esa formulación le permite intentar una oposición que no quede limitada a cuestionar las consecuencias sociales del programa de Javier Milei.
El peronismo necesita reconstruir una propuesta económica capaz de responder a los problemas estructurales del país. La crítica al ajuste es necesaria, pero no alcanza. También debe explicar cómo recuperar la actividad, generar empleo, mejorar los ingresos y sostener una economía estable.
En esa discusión, el federalismo puede aportar una perspectiva concreta.
La minería, la energía, la agroindustria, las economías regionales, la industria y los servicios tecnológicos tienen potencialidades diferentes. Aprovecharlas requiere una estrategia nacional que articule inversiones, infraestructura, financiamiento, formación laboral y acceso a los mercados externos.
La estabilidad macroeconómica es indispensable, pero no constituye por sí misma un programa de desarrollo. El equilibrio fiscal debe formar parte de una política económica que también contemple la inversión, la producción y el empleo.
Uñac puede aportar a ese debate desde su experiencia provincial y su interlocución con gobernadores, productores y sectores empresarios del interior. Sin embargo, todavía tiene que darle contenido programático a esas definiciones. Una propuesta presidencial exige prioridades, instrumentos y objetivos verificables, no solamente un conjunto de principios compartidos.
La relación con Cristina y el resto del peronismo
La ubicación de Uñac dentro del peronismo será determinante para el futuro de su proyecto.
En los últimos tiempos recompuso relaciones con Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner, y mantiene vínculos con dirigentes de peso como Eduardo Wado de Pedro, Gerardo Zamora y Juan Manzur.
Su estrategia parece orientada a conservar interlocución con diferentes sectores, sin quedar subordinado a una conducción determinada. En un peronismo atravesado por disputas de liderazgo, esa posición puede darle margen para construir acuerdos.
Hay sectores que buscan una reorganización política que supere las diferencias entre las principales referencias del espacio y que otorgue mayor protagonismo a los gobernadores y las estructuras provinciales.
Uñac podría encontrar allí un lugar. Pero hay una diferencia importante entre mantener buenas relaciones políticas y contar con el respaldo orgánico de esos espacios. La interlocución no garantiza estructura ni votos.
Su desafío será convertir esos vínculos en acuerdos concretos y en una organización nacional con representación efectiva.
San Juan, la prueba de su liderazgo
La principal fortaleza de Uñac también puede convertirse en su mayor dificultad.
Su trayectoria y su proyección nacional están estrechamente vinculadas con San Juan. Sin embargo, el justicialismo perdió el gobierno provincial en 2023 y actualmente la provincia está gobernada por Marcelo Orrego.
A esa situación se suman las diferencias con José Luis Gioja, una figura histórica del peronismo sanjuanino, cuyo acercamiento a la construcción política de Axel Kicillof expresa las divisiones que todavía atraviesan al justicialismo provincial.
La recuperación de San Juan será, por lo tanto, una prueba política central. Uñac necesita demostrar que conserva capacidad de conducción y que puede reorganizar al peronismo para disputar nuevamente el gobierno provincial.
Su proyección presidencial difícilmente pueda consolidarse si no logra resolver primero la fragmentación de su propio espacio y recuperar protagonismo en el territorio que constituye su principal capital político.
San Juan será mucho más que una referencia de origen. Allí se pondrá a prueba la consistencia de su liderazgo.
Uñac y Kicillof: dos construcciones que pueden complementarse
La aparición de Uñac en la carrera presidencial plantea inevitablemente una comparación con Axel Kicillof.
Ambos representan construcciones diferentes dentro del peronismo. Kicillof cuenta con una base territorial y electoral considerablemente mayor, apoyada en el peso de la provincia de Buenos Aires, y proyecta una identidad política vinculada con el Estado, la industria y las políticas de desarrollo.
Uñac, en cambio, intenta construir desde el interior, con una identidad federal, experiencia de gestión provincial y capacidad de diálogo con dirigentes de distintas regiones.
No necesariamente se trata de proyectos incompatibles.
Kicillof necesita ampliar su representación fuera de Buenos Aires y consolidar una referencia nacional. Uñac debe superar los límites de su actual implantación territorial y demostrar que su propuesta puede convocar a sectores más amplios del electorado.
Una eventual articulación entre ambos podría contribuir a integrar dos dimensiones que el peronismo necesita reunir: el peso político y electoral de Buenos Aires y la representación de las provincias.
También podría abrirse otra posibilidad. Si las diferencias entre los principales sectores del peronismo impiden acordar una candidatura común, Uñac podría convertirse en una referencia de consenso.
No porque hoy tenga necesariamente mayor intención de voto que otros dirigentes, sino por su capacidad potencial para acercar posiciones y ofrecer una alternativa que otorgue mayor protagonismo a las provincias.
Por ahora, esa posibilidad es una hipótesis. Su concreción dependerá de los acuerdos políticos y de la capacidad de Uñac para construir una base propia.
Tres escenarios hacia 2027
La evolución de su proyecto permite considerar tres escenarios.
El primero es el de una candidatura presidencial competitiva. Para alcanzar esa condición deberá consolidar una estructura federal, recuperar protagonismo en San Juan, ampliar su presencia territorial y lograr reconocimiento más allá de los dirigentes políticos.
El segundo es el de una candidatura de articulación. Si no alcanza el respaldo electoral necesario para encabezar una fórmula, puede convertirse en un actor relevante para construir una alternativa de unidad. En ese caso, su capacidad de negociación y sus vínculos con los gobernadores podrían tener un peso político superior a su intención de voto.
El tercero es el de una construcción que no consiga superar sus límites iniciales. Si no resuelve las tensiones internas de San Juan y no amplía su organización nacional, la candidatura podría quedar reducida a una herramienta de posicionamiento, sin capacidad efectiva de disputar la Presidencia.
Todavía es temprano para determinar cuál de estos caminos prevalecerá. Lo cierto es que la construcción ya plantea un interrogante que excede las aspiraciones personales del exgobernador.
El desafío de convertir el federalismo en una propuesta de país
La oportunidad de Sergio Uñac no debería medirse exclusivamente por sus posibilidades de competir en una interna. Su aparición pone en discusión un problema político de fondo: cómo construir una conducción nacional que represente la diversidad territorial y productiva de la Argentina.
El federalismo necesita algo más que una alianza entre gobernadores o una consigna electoral. Requiere una política económica capaz de integrar producción, infraestructura, energía, minería, industria, empleo y desarrollo tecnológico. También necesita una organización política que otorgue a las provincias capacidad real de decisión y participación en la definición de un proyecto nacional.
Ese es el terreno en el que Uñac puede encontrar una identidad propia. Tiene experiencia de gestión, relaciones políticas y una trayectoria que le permiten plantear esa discusión. Lo que todavía debe demostrar es que puede convertir esos activos en una construcción nacional con respaldo social y electoral.
El peronismo enfrenta una tarea que va más allá de resolver quién será su candidato en 2027. Necesita reconstruir una propuesta de país y una conducción capaz de integrar las distintas realidades económicas y territoriales.
La pregunta es si podrá hacerlo sin volver a concentrar las decisiones en los mismos espacios de poder de siempre. En esa discusión, Sergio Uñac intenta abrirse un lugar. Su candidatura todavía está en construcción, pero el problema político que plantea es real y merece ser parte del debate sobre el futuro del peronismo.
