El país de las últimas cosas

«En este país las cosas desaparecen: primero los objetos, después los lugares, y al final la gente.» La frase pertenece a la novela de Paul Auster que da nombre a esta columna. En la Argentina de 2026 esa desaparición ya no es una metáfora literaria: es la crónica de todos los días.

Por Antonio Muñiz, para DATA Política y Económica.


Hay países que se ajustan y países que se desmoronan. La diferencia no está en los números de la macroeconomía, sino en lo que le pasa a la gente mientras esos números se acomodan. En la Argentina del tercer año de Javier Milei, ese desmoronamiento tiene nombre, apellido y una repetición semanal que ya nadie se sorprende de ver: jubilados golpeados en la calle, médicos que renuncian, pymes que bajan la persiana, chicos con discapacidad sin pensión y una curva de suicidios que ni el propio Estado logra explicar sin nombrar la palabra crisis.

Los golpes de todos los miércoles

Desde comienzos de 2024, todos los miércoles sin excepción, un grupo de jubilados se planta frente al Congreso a reclamar lo mismo: que sus haberes dejen de perder contra la inflación y que el PAMI les devuelva la cobertura de medicamentos que les recortó. Y desde entonces, con la misma regularidad, las fuerzas federales los reprimen. La escena se repite con variaciones mínimas: el cordón policial, el camión hidrante, el gas pimienta sobre gente de setenta y ochenta años, los bastones en el piso. En una de esas marchas, un sacerdote que acompaña la protesta desde el inicio, el padre Francisco «Paco» Olveira, fue empujado por la espalda y cayó al suelo frente a las cámaras. No fue la primera vez ni la última. Entre los manifestantes suele estar un grupo que se llama «los doce apóstoles»: ex combatientes de Malvinas que hoy pelean, bastón en mano, contra el mismo Estado que alguna vez los mandó a la guerra.

A la par de esa violencia semanal corre otra, más silenciosa pero no menos dañina: la de las pensiones por discapacidad. Desde que comenzaron las auditorías de la ANDIS, cientos de miles de personas recibieron cartas documento —muchas nunca llegaron a destino— y perdieron un beneficio que, según organizaciones especializadas, hoy apenas cubre a uno de cada cinco argentinos con discapacidad. La pensión perdió 19% de su poder de compra desde diciembre de 2023, mientras el bono que la acompaña sigue congelado. El Presupuesto 2027, recién ingresado al Congreso, reabre el tema: eleva los requisitos de acceso, elimina el arancel único de prestaciones y establece que cualquier changa, por mínima que sea, hace perder el beneficio. La Defensoría del Pueblo bonaerense advirtió esta semana que los artículos 36 a 41 del proyecto modifican de raíz un régimen pensado para proteger a los sectores más vulnerables.

Un hospital pediátrico de referencia mundial, sin plata para sostenerse

El Hospital Garrahan, el centro de pediatría de mayor complejidad del país, atraviesa desde 2025 una crisis que todavía no cerró. Su presupuesto quedó congelado durante dos años consecutivos, lo que en términos reales significó un recorte de más de la mitad de sus recursos. Los residentes de primer año llegaron a cobrar 797 mil pesos por jornadas de sesenta y setenta horas semanales, una cifra por debajo de la línea de pobreza. Renunciaron cerca de doscientos profesionales en año y medio. La huelga que sostuvieron durante semanas terminó con un aumento parcial, pero no con la reposición del presupuesto ni con el freno al éxodo hacia el sector privado. El mismo cuadro se repitió en el Posadas, en el Bonaparte, en el Sommer: despidos, salarios pisados, guardias sin insumos. Un hospital que atiende seiscientas mil consultas al año y recibe entre trescientos y cuatrocientos pacientes por guardia no es un dato de gestión: es la salud de miles de chicos que no tienen otro lugar adónde ir.

Un país que cierra sus fábricas y sus comercios todos los días

Detrás de cada estadística de desempleo hay un local con la persiana baja. Según relevamientos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y de las principales cámaras pyme, en Argentina cierran en promedio entre 30 y 70 empresas por día, según el mes que se mida: más de 26.000 unidades productivas desaparecieron desde fines de 2023, la mayoría con menos de diez empleados. No son sólo números de comercio exterior o de indicadores fabriles: son almacenes de barrio, talleres mecánicos, textiles familiares, frigoríficos que después de noventa años bajan la cortina. En Mar del Plata, los obreros de uno de ellos denunciaron haber sido despedidos sin indemnización y con el aguinaldo impago. La desocupación, que había bajado en 2025, volvió a subir este año, y la informalidad laboral ya alcanza a cuatro de cada diez trabajadores: gente que tiene un empleo, pero ningún derecho.

La motosierra que no distingue entre laboratorios y aulas

El ajuste sobre la ciencia, la educación y la tecnología pública no es un capítulo aparte de esta historia: es su condición de posibilidad. Universidades que perdieron 10.000 docentes desde 2023. Investigadores del CONICET sin fondos para sostener proyectos en marcha. La agencia espacial argentina sin poder convocar a su propio directorio ni renovar contratos con proveedores. El Presupuesto 2027 recorta, además, en términos nominales, los recursos del INTA y del INTI —los organismos que certifican productos, asisten a miles de pymes y desarrollan tecnología para el campo y la industria— y modifica el mecanismo que los financiaba desde hacía años. Según un informe de CEPA, la función presupuestaria de educación y ciencia se contrajo 47,3% en términos reales entre 2023 y 2026. Es una motosierra que no hace ruido: opera en silencio, partida por partida, y sus consecuencias sólo se ven cuando ya es tarde para revertirlas.

El síntoma más extremo

Hay un dato que resume, mejor que ningún otro, lo que le está pasando a la Argentina real. En 2025 se registraron 5.209 suicidios en el país, un 22,6% más que el año anterior, según cifras del Ministerio de Seguridad de la Nación. La tasa trepó a 11,8 cada 100.000 habitantes, la más alta de la historia argentina y por encima del promedio mundial que establece la Organización Mundial de la Salud. Desde 2023 es, además, la principal causa de muerte violenta en el país, por encima de los homicidios y los siniestros viales. Los boletines epidemiológicos muestran un dato particularmente doloroso entre los adultos mayores: a partir de los setenta años, la tasa en varones crece de forma sostenida, en el mismo momento en que las jubilaciones pierden poder adquisitivo y los remedios se vuelven inaccesibles. Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que no se trata de tragedias individuales aisladas, sino de un fenómeno que se explica, en buena medida, por el endeudamiento, la pérdida de empleo y la precarización de la vida cotidiana. La comparación histórica es elocuente: ni siquiera en el estallido de 2001, cuando la tasa llegó a 8,4 cada 100.000 habitantes, la Argentina había alcanzado los niveles actuales.

El país que se va quedando sin cosas

En la novela de Auster, la protagonista recorre una ciudad donde los objetos, los edificios y finalmente las personas van desapareciendo sin que nadie pueda explicar del todo por qué, ni detener el proceso. La Argentina de 2026 no es una ciudad imaginaria ni un relato distópico. Es un país donde el jubilado que antes compraba sus remedios hoy elige entre eso y el pan; donde el médico que se formó en un hospital público hoy renuncia porque no le alcanza para vivir; donde la pyme familiar que resistió cuatro crisis no resiste esta; donde el chico con discapacidad pierde la pensión por una carta que nunca llegó a su casa. Y donde, cada vez con más frecuencia, alguien decide que ya no puede más. Esa es la cuenta que no aparece en ningún informe del Ministerio de Economía, pero que se paga todos los días, en cada barrio del país.

Fuentes: Ministerio de Seguridad de la Nación, Boletín Epidemiológico Nacional, Superintendencia de Riesgos del Trabajo, CEPA, ACIJ, Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, APYME, CAME y relevamientos periodísticos propios y de medios nacionales.

Es un tema sensible: si vos o alguien de tu entorno está atravesando una situación de angustia, hay líneas de escucha disponibles las 24 horas, como el 135 (línea gratuita nacional) o el 0800-345-1435