El impacto de la política económica en los bolsillos de la mayoría de la población condujo a niveles históricos de endeudamiento y morosidad ¿Es un problema entre privados? ¿Qué debe hacer el Estado? ¿Cómo puede afectar a la economía? La experiencia brasilera, la fiesta de las billeteras y el acecho de los buitres.
En el último año 2 millones de personas ingresaron en la categoría de “morosas”. Esto significa que no pueden pagar en término sus deudas. En la Argentina, la cantidad de deudores se incrementa en 5.484 personas por día, lo que coloca al endeudamiento en uno de sus problemas más acuciantes. A junio de 2026 se contabilizaban 5,5 millones de personas con deuda morosa, lo que representa el 27,4 % de los deudores totales del país.
Estos números, que se desprenden delInforme de Morosidad de las Familias confeccionado por el Instituto Argentina Grande en base a datos oficiales, deja al desnudo el programa económico: son cada vez más los argentinos que tienen que endeudarse para hacer frente a necesidades básicas, como comprar comida o afrontar gastos relaciones con la salud.
Pero el endeudamiento no solo afecta la calidad de vida de millones de familias, sino que impacta en la economía con consecuencias impredecibles, tanto por el deterioro social que provoca como por la estabilidad del sistema financiero.
Según el relevamiento, 3,6 millones de personas tienen una línea de crédito considerada irrecuperable, lo que representa 2,3 millones más que hace un año (17 % de los deudores totales del sistema). Esto sucede a pesar de que las deudas son pequeñas: la mitad de esas líneas de crédito, que tienen un atraso de un año o más en sus pagos, son de $ 309.000 o menos.
El fenómeno se extiende también a las provincias que, de la mano del extractivismo y de la exportación de materias primas, son beneficiarias del actual estado de cosas. Neuquén, por ejemplo, es donde los deudores “irrecuperables” más crecieron. A mayo de 2026 representaban el 14,3 % del total. Un año antes, casi la mitad: 7,6 %.
A la hora de analizar las causas de este verdadero drama social, la economista Mercedes D’Alessandro explicó a
que la situación económica, la caída del salario real, la falta de empleo y la imposibilidad de llegar a fin de mes, hizo “que muchas personas y familias tengan que endeudarse para sostener consumos básicos, desde pagar servicios y la medicina prepaga hasta comprar útiles escolares o comida”.
Un coctel explosivo
Las causas del endeudamiento, que alcanza a unos 20 millones de argentinos, son múltiples y se profundizó en los últimos años. “Antes la tarjeta de crédito se usaba para comprar un aire acondicionado, arreglar el auto o irse de vacaciones, pero ahora cada vez más gente ‘tarjetea’ para estirar un poco más el sueldo y para llegar a fin de mes”, señala D’Alessandro.
Lo mismo sucede entre quienes no están bancarizados y “piden prestado”, ya sea a amigos, conocidos o prestamistas de distinto tipo, en un contexto donde se generalizó el uso de las billeteras virtuales y de las denominadas fintechs, empresas que combinan finanzas y tecnología para ofrecer servicios financieros.
De Santis subraya que “el sistema financiero paga a los ahorristas una tasa de interés, que es la que llamamos pasiva, relativamente baja, generalmente igual la inflación, o menor. La tasa de interés activa, que es la que cobra por prestar, es mucho mayor a la inflación. Recordemos que entre las primeras medidas que tomó el gobierno fue la desregulación de los topes a las tasas de interés activas”.
Debido a esto “las tarjetas de crédito no tienen tope de tasa de interés, los bancos tampoco ni las billeteras virtuales; nos encontramos con un escenario que, a priori, se podría catalogar de insólito: hay quienes toman deuda al 20 % y lo prestan al 100 %”.
“Quienes se tuvieron que endeudar -agrega- para sostener cierto nivel de vida, fueron pagando una tasa cada vez más alta, y llegó un momento en que no pudieron pagarla más. Entonces empezamos a ver este fenómeno, que ya se veía un año atrás, un crecimiento constante de la morosidad de las familias endeudadas”.
D’Alessando suma que “con la digitalización llegó un acceso al financiamiento muy fácil, casi sin requisitos y a dos clics de distancia. Hoy entrás a tu aplicación de Mercado Pago y te ofrece un crédito. Pero sin decirte qué tasa te ofrece. De eso te enterás después, cuando mirás la cuenta”.
La economista subraya que “las tasas de las fintechsestán completamente desreguladas; ellos deciden cuánto te cobran en función de consumos, ingresos, movimientos en tu cuenta; podés pagar una tasa del 100 % como una del 700 %. Y nadie te pregunta si podés repagarlo, te lo dan directamente”.
Para De Santis, quien también es director del centro de estudios de la Universidad Nacional de La Plata CIEPYC-UNLP, el proceso de endeudamiento encuentra su génesis con el inicio mismo de la gestión libertaria. La secuencia se inicia con la mega devaluación de diciembre de 2023, sigue con el aumento de los servicios tanto públicos (gas, luz, transporte, etc.) como privados (del alquiler hasta la prepaga) y concluye con el deterioro salarial.
“Esta situación afectó plenamente a la clase media y media-baja. Lo primero que hicieron las familias fue empezar a consumir sus ahorros y a comprimir los gastos; cuando no alcanzó, ingresaron en un proceso de endeudamiento. Es decir, compensaron la caída de los ingresos disponibles tomamando deuda”.
Para el especialista, otro factor importante fue la política antiinflacionaria. “El gobierno manejó la política monetaria comprimiendo la cantidad de dinero, lo que provocó un aumento de la tasa de interés. Así, el costo del endeudamiento empezó a subir, empujando a millones de personas hacia la morosidad”.
Arriba las manos
Para D’Alessandro las billeteras virtuales y las plataformas tienen una gran responsabilidad. “Es cierto que las fintechshan servido para incluir a gente a la que el sistema financiero no le prestaba. Pero ¿a qué costo? A un costo que convierte a esas personas en deudores incobrables”.
Las tasas de interés siderales, cuando no rayanas con la usura, es quizás el aspecto más sensible, y acallado del problema. “Si pedís $ 100.000 prestados a una billetera virtual y después tenés que pagar $ 500.000, pero vivís de changas y tu salario quizás es ese, es imposible. Si hubiera tasas más asequibles, no llegaríamos a estos niveles de endeudamiento”.
Una dimensión de lo que esto significa surge de la mera comparación. “Un plazo fijo o un fondo de común de inversión administrado por un banco, da entre 17 y 20 puntos como máximo. Esto significa que, aún si pudieras ahorrar para sostener tus ingresos, no hay manera de que pagues una tasa de 200%, a menos que te ganes la lotería”, detalla D’Alessandro.
Y advierte: “Ahí hay una gran responsabilidad de las fintechs, que amparándose en que sos un deudor riesgoso te convierte en deudor incobrable. Cuando empieza el gobierno de Milei, Marcos Galperín proclamó que iban a terminar con los intermediarios, con los CEOs de la pobreza, que la Asignación Universal por Hijo se iba a cobrar por Mercado Pago. Pero lo que estaba haciendo era quedarse con un mercado cautivo al que terminó endeudando”.
Para De Santis, “Galperín tiene un negocio con subsidio estatal desde hace 20 años. Se radica fiscalmente en Uruguay para pagar menos impuestos. O sea, que todos los argentinos le pagamos un subsidio”.
Y se pregunta: “¿Qué dice frente a todo esto? Porque buena parte de los endeudados son clientes de Mercado Pago. Dice que está haciendo un favor a la sociedad porque la incluye en el sistema financiero. Claro, le cobra 300, 600 o 1300 % de costo financiero anual con una inflación del 30 %”.
¿Un problema entre privados?
Frente a los crecientes reclamos de una intervención del Estado para acompañar a los deudores, el gobierno nacional argumenta que se trata de un “problema entre privados”. Incluso, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, adujo que una acción estatal produciría un “riesgo moral”, porque quienes sí pagan sufrirían un perjuicio.
“El estado es parte del problema por la situación económica, por las paritarias pisadas, por las caídas salariales, por la expulsión de trabajadores del Estado, que fue masiva, y también tiene responsabilidad en las tasas de interés”, acota D’Alessandro.
En tanto que De Santis recuerda que “el Estado no es neutro, y si repasamos la historia argentina veremos que cuando hubo endeudamiento existió salvataje. Por ejemplo, cuando Videla y Martínez de Hoz incentivaron el endeudamiento en dólares del sector privado, el Estado intervino para salvar a todos esos deudores y les dio un seguro de cambio. Algo parecido ocurrió con la crisis de 2001. El Estado se hizo cargo de las deudas privadas porque los endeudados, muchos de ellos, eran sectores muy poderosos”.
El experto repasa que “el grupo Macri era uno de los principales endeudados en el primer caso. En la crisis de 2001, se le pesificó la deuda al grupo Clarín. Algo similar sucede ahora, cuando el Estado decide blanqueos que benefician a quienes no pagan impuestos. Recordemos el blanqueo de Macri, se blanquearon 120 mil millones de dólares”.
Respecto al riesgo moral, De Santis considera que vale también para el blanqueo. “Si el Estado dice te perdonamos la deuda y no te sancionamos, hay riesgo moral de que la gente decida no pagar más impuestos. Lo mismo que los salvatajes financieros. En este gobierno se blanquearon poco más de 30 mil millones de dólares. En la Argentina hay salvatajes a endeudados y blanqueos a evasores si dentro de esos grupos hay grandes jugadores económicos”.
“Hoy vemos que -concluye- los endeudados son familias pobres o de clase media. Los liberales hablan de riesgo moral, pero apoyaron todos esos blanqueos y salvatajes. Ahora, que no son ellos los que están endeudados ni los que tienen que blanquear, sino los pobres, apelan al riesgo moral”.
Sobrevuelan los buitres
Otro aspecto inquietante es la acción de los cobradores de deuda. Según el Instituto Argentina Grande, en junio pasado 493.893 personas que estaban en mora dejaron de estarlo. De ellos, el 35% tenía deudas con F.F. Privado Green Light y Creditia Fideicomiso Financiero, entidades no bancarias que se dedican a comprar deuda “irrecuperable”.
“Hay gente -explica D’Alessando- que te cuenta que llamaron a su ex jefe, o a su familia; hostigan por todos los medios para lograr que paguen. Es un mecanismo que lo vimos en la crisis de 2008 en los Estados Unidos, con las hipotecas subprime”.
Y agrega: “Cuando se compran esos paquetes de deudores hay un riesgo alto, pero también beneficios enormes. Si logran que pague un deudor que tiene una tasa de interés del 700 % la ganancia es fabulosa. Es un comportamiento ‘tipo fondo buitre’, propio de crisis financieras de este estilo”.
¿Qué hacer?
Las posibilidades de la acción estatal frente a una situación que día a día se vuelve más compleja son múltiples, aunque es necesaria voluntad política para llevarlas a cabo.
“El gobierno puede establecer un tope al financiamiento dirigido a bienes de consumo. Puede buscar regular a la fintechs. Y endurecer el acceso para ser proveedor de crédito no financiero. También establecer que no se puede fijar una tasa de interés que supere el capital. Además, el Banco Central puede poner punitorios por tasas usureras. Incluso hacer una campaña masiva de educación financiera”, enumera D’Alessandro.
La especialista subraya que, paradójicamente para una administración que dice que no corresponde hacer nada, el Banco Nación creó una línea de crédito de refinanciamiento de deuda. “Movieron algo, obviamente para salvar el balance de los bancos, pero mostraron que se puede”, destacó.
D’Alessandro también menciona la experiencia “Desenrola Brasil”, un programa que el presidente de ese país, Inacio Lula Da Silva, puso en marcha en 2023 para hacer frente al endeudamiento, que afectaba a 70 millones de personas, con récord de morosidad.
“Logró desendeudar a 15 millones de personas, poniendo un fondo de garantía del Estado que ni siquiera se llegó a utilizar. Armó además un fondo y dijo yo me voy a sentar a negociar con bancos y fintechs, les voy a pedir que bajen las tasas, que hagan quitas de capital y, si se adhieren al programa, podremos desendeudar a las familias. El Estado se puso como garantía frente a los privados para esto. El programa fue un éxito, y ahora se está ejecutando una segunda parte”, detalló.
“Lo que cuenta -dice De Santis- es a qué interés responde cada medida económica. En la Argentina el Estado ha intervenido mucho en la economía, en general a favor de los ricos y en desmedro de los pobres. Algunas veces intervino a favor de los sectores populares, cosa que ahora no creo que ocurra. La diferencia está en quién es el afectado. Claramente ese es el problema”.
Hay derechos
Ante la pasividad oficial, D’Alessandro destaca que es imprescindible informarse sobre los derechos que asisten a los endeudados. “El derecho a no ser hostigado, a que no te embarguen dinero de tus cuentas, a refinanciar la deuda con distintas opciones de pago, y a leer muy bien las condiciones de los préstamos que aparecen fáciles; también es importante evitar soluciones mágicas, como las apuestas online”.
Desde el punto de vista colectivo, el Congreso alberga unos treinta proyectos de ley referidos al endeudamiento. “Un desafío de la oposición es unificar las distintas iniciativas en dos o tres grandes proyectos que sinteticen las distintas posiciones y que puedan debatirse, porque esto ya dejó de ser un problema de individuos para ser un problema económico que va creciendo cada vez más”, destaca D’Alessando.
Y advierte: “Todas estas personas que hoy están morosas van a aparecer en el Veraz y no van a poder conseguir más crédito; personas que se caen del consumo, y esa caída afecta al almacenero del barrio, y también a las empresas que ya no van a conseguir financiamiento”.
“La mejor solución al problema de la deuda -agrega- es el aumento de los ingresos, pero mirándolo desde la perspectiva de este Banco Central y ministerio de Economía, creo que tienen la obligación de dar una solución y dejar de hacerse los distraídos, porque es un tema que ya sobrepasó las fronteras ideológicas y atraviesa a toda la sociedad”.
Para De Santis, “el Estado tiene que intervenir y regular; fijarle un tope a las tasas de interés que puede cobrar el sector financiero. Cuando el nivel de endeudamiento se transforma en un problema macroeconómico, que es lo que vive la Argentina hoy, con el agravante de que los damnificados son pobres, el Estado tiene que intervenir”.
Aunque el gobierno nacional utiliza la táctica del avestruz, los reclamos de una política para enfrentar el endeudamiento de las familias ganan espacio en las calles y el debate público. Quizás sea la sociedad la única que pueda sacar la cabeza de las autoridades de abajo de la tierra.
