En apenas una semana, el movimiento obrero, el entramado pyme y organizaciones sociales protagonizaron una seguidilla de encuentros en Rosario, Cañuelas y San Martín. Con matices tácticos —desde el plan de lucha del FreSU hasta las mesas de diálogo de la CGT y la CSIRA—, el arco sindical y productivo converge en un mismo diagnóstico y en un mismo destinatario, las políticas económicas del gobierno de Javier Milei.
La consigna que el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) instaló en sus plenarios —“la unidad se amplía y la lucha continúa y se profundiza”— podría leerse hoy como el resumen de un fenómeno que excede a ese espacio en particular. En los últimos días, referentes del movimiento obrero, organizaciones empresarias pyme y movimientos sociales protagonizaron una serie de encuentros en distintos puntos del país que, más allá de sus diferencias de estrategia, dibujan una misma tendencia de fondo: la construcción de un frente amplio y heterogéneo que identifica en las políticas neoliberales del gobierno de Javier Milei a su adversario común.
El ala combativa: el FreSU y su alianza territorial con las pymes
Este lunes 30 de agosto, el FreSU se reunió en San Martín con empresarios pyme locales bajo la consigna de impulsar el trabajo y la producción nacional, en un encuentro precedido por un diálogo con el intendente Fernando Moreira. El frente fundamentó la convocatoria en que las políticas del Gobierno nacional deterioran los salarios, incrementan las tarifas de transporte y servicios públicos, desfinancian la educación y la salud públicas, y habilitan una apertura importadora indiscriminada.

El municipio no es un escenario casual: allí se había gestado semanas atrás una alianza entre sindicalismo y sector pyme que dejó un pliego de reclamos comunes. Entre los puntos centrales figuran la actualización del Salario Mínimo, Vital y Móvil conforme al mandato constitucional —que, según las estimaciones del propio espacio, debería haber alcanzado en julio un valor sensiblemente superior al vigente—, el rechazo a la flexibilización laboral, la reactivación de la obra pública, el crédito productivo, una reforma tributaria progresiva, financiamiento para ciencia y tecnología, sustitución inteligente de importaciones y una Ley Federal de Transporte. Al encuentro confirmó su presencia el Movimiento Productivo 25 de Mayo (MP25M), una de las organizaciones pyme que acompaña al frente sindical desde febrero, cuando ya se había sumado a la previa de una jornada de lucha frente al Congreso.
Esa alianza territorial se inscribe en una hoja de ruta más amplia. El 26 de agosto, el FreSU se movilizó en Rosario para anunciar que impulsará paros regionales por salarios dignos y mejores condiciones laborales, como escalón previo hacia una huelga de alcance nacional antes de que termine 2026, que permita articular los reclamos por el Salario Mínimo, Vital y Móvil, el desendeudamiento de las familias y la defensa de las universidades y la salud pública. El frente —integrado por las dos CTA, gremios de la CGT como la UOM y la Federación Aceitera, ATE, ATEPSA, Vialidad, el sindicato del papel y el molinero— sumó en los últimos meses a los movimientos sociales nucleados en Territorios en Lucha y a Barrios de Pie, y ya movilizó en Córdoba, Santa Fe y Tierra del Fuego. En mayo, junto a unas 140 organizaciones gremiales, había protagonizado una protesta sobre la avenida General Paz por el cierre de más de 25.000 pymes durante la actual gestión.
CGT: de Rosario a Cañuelas, sindicalistas e industriales en la misma mesa
En paralelo, y con una lógica distinta, el sector de la CGT que conduce Jorge Sola impulsa su propio esquema de acercamiento con el empresariado. El 27 de agosto se realizó en Rosario el encuentro “Argentina Produce”, organizado por la central obrera junto con la Unión Industrial Argentina, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Federación Industrial de Santa Fe, con el objetivo declarado de acordar puntos de política productiva que no queden sujetos a los vaivenes electorales y elaborar un documento consensuado para quien gane la elección presidencial de 2027.

Al día siguiente, el 28 de agosto, la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA), que conduce el líder de SMATA, Ricardo Pignanelli, organizó en el predio del gremio de mecánicos en Cañuelas el “Encuentro Industria, Trabajo, Productividad y Calidad de Vida”. La jornada, de cinco paneles, reunió a más de 600 asistentes entre gremialistas, empresarios, académicos, rectores, estudiantes y trabajadores —entre ellos representantes de Mercedes Benz, la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires, la Unión Industrial Argentina, la Fundación Pro Tejer y la Unión Industrial de San Martín—. Del encuentro también participaron el Movimiento Productivo 25 de Mayo y el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que mantuvieron diálogo con referentes académicos y científico-tecnológicos del INTI, la Universidad Nacional de Avellaneda, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Universidad Nacional de San Martín, además de con dirigentes sindicales como el secretario adjunto de SMATA, Mario “Paco” Manrique.
“Queremos lo mismo: que las empresas sigan vigentes, fuertes, que tengan sus ganancias, y que los trabajadores tengan el empleo y que sea formal”, planteó Jorge Sola al describir el sentido de estos encuentros sindical-empresarios.
Un mismo diagnóstico, distintos caminos hacia la unidad de acción
Ambas vías, aunque de signo táctico distinto, parten de un diagnóstico compartido sobre el deterioro del entramado productivo argentino. Datos difundidos este mes indican que, desde diciembre de 2023, cerraron más de 30.600 empresas en el país y se perdieron cerca de 241.000 puestos de trabajo formales en el sector privado, con el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina registrando en abril la duodécima caída mensual consecutiva del empleo asalariado industrial. Ese cuadro de situación es el que empuja tanto al FreSU hacia la calle como a la CGT y a la CSIRA hacia la mesa de negociación.
Lo que emerge de la sucesión de encuentros de las últimas dos semanas no es una organización única ni una conducción centralizada, sino una convergencia de sujetos diversos —centrales sindicales, gremios industriales, cámaras y movimientos pyme, movimientos sociales territoriales, centros de estudios y hasta universidades públicas— que, cada uno desde su propia lógica, coincide en señalar a las políticas neoliberales del Gobierno nacional como la causa común del cierre de empresas, la pérdida de empleo y el deterioro del salario. Ya sea con paros y movilizaciones, con paneles académicos o con documentos consensuados, la unidad en la acción entre el movimiento obrero, las organizaciones pyme y las organizaciones sociales gana terreno como estrategia frente al ajuste.
Lo que viene
El desenlace de ambas estrategias podría cruzarse en los próximos meses. Si los paros regionales que promueve el FreSU logran instalar la amenaza de una huelga nacional antes de fin de año, esa presión adicional podría reforzar —o tensionar— el capital político que la CGT dialoguista y la CSIRA buscan capitalizar con sus mesas de consenso. En cualquier caso, el mapa que empieza a dibujarse muestra a un arco sindical, pyme y social heterogéneo que, por vías distintas, redobla su unidad de acción frente a un mismo adversario común.
AM
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