La Rioja: «La foto que no pudo ser»

El gobernador riojano convocó al peronismo en torno al 50° aniversario del asesinato de monseñor Enrique Angelelli, pero la ausencia de Axel Kicillof y de Sergio Massa terminó de exponer una fragmentación que ninguna épica religiosa alcanza a disimular.

 


Hay una lectura fácil del acto de Punta de los Llanos: un gobernador de una provincia chica organiza un homenaje a un obispo mártir, invita a las principales figuras del espacio y termina con una “foto de familia” incompleta. Hay una lectura más productiva, que es la que interesa a este medio: en un peronismo sin liderazgo unificado, sin PASO definidas y con la centralidad presidencial de 2027 todavía abierta, cualquier convocatoria multitudinaria —religiosa, sindical o partidaria— pasa a operar como territorio de disputa simbólica entre los sectores que compiten por conducir la reconstrucción del espacio.

Ricardo Quintela lo entendió antes que la mayoría. El aniversario del martirio de Enrique Angelelli, asesinado por la última dictadura en 1976, ofrecía un significante difícil de resistir: la figura de un obispo que predicó contra el odio y por los sectores más postergados permite, sin demasiado esfuerzo retórico, tender un puente hacia el presente y convertir la liturgia en discurso político. El gobernador riojano lo usó en ese sentido: llamó a discutir la unidad del movimiento nacional justicialista y a entender que ese gigante, si despierta, es invencible.

 

Quintela llamó a construir la unidad "sin odio ni rencor" para transformar la Argentina - Radio y Televisión Riojana

 

El dato político central, sin embargo, no está en lo que se dijo sino en quién no estuvo. La intención declarada de Quintela —reunir en un mismo escenario a Máximo Kirchner y a Axel Kicillof como gesto de acercamiento entre los dos polos con mayor peso territorial del espacio— no se cumplió. El diputado de La Cámpora viajó a La Rioja, habló de la herencia de Néstor y Cristina Kirchner y llamó a no dejarse fragmentar de cara a 2027. El gobernador bonaerense, en cambio, faltó, mientras sus ministros encabezaban una actividad política propia en Entre Ríos. Sergio Massa tampoco apareció, aunque el Frente Renovador sí tuvo representación de segunda línea.

Esa ausencia no es un detalle protocolar. Kicillof ha ido construyendo, desde la gobernación bonaerense, un perfil presidenciable propio, en tensión creciente con el armado de La Cámpora y con el liderazgo formal que retiene Cristina Fernández de Kirchner al frente del PJ nacional. Compartir escenario con Máximo Kirchner en un acto pensado explícitamente como gesto de unidad hubiera significado, para ese sector, ceder terreno simbólico en un momento en que la lectura interna es la inversa: que es Kicillof quien debe capitalizar el desgaste del gobierno de Javier Milei, no diluirse en una foto de conciliación cuyos términos no controla.

Quintela, mientras tanto, avanza en un rol distinto. Archivó —al menos por ahora— sus propias aspiraciones presidenciales y apuesta a construir legitimidad como mediador: el que junta lo que otros no logran juntar. Es una apuesta de mediano plazo, no exenta de cálculo, que le permite ocupar un lugar de centralidad sin exponerse a la disputa directa por la candidatura. La lista de presentes que sí logró reunir —los presidentes de los bloques de Unión por la Patria en Diputados y Senado, Germán Martínez y José Mayans, además de Cecilia Moreau, Jorge Taiana, Sergio Palazzo y una decena de legisladores de distintas provincias— confirma que el operativo tuvo volumen político real, aunque no alcanzara la centralidad que hubiera dado la presencia de Kicillof.

La intervención de Victoria Tolosa Paz, en representación del espacio identificado como “peronismo federal”, agrega otra pieza al rompecabezas: la apelación a Angelelli y al papa Francisco como referencias morales comunes funciona como intento de construir un discurso de unidad que trascienda las coordenadas de la interna Kirchner-Kicillof, apelando a una tradición nacional-popular con anclaje católico y social que —vale recordarlo— es más amplia y más antigua que cualquiera de las dos tribus en pugna.

“Si nos dividen, si nos balcanizan, si nos parten por las partes, les vamos a hacer muy fácil el trabajo”, advirtió Máximo Kirchner ante militantes riojanos, en un llamado a la unidad que la propia jornada desmintió en los hechos.

Lo que el acto de La Rioja termina mostrando, entonces, no es tanto la fuerza de una convocatoria sino la persistencia de un problema no resuelto: el peronismo llega a mitad de 2026 sin acuerdo sobre quién conduce la oposición al gobierno de Milei ni sobre qué liderazgo puede proyectarse hacia 2027, mientras la producción industrial cae, las fábricas cierran —la postal de la planta de Puma vacía en Sanagasta que describió el propio Máximo Kirchner no es menor— y la salida de esa combinación de ajuste y apertura comercial sigue reclamando una respuesta política que el espacio, por ahora, no logra unificar detrás de un solo nombre.

 

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA

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