Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advierte que la economía argentina enfrenta un escenario cada vez más frágil. Aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran cierta estabilidad, la actividad, el empleo, el consumo y la sustentabilidad financiera revelan tensiones que podrían profundizarse durante el segundo semestre de 2026.
El último informe mensual del CEPA presenta un diagnóstico que pone en discusión uno de los principales argumentos del Gobierno nacional: que la estabilización macroeconómica ya comenzó a traducirse en una recuperación de la economía real.
Por el contrario, el trabajo sostiene que el modelo económico exhibe una fuerte divergencia entre las variables financieras y la producción. Mientras algunos sectores vinculados al agro, las finanzas y la energía mantienen un desempeño positivo, la mayor parte del aparato productivo continúa perdiendo empresas, empleo e inversión.
Uno de los datos más preocupantes es que incluso actividades consideradas «ganadoras», como la minería y el sector energético, no logran generar suficiente empleo. El agro aparece como la única excepción significativa, mientras que la industria, el comercio y la construcción —que concentran casi la mitad del empleo privado registrado— siguen siendo los grandes perdedores del actual esquema económico.
El deterioro también se observa en el entramado empresarial. Desde la asunción de Javier Milei desaparecieron más de 24.000 empleadores, de los cuales el 98% corresponde a pequeñas empresas con menos de 50 trabajadores. El fenómeno refleja el fuerte impacto que la apertura comercial, la caída del consumo y el elevado costo financiero están produciendo sobre las PyMEs.
En paralelo, el empleo registrado continúa retrocediendo. Según el informe, desde diciembre de 2023 se perdieron más de 314.000 puestos de trabajo registrados, de los cuales más de 216.000 corresponden al sector privado. La conflictividad laboral también se duplicó luego de las elecciones, con la industria manufacturera como el sector más afectado.
Otro aspecto destacado es el crecimiento récord de las importaciones de bienes de consumo. Para CEPA, la mayor apertura comercial comienza a desplazar producción nacional y agrava las dificultades de numerosas ramas industriales, especialmente aquellas orientadas al mercado interno.
En materia de ingresos, el estudio cuestiona la medición oficial de la inflación. Sostiene que, utilizando una canasta de consumo actualizada, la inflación acumulada desde el inicio del actual gobierno sería superior a la publicada oficialmente, lo que implica que la pérdida del poder adquisitivo de los salarios también resulta mayor. Según esa metodología, los salarios registrados habrían perdido cerca del 18% de su capacidad de compra desde noviembre de 2023.
En el plano cambiario, el informe advierte que el segundo semestre presenta nuevos desafíos. La apreciación internacional del dólar, la caída de los precios de las principales exportaciones y la desaceleración en la liquidación del agro podrían reducir el ingreso de divisas justo cuando el Gobierno necesita acumular reservas y afrontar importantes compromisos financieros.
CEPA también sostiene que el esquema económico continúa dependiendo del endeudamiento externo y de sucesivas fuentes extraordinarias de financiamiento. El informe enumera desembolsos del FMI, emisiones de deuda, préstamos internacionales y otras medidas excepcionales que permitieron sostener el equilibrio cambiario durante los últimos meses.
Finalmente, el trabajo plantea una advertencia de fondo: buena parte de la demanda de dólares para atesoramiento continúa financiándose con nueva deuda pública y privada. Desde diciembre de 2023, el incremento del endeudamiento prácticamente acompaña el volumen de divisas destinadas a la formación de activos externos, un fenómeno que, según los autores, reproduce desequilibrios ya conocidos en la historia económica argentina.
Una estabilidad todavía frágil
El informe concluye que la desaceleración inflacionaria y la mejora de algunos indicadores financieros no alcanzan para hablar de una recuperación consolidada. La persistencia de la destrucción de empleo, el cierre de PyMEs, la pérdida del poder adquisitivo, el aumento del endeudamiento y la dependencia de financiamiento externo configuran un escenario que obliga a mirar con cautela el segundo semestre.
La principal incógnita ya no parece ser únicamente si la inflación seguirá bajando, sino si el modelo económico será capaz de generar producción, inversión y empleo sin depender crecientemente de la deuda y de mecanismos extraordinarios para sostener el frente cambiario.
