El 9 de Julio dejó al oficialismo hablando en dos idiomas

En Tucumán, Javier Milei se comparó con los patriotas de 1816 y llamó a los gobernadores a una “renovación de votos” con la apertura económica. Horas antes, Victoria Villarruel había publicado una columna que reivindicó la soberanía sobre los recursos frente a los “intereses foráneos”. El mismo escenario, la misma fecha, dos proyectos políticos que ya no fingen coincidir.


El 210° aniversario de la Declaración de la Independencia encontró al oficialismo nacional recitando el mismo episodio histórico para sostener dos relatos distintos. En la vigilia de la Casa Histórica de Tucumán, el presidente Javier Milei definió a su gestión como un “cruce de Los Andes económico” y comparó a su gabinete con “los patriotas de 1816”, dispuestos, según dijo, a “poner su propia vida en juego”. Minutos antes de subir al escenario, la vicepresidenta Victoria Villarruel ya había fijado, en una columna publicada en el diario tucumano La Gaceta, una lectura de la misma efeméride que apunta en sentido contrario: la de una soberanía amenazada por la subordinación del país a “normativas o intereses foráneos”.

Un relato de apertura y un relato de soberanía

El discurso presidencial, emitido por cadena nacional desde la medianoche del 9 de julio, repasó la gestión con eje en tres proyectos que el Gobierno buscará avanzar en el Congreso antes de las elecciones de 2027: la reforma del régimen de zona fría para focalizar subsidios energéticos, la denominada ley de inocencia fiscal y una reforma política que incluye la suspensión de las PASO. A esa lista se sumó el anuncio de una reforma a la Carta Orgánica del Banco Central para prohibir la emisión monetaria destinada a financiar al Tesoro, en línea con un proyecto de “apagón del Estado” inspirado en el shutdown estadounidense. Milei sostuvo que la actual gestión avanza hacia una “segunda independencia” basada en la eliminación de regulaciones, retenciones y tipos de cambio diferenciales, a los que calificó como “injusticias estructurales” heredadas del modelo colonial.

La columna de Villarruel, titulada “Conducir nuestro propio destino: el mandato del 9 de Julio”, no mencionó a Milei ni a su gabinete, pero trazó una agenda de prioridades que funciona como contrapunto. Habló de una “soberanía tecnológica” que exige que la innovación tenga “como norte el desarrollo humano integral, la producción nacional y la creación de fuentes de trabajo digno”, en lo que distintos medios leyeron como una referencia crítica al desembarco de inversores tecnológicos internacionales que impulsa la Casa Rosada. Planteó además que “la defensa y el desarrollo del país no pueden quedar condicionados por la voluntad de ningún interés extranjero”, formulación que se conecta con el rechazo de sectores del propio oficialismo a los ejercicios militares conjuntos con tropas estadounidenses en territorio argentino.

La foto no alcanza para tapar la distancia

El Gobierno buscó, una vez más, construir una imagen de gobernabilidad con los mandatarios provinciales: trece gobernadores y una vicegobernadora se ubicaron en primera fila de la Casa Histórica, en una puesta en escena preparada por Presidencia junto con la gobernación tucumana. La ausencia de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y la falta de toda mención al exjefe de Gabinete Manuel Adorni —renunciado semanas antes en medio de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito— fueron los silencios más comentados del discurso. Villarruel, invitada por el gobernador anfitrión Osvaldo Jaldo y no por la Casa Rosada, viajó en un vuelo distinto al de la comitiva presidencial y fue mantenida, por instrucción del equipo de protocolo de Karina Milei, fuera del cuadro fotográfico oficial con el gabinete.

Podría sostenerse que se trata de una diferencia de estilo, no de proyecto: ambos textos cerraron con la misma consigna, “¡Viva la Patria!”, y ambos funcionarios coincidieron en el mismo escenario después de meses de agendas separadas. Pero la coincidencia formal no equivale a coincidencia política. Villarruel calificó el discurso presidencial como “muy político” apenas terminado el acto, y el patrón de desencuentros —la Catedral Metropolitana el 25 de mayo sin saludo, los actos separados del 20 de junio, los vuelos distintos hacia Tucumán— no es un hecho aislado del 9 de julio, sino la continuidad de una fractura que atraviesa casi toda la gestión.

¿Qué hay detrás de la disputa por 1816?

La pelea por el sentido de la Independencia no es un capítulo protocolar. Expone dos proyectos económicos con matrices distintas: uno que identifica el atraso argentino con la intervención estatal y busca resolverlo por la vía de la apertura comercial, la desregulación y el alineamiento con Washington; otro que, sin romper formalmente con el oficialismo, empieza a construir un discurso de soberanía sobre recursos naturales, tecnología y marco jurídico que roza el vocabulario de la tradición nacional-desarrollista. La disputa se da, además, en un año en que el Gobierno negocia con los bloques aliados la suspensión de las PASO y necesita el respaldo de los gobernadores para las reformas pendientes, mientras las consultoras empiezan a medir a Villarruel como una figura capaz de captar votantes de distintos espacios de cara a 2027.

Lo que el 9 de Julio de 2026 dejó a la vista no es una anécdota de relaciones públicas entre el presidente y su vice, sino un dato político de fondo: la fórmula que gobierna desde 2023 ya no comparte un mismo diagnóstico sobre qué significa la independencia económica del país, y esa distancia se va a volver más visible, no menos, a medida que se acerque la definición de listas y candidaturas para el año próximo.

 


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