La Feria del Libro cerró su edición histórica con récord de visitantes y una carga política que no pudo ignorarse


La 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires terminó el lunes con 1.340.000 asistentes en 19 días, el número más alto en la historia del evento. Dos Premios Nobel en los pasillos, abucheos al secretario de Cultura y una industria editorial que festeja en la Feria lo que sufre en las librerías.


La 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró el lunes 11 de mayo con un balance que pocas veces se consigue: 1.340.000 visitantes en sus 19 días de duración, superando el récord anterior de 1.324.500 personas establecido en 2022. El crecimiento fue del 8% respecto al año anterior, un dato que sorprende —y que los propios organizadores reconocen que no termina de explicarse— en un contexto de contracción generalizada de la industria editorial y de ajuste en el consumo cultural.

Las escritoras argentinas Gabriela Cabezón Cámara (i), Selva Almada (c) y Leila Guerriero participan en la inauguración de la 50ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires este jueves, en Buenos Aires.

La feria se extendió por nueve pabellones y doce salas de eventos en más de 50.000 metros cuadrados de exposición en el predio de La Rural. Participaron 380 stands, 480 expositores nacionales e internacionales y 1.587 sellos editoriales. Más de 13.000 visitantes profesionales del sector —editores, libreros, distribuidores, ilustradores, traductores— asistieron a las jornadas específicas, un 20,89% más que el año anterior.

El fenómeno que nadie termina de explicar

Ezequiel Martínez, director de la Feria, celebró los números desde su despacho con una frase que resume la paradoja del sector: «La Feria del Libro es un oasis y no se explica muy bien por qué. Hay crisis del libro, hay librerías que cierran, y sin embargo en la Feria está este fenómeno: cuando viene un autor, firma libros o presenta su novedad, o en algunas mesas intervienen determinados escritores, eso impulsa mucho la venta de títulos.»

Las ventas fueron en general positivas. Desde el foco de las grandes editoriales hubo ventas un 15% mayores que en 2025. Los títulos más buscados en Planeta incluyeron Montoneros. Una historia visual, de María O’Donnell, y El eternauta, de Héctor Oesterheld y Francisco Solano López —cuya vigencia simbólica no es ajena al clima político del momento—. En Penguin Random House encabezaron las preferencias El buen mal, de Samanta Schweblin; Una casa sola, de Selva Almada, y Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica. Las editoriales medianas y pequeñas sostuvieron las ventas de 2025, o las aumentaron levemente, sobre todo el último fin de semana, gracias al Programa Libro% de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares.

El balance convive, sin embargo, con una señal de alerta que Martínez no elude: «La compra de libros desde el Estado ha bajado drásticamente y eso también afecta mucho al sector.»

Dos Nobel, mil libros y un silbido al gobierno

La edición incluyó la visita de los premios Nobel de Literatura J. M. Coetzee y Mo Yan, quienes participaron de distintas actividades ante una gran convocatoria. También pasaron por los auditorios escritores como Agustina Bazterrica, Claudia Piñeiro, Leonardo Padura y Arturo Pérez-Reverte, mientras que el circuito de firmas registró una demanda inusual en torno a figuras como el gobernador Axel Kicillof y la cantante Oriana Sabatini, signo del corrimiento de los límites del género.


  • En La Rural, entre pasillos repletos y silbidos al poder, la Argentina siguió leyendo.

La apertura, el 23 de abril, marcó el tono de toda la edición. Por primera vez, el diálogo inaugural reunió a referentes de la literatura argentina contemporánea —Leila Guerriero, Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada— con potentes definiciones políticas. Almada señaló que la educación pública está «cada vez más desmantelada» y que los salarios docentes miserables «vulneran el derecho a la lectura de niñas y niños». Guerriero alertó sobre una sociedad «infectada por el desprecio». Cabezón Cámara fue más directa: caracterizó el presente como «necro grotesco».

Antes que ellas habló el secretario de Cultura de la Nación, Leandro Cifelli, cuyo discurso fue recibido con abucheos y protestas. La Feria, una vez más, funcionó como termómetro cultural. Lo resume Martínez con precisión: «La Feria es un gran escenario para el debate de lo que está sucediendo en la cultura y por eso es un lugar al que todos los políticos quieren venir. Es un amplificador de las voces, de las opiniones y del presente. La Feria es una caja de resonancia de la Argentina.»

La edición del aniversario

El carácter de edición histórica se tradujo también en la programación. La feria rindió homenaje a Jorge Luis Borges a 40 años de su muerte mediante un recorrido interactivo, espacios inmersivos y la muestra «Borges Nacional y Universal». Se dedicó un pabellón de 2.750 metros cuadrados a homenajear a la propia Feria, con un lugar central para los libros y autores que no pudieron estar en 1976 por la censura y la represión. El ciclo «50 años de Lecturas y Escrituras en Argentina», coordinado por Verónica Abdala, repasó cómo los libros fueron leídos, ocultados y disputados desde la última dictadura hasta hoy.


  • La Feria del Libro acaba de demostrar algo que el gobierno no termina de procesar, que hay consumos culturales que resisten aun ante una crisis.


Por primera vez, la Pista Central —una carpa de 1.800 metros cuadrados instalada en el centro del predio— fue el escenario de espectáculos musicales en vivo a lo largo de todo el evento. El viernes 8 de mayo, más de dos mil personas asistieron al concierto de la Orquesta de Cuerdas del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

La feria contó con 380 stands y 1.587 sellos editoriales

En el plano educativo, participaron 1.019 docentes, 36.932 estudiantes de 1.442 establecimientos y 452 narradores en el Encuentro Internacional de Narración Oral. Se distribuyeron 60.000 chequelibros de $10.000 a estudiantes de nivel primario y secundario.

El Premio de la Crítica fue otorgado a Un hombre, de Juan José Becerra (Seix Barral). Perú fue el País Invitado de Honor con un stand de 500 metros cuadrados que integró zona infantil, librería, auditorio y plataforma de negocios.

La logística del sector profesional cerró con la distribución de 32.833 kilos de libros dentro del país y 6.972 kilos en el ámbito internacional.

La próxima edición se celebrará entre el 29 de abril y el 17 de mayo de 2027. El país invitado de honor será España.