El establishment construye su Plan B

Los grandes grupos económicos aceleran la búsqueda de una candidatura alternativa para 2027. La caída libre de la imagen presidencial, el caso Adorni y una economía que no repunta activaron una dinámica que el propio gobierno intenta desactivar eliminando las PASO.

 


El miércoles 29 de abril, Javier Milei salía del Congreso insultando periodistas. Segundos antes, su jefe de Gabinete, Guillermo Adorni, había concluido una exposición que no convenció a nadie: no despejó las dudas sobre su crecimiento patrimonial ni logró acorralar a la oposición. La escena condensó el estado de situación del gobierno libertario: un presidente fuera de sí, un funcionario que el propio Gabinete considera irrecuperable pero que Milei sigue bancando, y un establishment que observa el derrumbe con preocupación creciente y comienza a actuar.

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La preocupación del poder económico se puede formular con precisión quirúrgica: si el gobierno no logra mejorar la economía, puede ganar Axel Kicillof. Y no quieren que gane Kicillof. De esa angustia, sencilla en su formulación, pero compleja en sus derivaciones, surge el movimiento que hoy sacude la política argentina.

LA ECONOMÍA QUE NO REPUNTA

El diagnóstico económico que circula en los despachos privados dista del optimismo oficial. La recaudación cayó en términos reales un 7,5% durante el primer trimestre de 2026, lo que obliga a un nuevo recorte de cerca del 2% adicional en gasto corriente y hasta el 20% en gasto de capital para no incumplir las metas fiscales acordadas con el Fondo Monetario Internacional. El esquema se repliega sobre sí mismo: ajusta para sostenerse, pero ese mismo ajuste le quita el aire que necesita para crecer.

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Luis Caputo sostiene en la intimidad, desde hace meses, que hay un problema serio en la economía real. La novedad es que, presionado por el ciclo electoral que se le vino encima, Milei comparte el diagnóstico, aunque públicamente sostenga lo contrario. A fines del año pasado le dijo a uno de sus ministros: «Enero, febrero y marzo van a ser durísimos, pero en abril repunta y reelegimos.» La primera parte de la profecía se cumplió. La segunda sigue en observación.

La reinvención de Jorge Brito, el hijo superpoderoso

El impacto en las encuestas fue inmediato. La desaprobación llegó al 63%, con el 74% de los consultados evaluando que el mercado laboral está en mal estado y el 68% calificando negativamente la economía en general. El caso Adorni le costó diez puntos desde febrero, y una encuestadora que trabaja con el propio gobierno midió la imagen positiva de Milei en 24%, el peor registro de su vida como político.


«El trade off entre actividad e inflación no existe, es falso», repite Milei mientras el FMI proyecta una inflación del 30,4% para 2026, el triple de lo que figura en el presupuesto.


EL CASTING A CIELO ABIERTO

Ante ese cuadro, el poder económico dejó de esperar. La búsqueda de alternativas incluye a Mauricio Macri como candidato de recambio, su reunión con Paolo Rocca, la figura de Jorge Brito —joven presidente del Banco Macro— con Emilio Monzó como arquitecto de un posible armado peronista, y la incógnita de Patricia Bullrich sobre si se va o no del espacio libertario. No se trata de una conspiración con mesa directiva y actas firmadas, sino de una convergencia de intereses alrededor de una certeza compartida.

Patricia Bullrich ocupa un lugar incómodo y central al mismo tiempo. La ex ministra de Seguridad mantiene una imagen que, según algunas mediciones, supera a la del propio Milei —un dato que no pasa inadvertido ni en la Casa Rosada ni en las mesas del establishment donde se diseña el escenario post-libertario. Su perfil duro, su capital electoral propio y su experiencia de gestión la posicionan como una alternativa creíble para un electorado que quiere orden sin caos, ajuste sin escándalo. El problema es que Bullrich no llega a 2027 desde afuera del gobierno: llega desde adentro. Y esa pertenencia es, al mismo tiempo, su fortaleza y su trampa. Si la economía no repunta y el desgaste del oficialismo se profundiza, el naufragio puede arrastrarla. No hay manera de capitanear un barco durante cuatro años y presentarse luego como quien no estuvo a bordo cuando empezó a hacer agua.

Un sector del establishment liderado por el diario La Nación y Paolo Rocca está en guerra abierta contra Milei, al mismo tiempo que busca preservar el modelo económico pro capitalista que el gobierno instaló. La contradicción es ostensible: cuestionan al hombre, no al programa. Quieren el ajuste sin el personaje. Para ese sector la alternativa más concreta hoy es Brito.

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Hay, sin embargo, dos estrategias en tensión. La primera apunta a construir una candidatura de centro externa al peronismo. La segunda, encarnada por Monzó, propone lo contrario: construir desde adentro del PJ, ganar una interna contra Kicillof y presentar esa candidatura como alternativa viable. El debate sigue abierto porque nadie tiene respuesta definitiva a la misma pregunta: qué resulta más eficiente para ganar a Kicillof y, de paso, a Milei.


No es que el establishment esté en contra de Milei. Es algo más simple: creen que, de seguir la economía su trayectoria actual, las posibilidades de que vuelvan a votarlo son bajas.


Lo que está en curso es un casting de candidatos a cielo abierto, no solo de los espacios políticos que quieren presentarse como alternativa, sino del propio poder económico que planifica el después porque estima que este gobierno llegará a las elecciones con la economía desestabilizada. La pregunta que nadie termina de responder es cuál es el plan de estabilización. Ninguno de los campamentos en formación tiene una respuesta clara sobre política cambiaria, salarial o de precios relativos.

EL GOBIERNO RESPONDE: HAY QUE ELIMINAR LAS PASO

Milei no ignora lo que se teje. Y tiene una respuesta: desarmar el mecanismo institucional que haría posible esa articulación. Toda la acción del Gobierno está supeditada a eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, que son indispensables para que el peronismo o una nueva fuerza de centro arme una gran interna que vaya de Brito a Kicillof y termine de evaporar las chances electorales del oficialismo.

La apuesta es táctica pero también revela la debilidad estructural del gobierno: en lugar de reconstruir apoyo social, apuesta a cerrar las vías por las que podría organizarse la alternativa. Es la señal de un gobierno que ya no confía plenamente en su capacidad de seducción electoral y busca condicionar el terreno de juego antes del pitazo inicial.

En ese mismo contexto, Macri se reunió con el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, para intentar articular una mayoría crítica de Milei en el máximo tribunal, que se arriesgue a dictar fallos contra el libertario y contribuya a su debilitamiento político. La jugada tiene múltiples lecturas: disciplinar al gobierno, mostrar músculo propio ante el establishment y construir el capital político necesario para una candidatura presidencial 2027.

UN MILEÍSMO SIN MILEI

La lectura más descarnada del proceso proviene, paradójicamente, de la izquierda. El primer plan del establishment es un «mileísmo sin Milei»: cambiar al personaje, pero dejar en pie toda la obra del gobierno actual. El objetivo es preservar dentro del régimen lo conquistado en dos años de gestión libertaria.

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La descripción no carece de sustento empírico. Lo que el establishment discute no es revertir el ajuste, sino encontrar un piloto que lo gestione con mayor eficiencia institucional y menor costo reputacional. No hay oposición ideológica al programa; hay un cálculo de probabilidades sobre quién puede ejecutarlo con chances reales de ganar. Cuando ese cálculo arrojó que Milei es un riesgo, el abandono fue silencioso pero inequívoco.

Argentina se aproxima al ciclo electoral con una geometría de poder en movimiento: un gobierno que cae en las encuestas, pero controla el aparato del Estado, un establishment en busca de seguros de vida, una oposición peronista dividida entre construir desde adentro o desde afuera, y una centroizquierda que crece en imagen sin terminar de convertir ese capital en estructura territorial. Las piezas están en el centro del tablero. El ajedrez, recién empieza.

 

REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA